El buenismo es cutre y el malismo es

Hola,

El buenismo está de moda. Dicen que es bastante cutre aunque yo diría que es más bien agobiante. Se da en perfeccionistas extremos a veces, a los que nuestros errores humanos les resultan una tara insuperable.

El buenista se tiñe de esa superioridad moral tan asfixiante, en la que como apóstoles de lo puro, no puedes comer, pasear, respirar de forma natural, sino casi reconvertido en terapia o en integración. De aquí se pasa a la pose, la sonrisa perfecta y la sobre simplificación de los problemas. Basta descansar para superar el stress, basta proponerse ser productivo para no procrastinar y basta meditar para construir desarrollo personal. El buenista acaba siendo un apóstol santificador de todos, con sermones de desarrollo personal cutre en donde tienes que bañarte en agua fría y mirar al sol por las mañanas para ser tú mismo. Todo ello a poder ser con un batido de proteínas como acompañante.

El problema no es que para ridiculizar la bondad genuina, se utilizara peyorativamente el término buenismo. El problema es que los  bondadosos cayeran en las redes de la ingenuidad buenista, despreciando la siempre olvidada inteligencia.

El problema peor es que para combatir ese buenismo cutre aparece algo grotesco. Se trata del malismo.

El del malismo dice que a él no le compete cambiar la sociedad, que eso es de «activistas». Esta carita se nos queda al escuchar eso: 😳. Como si cada uno de nosotros no fuéramos sociedad… El del malismo se jacta y regodea con sus testículos y ovarios. Por mi cojones es su lema central, que es una versión en regresión del orgullo beta, el de porque yo lo valgo, es decir, de antes que se inventar internet casi. Los del malismo se parecen a los médicos del Action T4 quienes juzgados en Nuremberg en 1945 dijeron que «ellos hacían solo medicina», o sea, que les competía cambiar la sociedad.

Los del malismo incluso hablan de evolución humana, evidentemente vista desde las escasas neuronas testiculares y en donde Darwin, sobre todo hablaba de la capacidad super fucker del Sapiens. El otro día escuchando a un buenista ingenuo ser contestado por un malista testicular, el último niega su argumento porque provenía de El País. Yo que estoy suscrito a 4 periódicos (El País, El Mundo, La Vanguardia y Eldiario.es) alucinaba. En los cuatro hay sesgo claro, no solo en uno.

Estas semanas he visto también mucho buenista que impone los valores. Tendrían que leer quiza a Oliver Scott Curry y a Jonathan Haidt primero. Hay varios sistemas morales, no solo uno buenista. Para mí como científico y como meditador, el valor moral de la autoridad obtenido por decreto, familia, sangre o herencia no es válido. Pero puedo entender perfectamente, precisamente por ser científico y meditador, que para otro puede ser uno de sus valores centrales. No quiero ser buenista y pasar a imponerlo, en una suerte de violencia moral, ni malista, y pasar a defenderlo por que lo yo valgo o porque El País es el demonio pero El Mundo es la virgen casta, pura y prístina.

Algo que no me ha sorprendido estas semanas, no esperaba menos, es ver a «analistas» no verbales, expresar sus apegos políticos en nombre de la ciencia y el análisis. Voy a dejar pasar unos meses, donde no se hable de política, para compartir un manifiesto al respecto. De momento dejo dos pequeños detalles:
1. que ante una mentira evidente basada en datos, un «analista» no verbal siga mirando si alguien mueve o no una ceja, es una ejercicio de cinismo e hipocresía.
2. que bajo el paraguas de tu profesión y aparentemente defendiendo un análisis científico (que ninguno hace por cierto), muestres una preferencia personal es otro ejercicio de bajeza y falta de rigor. Lo he visto también en varios marketers llamando marketing de nivel a todo aquello que coincide con sus identidades sociales, de las cuales beben sus apegos. Aunque en el marketing hay mucho malismo: ellos entienden de emociones y de mente humana por sus cojones. Y diles algo claro.

¿Qué hacer ante tanto buenismo y malismo?

Varias cosas.

La primera es aguantar críticas. Unos te dirán equidistante, pseudoneutral y otros te llamarán cultureta, intelectualoide, científico de laboratorio (o rata) y un largo etcétera. En presencia las debato y discuto, sin apegos y sin miedo y sin cortarme un pelo, disfrutando de una posición más flexible que la suya. A diferencia del sesgado, no busco tener razón sino que no la tengamos ninguno, ya que la clasificación buenista-malista ojalá caiga en desuso porque esa dimensión NO puede explicar ni arreglar la realidad. La realidad es compleja, no simplona.

La segunda es con los conceptos. A buenistas y malistas les vendría bien estudiar el cerebro social, que no es ese que tiene que ver con tomar cervezas con amigos, sino con una tendencia fuerte al tribalismo por la cual se nos cuelan miles de sesgos y construimos numerosos apegos. Claro que para ello tendrían que aceptar que igual, quizá, no saben tanto de la mente humana. Que empiecen por Haidt aquí y por aquí con Curry.

La tercera es sin conceptos, meditación auténtica. No me refiero a profesores buenistas de Mindfulness, ni a neurocientíficos de salón en la que te hablan de la amígdala y la procrastinación del individuo en una charlita TED autopromocionada. Tampoco a divulgadores malistas que te dicen que con mérito lo consigues todo y que cada uno tiene lo que se merece. En realidad personas que enseñen meditación auténtica, la vía de estudio de la naturaleza de la mente, escasean.

La cuarta es el refugio. Séneca dijo en uno de sus libros que ante la bajeza moral, tocaba refugiarse en los clásicos, que él encontraba consuelo en Platón y Aristóteles. Los que no los han leído te llamarán cultureta. Por cierto no he escuchado eso del buenismo estoico de moda del que aprendió de libros pero ahora enseña a todos.

En el budismo siempre se nos recomendó la
 toma de refugio así se llama, que surge del razonamiento, y en la que uno confía en el camino y la gente.

Me niego a ser presa de la tribalidad,
a odiar al otro por ser diferente,
a creerme experto en geopolítica internacional y relaciones estratégicas,
a hablar de biología, estadística o psicología porque yo lo valgo,
a ser un médico del Action T4 y no ser sociedad,
a imponer disimuladamente desde mi profesión mis propias identidades apegadas,
a caer en el tribalismo, matar la inteligencia y glorificar las gónadas,
a hablar de psicología evolucionista y ver a Darwin como superfucker,
a identificarme tanto, tanto, tanto que luego soy incapaz de rectificar,
a creer que la bondad es de ingenuos,
a decir a la gente que las emociones están en el cuerpo cuando en realidad están en la sociedad,
a ser apóstol del buenismo disfrazado de perfección y superioridad,
a decirle al individuo que si le va mal es porque no entrena lo suficiente,
a perder el norte por en realidad equivocar el camino,
a despreciar el intelecto porque es de culturetas,
a glorificar las transacciones porque todo es venta y negocio.

Me niego.

Confío en buenistas y malistas, y abrazo su perturbadora pesadilla, de la cual ojalá despierten. Lo hago también para que ellos abracen las mías llegado el caso y puedan ayudarme, en vez de a juzgar, mis numerosos defectos.


Como neurocientífico y meditador desde hace 33 años, el tribalismo no me está permitido.

Abrazos,

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