Un lío común en torno a la empatía es relativo al agradecimiento a otros.
En ocasiones descubres que «Juan»era un pajarraco, egoísta, mentiroso, interesado.
Pero resulta que te presentó a «Ana», con la que hoy compartes el hobby de ir a por setas al monte, y por tanto, aunque Juan era un diablillo y ni Ana ni tú queréis saber nada de él, hay que «agradecerle»que te presentara a Ana.
Quizá porque somos una cultura de la culpa, por tradición religiosa durante siglos, confundimos el agradecimiento con la agencia.
En realidad Juan no tenía interés noble, bondadoso o empático en que conocieras a Ana. No pensó en unir a gente buena para que compartieran hobbies, amistades o proyectos laborales. Más bien, como medio psicópata que era, esa acción era parte de su mentira, interés y egoísmo, no de su compasión o valores.
A veces sentimos un peso en agradecer a Juan, que estaba a otra, y olvidamos que a quién desde luego podemos agradecer es a la vida o la serendipia, por la que diablillo mediante hemos conocido a la genial Ana.
No solo eso, que a pesar y no gracias al pajarraco, hemos sobrevivido.
Igual toca primero ser empáticos con uno mismo.
En culturas de la culpa, en una de sus versiones, llamada deontológica, tratamos de ser empáticos hasta con el diablillo, lo que en muchas ocasiones tiene como resultado que te vuelve a traicionar, engatusar y engañar.
O peor aún, en versión moderna de pseudodesarrollo personal se postula que a gente que casi acaba con nuestras vidas tenemos que considerar los traumas que nos provocan como oportunidades. Un poco más, y te deja sin vida, y claro sin oportunidades.
La culpa deontológica es un horror, aunque esté basada en empatía y agradecimientos forzados. La otra culpa, que existe, resulta que es una maravilla y favorece la acción prosocial.
¿Sabías que la culpa depende de la empatía?
Es parte de lo que investigué y publiqué en ciencia de 2015 a 2018.
Dale vueltas a esa mezcla, a veces poco consciente, de agradecimientos, culpas y «oportunidades».
Porque por empatía inconsciente se sufre de lo lindo.
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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