Hoy todo el mundo es comunista o fascista. ¡No hay medias tintas! Bueno también puedes tener un trauma, seas quien seas.
Cuando era pequeño mi madre me contaba cosas que había vivido que me parecían extremadamente duras. De hecho tengo la sensación de que esa palabra se utilizaba para hablar de guerra, violencia grave, abuso desmedido, catástrofes, torturas, hambrunas, vejaciones constantes o similar.
Aquellas historias que escuché no hablaban de la vida normal, sino de asuntos excepcionales, de los que hay un antes y un después, y en donde cierta huella queda persistente en el tiempo.
Mi madre narraba muy bien cómo algunos tiraron hacia delante y otros se quedaron «ahí». No sabía explicar porque salieron unos, «íbamos haciendo» decía, y a los otros solo decía «qué pena, no pudieron». En ella no había atisbo de juicio para los que no pudieron, ni de super mentalidad para los que sí.
Leñe, ¡¡qué ecuanimidad materna ahora que lo veo!!
Cuando escucho ahora la palabra trauma me vincula a matices muy distintos. No parece un evento límite, de esos que superaban la capacidad de absorber un impacto, sino una pseudo palabra mágica que explica el malestar actual.
El trauma que llevas dentro sería el título del libro – película que refleja lo que ahora vemos. Pero cuando algo lo explica todo, no explica nada.
Si el trauma es la base de todo, como cita un conocido doctor del trauma en sus conferencias, el contraste desaparece. No hay nada que falsar…, mala noticia entonces.
Pasamos a explicar la conducta «desde atrás», nunca desde la acción o decisión «presente» o repetición de hábitos.
Como explicaba en Mente Salvaje, la persona busca una pepita de oro, en este caso en el pasado, y tras hallarla, «toda su vida fluye» una vez que ha quitado ese muro, velo, tope, freno que limitaba su enorme potencial y fluidez.
Como cuento de hadas no está mal esta pepita de oro.
El problema es la horda de especialistas que directamente aprueban y compran el discurso general, no digamos ya en terapias fuera del esperable rigor y evidencia.
Hay quien le pone nombre más «cool»: busca el «bioshock» porque toda enfermedad y patología comienza con emociones «no digeridas».
Ni los hermanos Grimm…
Evidentemente la solución pasa, para esta neo visión, por «ir al cuerpo».
Sobra decir que al cuerpo no se va. El cuerpo tampoco se entrena, siento decirlo. Y el cuerpo no tiene información que la mente calla, por mucho que sea titular clásico que saca likes.
¡La mente está corporizada!, no hay separación, no conviene disociar y mucho menos hacerlo en nombre de la psicología, la neurociencia o la espiritualidad.
¡¡Hay que pararse a discernir, no a meditar!!
Que NO todo lo decimos con palabras es evidente, pero de ahí a que los gestos, expresiones faciales o tensiones tengan información oculta que la mente no quiere ver va un abismo. Esta es la tesis de Van de Kolk o Levine.
Conocí sus métodos in situ, en los años más duros de mi vida, buscando, por si las moscas, si lo corporal tenía «mensajes», «bioshocks» y «traumas» que explicaran mi sintomatología.
Evidentemente el sistema nervioso puede desregularse, pero NO todo malestar emocional o corporal guarda un mensaje oculto, ni mucho menos traumático.
Regular lo corporal, como decía Levine, es bienestar. Pero el «bienestar» emerge más bien en la experiencia unificada, no fragmentada. No está en lo corporal o lo mental, está en darse cuenta de esa separación ilusoria.
Dudé mucho de estas visiones corporizadas del trauma, porque tuve miles de alumnos en artes marciales internas y Ritsu Zen (meditación de pie, la madre de todas las posturas), incluso bailarines profesionales del Conservatorio a los que enseñé durante años. El «desbloqueo» y preciosa presencia del cuerpo rara vez hablaba de traumas.
Lo que sí observé que ocurría es que a veces a fuerza de mirar, de insistir,
se aumentaba la vigilancia, más que la observación.
Sí, hay mucho neurótico con su bienestar corporal liberador. Y «mientras, los niños fuera y empieza a llover…»
Ahora la vida cotidiana ya es trauma. No hay dolor ni altibajos, solo bio-shocks. Y en una existencia psicopatologizada, toca ir a terapia.
En realidad no todo dolor es trauma ni toda dificultad es una herida ni una reacción intensa emocional de esas de tirarse los trastos a la cabeza con cuatro palabros implica daño estructural per se.
Los altamente sensibles* cooperan con el trauma. Dos etiquetas en una. Con gente que les sostiene sus emociones una y otra vez… porque si siento significa que es cierto, lo que es un atentado a cómo el cerebro construye la emoción.
Para liberarlo puedo incluso ir al conocido EMDR, que tiene igual evidencia clínica que cualquier otra terapia ante el trauma*, pero que explica con marketing que ello se debe a un movimiento de los ojos interhemisférico. Si uno está «roto» por cualquier cosa de la vida, también cualquier intervención ya es un «ritual reparador».
¿A quién perjudicamos con las generalizaciones de este tipo?
A aquellos que sufren de verdad impactos que superan el umbral de casi cualquier humano.
A aquellos que en nombre de la sanación y mejora, van debilitándose y fragilizándose con el paso del tiempo.
A todos aquellos que van creyendo que todo esto es un asunto individual, de tu propio cuerpo, de una mente que calla en un cuerpo que pide gritar. Vaya con la separación en uno mismo y con los demás.
¿Por qué hablo de todo esto hoy?
Quizá porque hablé con mi madre estos días y emergieron recuerdos.
Porque hoy hablé con un pianista cubano sobre danza y vienen recuerdos.
Porque en la universidad he dirigido un par de TFM´s sobre revisiones sistemáticas de algunas de las terapias citadas y ahora los defienden.
Te comparto algunas referencias
Wright SL, Karyotaki E, Cuijpers P, et al. EMDR v. other psychological therapies for PTSD: a systematic review and individual participant data meta-analysis. Psychological Medicine. 2024;54(8):1580-1588.
Kip, A., Ritter, L., Hoppen, T. H., Papola, D., Ostuzzi, G., Barbui, C., & Morina, N. (2025). Psychological interventions for adult posttraumatic stress disorder: A systematic review of published meta-analyses. Journal of Anxiety Disorders, 103017.
Scheeringa, M. S. (2025). Evaluating evidence behind popular trauma narratives: neurobiological and treatment claims in The Body Keeps the Score. BJPsych Bulletin, 1-3.
Jauk, E., Knödler, M., Frenzel, J., & Kanske, P. (2023). Do highly sensitive persons display hypersensitive narcissism? Similarities and differences in the nomological networks of sensory processing sensitivity and vulnerable narcissism. Journal of Clinical Psychology, 79(1), 228-254.
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
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