Buenos días ,
Me ha invitado el Gobierno de Canarias próximamente a una conferencia dentro de un congreso educativo sobre la conocida LOMLOE y el tema es… emociones. En efecto, en la educación. Me han pedido mostrar las emociones desde una perspectiva amplia, actual, científica y he respondido que adelante pero que eso implica cuestionar mitos y certezas que se dan por hecho.
Vamos a ver cómo sale… porque una cosa es que las leyes educativas de muchos estados quieran dar voz a las emociones, algo relevante y útil, y otra es que se haga desde posturas en contra de la memoria, la razón, o la diversidad cultural.
Escucharás una y otra vez que las emociones son claves dentro de un proceso de aprendizaje. Y me habrás escuchado aquí varias veces que quizá no tanto.
A veces el tema cala tanto que se usa este ejemplo:
«¿a qué te acuerdas de dónde estabas el 11 de septiembre de 2001? Fíjate si son importantes las emociones que te acuerdas de dónde estabas y no te acuerdas dónde estabas hace un mes».
Tiene trampa y te la comparto.
El 11 de septiembre de 2001, ¿dónde estabas tú? Yo estaba en Pirineos, en un congreso de acupuntura con un catedrático de la Univ de Pekín. Era el profesor de Qi Gong y Tai Chi en las mañanas, el traductor de inglés de algún ponente y además como había estudiado MTC en una escuela me interesaba conocer a He Shuhai el catedrático.
Ahora bien, por impactante que fuera el desgraciado atentado, SÍ recuerdo dónde estaba pero NO RECUERDO MEJOR lo que aprendí. Es decir, que si He Shuhai nos enseñó que la punción de 4IG + 11IG (dos puntos de acupuntura) bajaba la fiebre, el recuerdo de esa lección NO se graba mejor por el 11-Sep en absoluto.
¿Por qué?
Porque en todo caso grabas mejor una memoria episódica (dónde estabas tú y qué hacías) pero NUNCA una memoria semántica (es decir, datos, comprensión, conocimiento). Si sacas un 10 en un examen de historia, de lengua, de matemáticas, de biología o de leyes no es por tu memoria episódica (da igual para esos exámenes si lo estudiaste en casa o en Santorini de vacaciones) sino por la memoria semántica.
Este ejemplo y muchos más ilustran el error común de separar procesos y habilidades mentales alegremente. Resulta que la emoción no está separada de la razón, ni tienen conflicto alguno, salvo en separatistas del cerebro claro. De hecho ambas están al servicio del cerebro social. Emoción, razón y lo social no son exactamente iguales, pero solapan tanto tanto que la exclusión de una en favor de la otra no tiene sentido.
Es parecido a dividir entre habilidades «blandas» y «duras», para decir que no se trabajan en los colegios. En mi niñez en el colegio sí que me enseñaron ambas: la empatía y el respeto por los demás no es tan nuevo. También se usa lo de blandas y duras para suponer después que los inteligentes no se emocionan o no se regulan y el resto sí. Por cierto es justo lo contrario. No lo dice Jose, sino los metaanálisis y estudios. El primero ¡¡data de los años 30!!
En el marketing sucede algo parecido. La obsesión por las emociones. Probablemente porque al ser inestables e intensas ejercen un halo específico de admiración. Quizá porque permiten no pensar mucho y apelar a las pasiones sin más. Probablemente porque mi querida atención es demasiado aburrida como para ponerla en el centro de la vida consciente (lo que defiende el budismo sabiamente desde hace 2500 años por cierto). O puede porque así despreciamos una vez más la razón o la inteligencia, y cualquier mediocridad es aceptada con tal de ser uno mismo y esas cosas y porque «se aprende de todas las opiniones». Hombre, aprender aprender, de muy pocas la verdad.
Las emociones no venden tanto. El término viene ya girado. En todo caso sería «las emociones compran», en tanto se alude a lo que yo siento y me lleva a comprar. Que el vendedor se emocione o no, es secundario a si yo lo hago.
El caso es que como la vida afortunadamente no va de frases de lunes y como lo complejo más que difícil es apasionante, las emociones así a palo seco, no son la panacea ni la solución.
En las famosísimas campañas de la DGT para reducir la mortalidad de los accidentes de tráfico, fundamentalmente por exceso de alcohol y/o velocidad se hizo «marketing emocional»… El resultado fue un desastre.
Se intentó con emociones «negativas» tipo hospital de parapléjicos de Toledo, secuelas de accidentes, familias rotas. No modificó en absoluto el comportamiento de los conductores.
Se probó con emociones «positivas» tipo el genio de Stevie Wonder, que sabes que es ciego, conduciendo un descapotable y cantando «Don´t drive drunk». No modificó en absoluto el comportamiento de los conductores.
En la Comunidad de Madrid sucedió en tiempos del COVID algo parecido: «reunión familiar sin protección = enterrar a tu abuela» era el lema con fotos de ataúdes o de tu abuela. Emoción, emoción, emoción. De afecto por la abuela y miedo por su pérdida, o ambas. NO funcionó en absoluto. Es más los jóvenes se enfadaron con el anuncio, o sea, rechazo a la persuasión, ahí es nada. Se olvidaron del cerebro social los asesores jeje.
Por cierto, el carnet por puntos funcionó bastante mejor. Está basado en aprendizaje operante. SÍ modificó el comportamiento de los conductores.
Tanto la emoción y la razón surgieron en el cerebro para responder a las demandas sociales. Nuestros conceptos de las cosas implican ambas y se relacionan con nosotros y los demás dentro de un entorno.
Cuando quieras trabajar las «emociones» mira bien las «razones» y construcciones que las acompañan.
Claridad sobre la mente, sus procesos, su manejo y también sus mitos es lo que trabajamos en la Comunidad.
Importante la claridad, dado que NO se aprende de todas las opiniones, ni toda la información permite avance.
Te deseo un precioso fin de semana.
Abrazos
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