Hola,
Suelo contar en clase esta anécdota porque, por mucho que insista, hay una tendencia a confundir cultura/conocimiento/información con sabiduría/realización.
Si mal no recuerdo era 2003 ó 2004. Acompañaba a Barcelona a mi hombre medicina. De allí iríamos a una finca en el Montseny a un retiro que él impartía que se llamaba «Los 5 Poderíos», que eran una forma de conexión intensa con diferentes elementos de la naturaleza a través de prácticas nada amables, cero sencillas y bastante hercúleas. Vamos que no era New Age :). No cuento más, estoy recopilando todas esas experiencias en otro formato.
Habíamos quedado en Atocha, la estación de tren y allí se nos unía un psicólogo experto en inteligencia emocional, disciplina que en esos momentos gozaba de buen auge.
Nota: cuando hablo del psicólogo y el hombre medicina me refiero a esas personas en concreto, no generalizo a la categoría. Uso este ejemplo real para ilustrar la confusión citada arriba, no para demonizar o ensalzar disciplinas porque sí. De hecho no me da ninguna vergüenza decir que el chamanismo ha sido y es, una de mis escuelas de vida y que la psicología es una ciencia de la mente, otra escuela, con mucho mérito, la cual tengo el privilegio de enseñar en la universidad en diversas asignaturas de ese Grado. No obstante uso el término hombre medicina para distanciarme un tanto del concepto banal del chamán del que hablaré en otro momento en concreto incluyendo a Rajoy y Errejón (sí, sí, dos políticos) para ilustrarlo.
Volvemos a Atocha. Quedamos dos horas antes y en la cafetería, el psicólogo hablaba, el hombre medicina callaba y yo escuchaba. El tema de «conversación» eran las emociones. Con lógica el experto no veía que partía de un esquema cultural muy preciso. Términos como emoción, autoestima, inteligencia o personalidad (que me encantan) no son tan universales como parecen. El caso es que el hombre medicina estaba inmerso en el ahora (te aseguro que no es el ahora de «estar presente» habitual, no puedo explicar aquí mucho más). Mi experiencia compartiendo vivencias con el mundo indígena (no en cursos de fin de semana con pizarra) me ha enseñado que con ellos es mejor no hablar mucho al inicio. Como los animales, primero te huelen, luego te acaban mirando, luego hablan del sol o las nubes, luego te ofrecen comida y cuando aparece la oportunidad… donde hay una enorme grieta visible te dan la colleja: sin aviso, sin pedir permiso, sin piedad pero con mucho amor (amor que al principio no ves).
El caso es que el compañero experto no paraba de hablar…, el hombre medicina no tenía cultura de esos términos psicológicos, aparentemente científicos, pero miraba sereno y humilde.
Pasaron más de 1h y 45 min y nos acercamos a la cola. Por megafonía se anunció un retraso de 3.5 horas del tren por avería. El experto, visiblemente enojado, algo nervioso, impaciente, contrariado porque el plan era diferente comentó: «¿Y ahora qué hacemos?»
El hombre medicina contestó, levantando la barbilla, con media sonrisa (en lo que aquí llamaríamos chulería pero era más bien una pose provocativa hacia esa grieta): «Mmm… deliciosa espera. 3.5 horas para practicar y Ser».
Fue la primera de muchísimas collejas. El que empezó hablando y hablando de lo que sabía, acabo silencioso al final del intenso retiro. No es lo mismo hablar y saber de «emociones» que vivirlas debajo de una cascada helada o cuando tenías que luchar contra el sueño toda una noche tocando un tambor y cuidando un fuego.
Confundimos cultura/conocimiento/información con sabiduría/realización.
Victor Hugo Morales gritó «Gol, gol, gol, barrilete cósmico, de qué planeta viniste?», cultura/conocimiento/información.
Pero el gol lo metió Maradona, destreza práctica no conocimiento. Sabiduría/realización.
Por inmensa, preciosa, necesaria, infinita que sea la cultura/conocimiento/información…
hay cosas, como el buen vivir que precisan de sabiduría/realización.
De hecho en algunas escuelas antiguas de budismo se venera antes al realizado, no al culto. Solo el primero puede transmitir la esencia y naturaleza de la mente humana.
Dale vueltas a esto.
Cuánto me ayudaron tantas collejas amorosas.
Si mal no recuerdo era 2003 ó 2004. Acompañaba a Barcelona a mi hombre medicina. De allí iríamos a una finca en el Montseny a un retiro que él impartía que se llamaba «Los 5 Poderíos», que eran una forma de conexión intensa con diferentes elementos de la naturaleza a través de prácticas nada amables, cero sencillas y bastante hercúleas. Vamos que no era New Age :). No cuento más, estoy recopilando todas esas experiencias en otro formato.
Habíamos quedado en Atocha, la estación de tren y allí se nos unía un psicólogo experto en inteligencia emocional, disciplina que en esos momentos gozaba de buen auge.
Nota: cuando hablo del psicólogo y el hombre medicina me refiero a esas personas en concreto, no generalizo a la categoría. Uso este ejemplo real para ilustrar la confusión citada arriba, no para demonizar o ensalzar disciplinas porque sí. De hecho no me da ninguna vergüenza decir que el chamanismo ha sido y es, una de mis escuelas de vida y que la psicología es una ciencia de la mente, otra escuela, con mucho mérito, la cual tengo el privilegio de enseñar en la universidad en diversas asignaturas de ese Grado. No obstante uso el término hombre medicina para distanciarme un tanto del concepto banal del chamán del que hablaré en otro momento en concreto incluyendo a Rajoy y Errejón (sí, sí, dos políticos) para ilustrarlo.
Volvemos a Atocha. Quedamos dos horas antes y en la cafetería, el psicólogo hablaba, el hombre medicina callaba y yo escuchaba. El tema de «conversación» eran las emociones. Con lógica el experto no veía que partía de un esquema cultural muy preciso. Términos como emoción, autoestima, inteligencia o personalidad (que me encantan) no son tan universales como parecen. El caso es que el hombre medicina estaba inmerso en el ahora (te aseguro que no es el ahora de «estar presente» habitual, no puedo explicar aquí mucho más). Mi experiencia compartiendo vivencias con el mundo indígena (no en cursos de fin de semana con pizarra) me ha enseñado que con ellos es mejor no hablar mucho al inicio. Como los animales, primero te huelen, luego te acaban mirando, luego hablan del sol o las nubes, luego te ofrecen comida y cuando aparece la oportunidad… donde hay una enorme grieta visible te dan la colleja: sin aviso, sin pedir permiso, sin piedad pero con mucho amor (amor que al principio no ves).
El caso es que el compañero experto no paraba de hablar…, el hombre medicina no tenía cultura de esos términos psicológicos, aparentemente científicos, pero miraba sereno y humilde.
Pasaron más de 1h y 45 min y nos acercamos a la cola. Por megafonía se anunció un retraso de 3.5 horas del tren por avería. El experto, visiblemente enojado, algo nervioso, impaciente, contrariado porque el plan era diferente comentó: «¿Y ahora qué hacemos?»
El hombre medicina contestó, levantando la barbilla, con media sonrisa (en lo que aquí llamaríamos chulería pero era más bien una pose provocativa hacia esa grieta): «Mmm… deliciosa espera. 3.5 horas para practicar y Ser».
Fue la primera de muchísimas collejas. El que empezó hablando y hablando de lo que sabía, acabo silencioso al final del intenso retiro. No es lo mismo hablar y saber de «emociones» que vivirlas debajo de una cascada helada o cuando tenías que luchar contra el sueño toda una noche tocando un tambor y cuidando un fuego.
Confundimos cultura/conocimiento/información con sabiduría/realización.
Victor Hugo Morales gritó «Gol, gol, gol, barrilete cósmico, de qué planeta viniste?», cultura/conocimiento/información.
Pero el gol lo metió Maradona, destreza práctica no conocimiento. Sabiduría/realización.
Por inmensa, preciosa, necesaria, infinita que sea la cultura/conocimiento/información…
hay cosas, como el buen vivir que precisan de sabiduría/realización.
De hecho en algunas escuelas antiguas de budismo se venera antes al realizado, no al culto. Solo el primero puede transmitir la esencia y naturaleza de la mente humana.
Dale vueltas a esto.
Cuánto me ayudaron tantas collejas amorosas.
Abrazos,
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