Esta noche en la Comunidad explicamos los resultados de un no muy conocido partido: Compasión vs Autoestima.
La Compasión suele ganar siempre por la sencilla razón de que atiende al cerebro social mucho mejor que la autoestima. Cuidado que aquí no se trata de demonizar constructos, sino de entender sus pros y sus contras y obrar en consecuencia.
Pero toda técnica, herramienta, ayuda puede ser desastrosa cuando no se entiende, o pierde rigor. La compasión no es una excepción. De hecho más que compasión «budista» se suele hacer compasión «buenista».
Si en la autoestima se cuela muchas veces el narcisismo, la productividad alocada, los KPI,s empresariales, la envidia, la comparación social, la titulitis, la incapacidad para reconocer el error, el Yo como medida central de la vida o las expectativas locas…
en la compasión se cuela la falta de discernimiento, la igualación por lo bajo, la falsa relatividad, la queja, la indulgencia, la víctima, el dar penita todo el día, la falta de arrojo, el desprecio de la inteligencia, el buenismo, los likes al impostor por «educación», el silencio por miedo y la ausencia de juicio confundida con enjuiciar. Incluso hay quien bajo el paraguas compasivo mete la superioridad moral «espiritual», dietética y social.
No es de extrañar por tanto que aún conociendo sus bondades, éstas no lleguen y la persona no traspase y ande presa de sus propios conceptos. Además como ya ha leído… y ya «sabe» lo que es…
En realidad la compasión es una fuerza, pero no tiene mucho que ver con poner caritas de Buda a aquel que te hurga con un palo en el ojo. Tampoco con creer que todos los problemas del mundo se resuelven con empatía, en un claro delirio de inteligencia emocional en vena. Ni mucho menos con hablarte de ella y de la importancia de la escucha en un curso con 200 personas donde nadie puede escuchar a nadie por la sencilla razón de que son demasiados como para conocerse en profundidad. La compasión lógicamente exige bastante coherencia, que no perfección. Y ésta necesita guía, dado lo complejo que es ser juez y parte.
El hombre medicina siempre me enseñó que la compasión, o el afecto, era con los aspectos más profundos de mí mismo, con ese fueguito que nunca debes dejar de cuidar. A eso atendía y hablaba. Nunca a esa parte de nosotros mismos que hemos vendido, canjeado, traicionado con mentiras, suposiciones, disonancias varias, certezas ilusorias, escuchas corporales magnificadas y creencias con piernas cortas que nos excluyen de la Vida en mayúsculas.
Abrazos,
Pero toda técnica, herramienta, ayuda puede ser desastrosa cuando no se entiende, o pierde rigor. La compasión no es una excepción. De hecho más que compasión «budista» se suele hacer compasión «buenista».
Si en la autoestima se cuela muchas veces el narcisismo, la productividad alocada, los KPI,s empresariales, la envidia, la comparación social, la titulitis, la incapacidad para reconocer el error, el Yo como medida central de la vida o las expectativas locas…
en la compasión se cuela la falta de discernimiento, la igualación por lo bajo, la falsa relatividad, la queja, la indulgencia, la víctima, el dar penita todo el día, la falta de arrojo, el desprecio de la inteligencia, el buenismo, los likes al impostor por «educación», el silencio por miedo y la ausencia de juicio confundida con enjuiciar. Incluso hay quien bajo el paraguas compasivo mete la superioridad moral «espiritual», dietética y social.
No es de extrañar por tanto que aún conociendo sus bondades, éstas no lleguen y la persona no traspase y ande presa de sus propios conceptos. Además como ya ha leído… y ya «sabe» lo que es…
En realidad la compasión es una fuerza, pero no tiene mucho que ver con poner caritas de Buda a aquel que te hurga con un palo en el ojo. Tampoco con creer que todos los problemas del mundo se resuelven con empatía, en un claro delirio de inteligencia emocional en vena. Ni mucho menos con hablarte de ella y de la importancia de la escucha en un curso con 200 personas donde nadie puede escuchar a nadie por la sencilla razón de que son demasiados como para conocerse en profundidad. La compasión lógicamente exige bastante coherencia, que no perfección. Y ésta necesita guía, dado lo complejo que es ser juez y parte.
El hombre medicina siempre me enseñó que la compasión, o el afecto, era con los aspectos más profundos de mí mismo, con ese fueguito que nunca debes dejar de cuidar. A eso atendía y hablaba. Nunca a esa parte de nosotros mismos que hemos vendido, canjeado, traicionado con mentiras, suposiciones, disonancias varias, certezas ilusorias, escuchas corporales magnificadas y creencias con piernas cortas que nos excluyen de la Vida en mayúsculas.
Abrazos,
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