Hola,
El otro día conocí a un productor de cine que me comentaba que en otro trabajo estaba «obligado» a invitar a personas con más de 200 mil seguidores en RRSS, aunque las entrevistas fueran planas y los contenidos vacíos, obsoletos o irreales. La consigna era decir tontunas, no importaba si fueran verdaderas. Dice que dejó por fin el trabajo.
Un amigo me muestra un anuncio de cryptomonedas, donde representantes del humo alertan ahora sobre la cantidad de humo en el sector… posicionándose en el lado correcto de la historia (¡viva la retórica!).
Veo un anuncio para inversores por el algoritmo. Un profesional real de este sector me cuenta que ese anuncio, que parecía sencillo, sin aspavientos y sensato, resulta ser un personajillo estafador que le debe más de 60.000 euros y que va pagando porque no le queda otra. Eso sí tiene una cara de bueno y es super amable… jeje.
Una mujer que dice conocerme de antaño me ofrece ayer un producto mágico para enfermedades neurodegenerativas. No se le puede explicar que la neurodegeneración no permite regeneración así como así. Ni que los estudios que me muestra son en ratones, no en humanos y que son en revistas como el Journal of Móstoles. ¡Y que esos dos datos juntos no generan credibilidad!
Un magnífico escritor que conozco no comprende cómo se puede abusar del término «Memento mori» en el desarrollo personal con frases de lunes y salvapantallas, sin que el emisor haya vivido alguna vez experiencia alguna donde se ha jugado mínimamente el pellejo y donde se hable no de citas de otros sino de experiencia, conocimiento o sabiduría propia. Lo dice porque las pasó canutas en un submarino.
Un buen amigo, el mejor profesional del fitness en España, comparte un estudio donde después de 15 días de darse duchas heladas, en jóvenes sanos, no cambia ningún parámetro de salud relevante. Otros del fitness mediático y diferentes circos seguirán diciendo que es para construir «mentalidad estoica». A veces me tienta compartir lo que yo aprendí antes de que esto fuera una moda: el Tummo (lamas 2007 en Austria) y el Misogi (Shinto 2010, Japón).
En mis cuatro periódicos matinales que leo durante 30 minutos a diario de visiones políticas y sociales opuestas, sigo apreciando cada mañana, atónito claro, cómo la solución a todos los males que nos aquejan (algunos transnacionales por cierto) es la exterminación, aniquilación, anulación o desaparición de los del otro lado. O el Madrid o el Barsa.
Sigo viendo, y no cesarán, cursos de detección de la mentira, por más que la evidencia sugiera lo contrario. Los que lo venden argumentan que sus Masters son científicos y luego en la tele dicen que les gusta el salseo (hay que valer eh?). En realidad NO están avalados por la agencia estatal. Venden ciencia, pero no la aplican. «Pero ¿se lo creen?» decía el catedrático. Se lo creen sí… porque de creerlo depende su sueldo y la identidad que han construido.
Tampoco cesarán las neuroburbujas o las emociones en el colegio (pero solo 6), que así uno mejora su conocimiento y posibilidades en el mundo real. Ese donde las soft skills te abren puertas… pero no en tu empresa, que tú eres muy majo y honesto y sin embargo no te han ascendido .
Ya en época de Augusto la manipulación de la información existía, atribuyéndose a sí mismo una longevidad y vitalidad muy lejana a la realidad para parecer tocado por los Dioses y justificar el Imperio. Pero actualmente sabemos que la velocidad y cantidad de noticias e información es impresionante y la infoxicación es evidente.
Por un lado está:
a. la información falsa,
b. por otro la que cuesta distinguir su verosimilitud,
c. por otro los sesgos humanos en los que todos caemos en alguna ocasión…
pero hay algo más curioso y peligroso:
d. nuestro apego al autoengaño y la incapacidad para amar la verdad, los hechos, o la aproximación a la misma en presencia de datos y hechos que sugieren una clara dirección.
En 2024, en 2025, en 2026, ¿en quién confiarás?
Un amigo me muestra un anuncio de cryptomonedas, donde representantes del humo alertan ahora sobre la cantidad de humo en el sector… posicionándose en el lado correcto de la historia (¡viva la retórica!).
Veo un anuncio para inversores por el algoritmo. Un profesional real de este sector me cuenta que ese anuncio, que parecía sencillo, sin aspavientos y sensato, resulta ser un personajillo estafador que le debe más de 60.000 euros y que va pagando porque no le queda otra. Eso sí tiene una cara de bueno y es super amable… jeje.
Una mujer que dice conocerme de antaño me ofrece ayer un producto mágico para enfermedades neurodegenerativas. No se le puede explicar que la neurodegeneración no permite regeneración así como así. Ni que los estudios que me muestra son en ratones, no en humanos y que son en revistas como el Journal of Móstoles. ¡Y que esos dos datos juntos no generan credibilidad!
Un magnífico escritor que conozco no comprende cómo se puede abusar del término «Memento mori» en el desarrollo personal con frases de lunes y salvapantallas, sin que el emisor haya vivido alguna vez experiencia alguna donde se ha jugado mínimamente el pellejo y donde se hable no de citas de otros sino de experiencia, conocimiento o sabiduría propia. Lo dice porque las pasó canutas en un submarino.
Un buen amigo, el mejor profesional del fitness en España, comparte un estudio donde después de 15 días de darse duchas heladas, en jóvenes sanos, no cambia ningún parámetro de salud relevante. Otros del fitness mediático y diferentes circos seguirán diciendo que es para construir «mentalidad estoica». A veces me tienta compartir lo que yo aprendí antes de que esto fuera una moda: el Tummo (lamas 2007 en Austria) y el Misogi (Shinto 2010, Japón).
En mis cuatro periódicos matinales que leo durante 30 minutos a diario de visiones políticas y sociales opuestas, sigo apreciando cada mañana, atónito claro, cómo la solución a todos los males que nos aquejan (algunos transnacionales por cierto) es la exterminación, aniquilación, anulación o desaparición de los del otro lado. O el Madrid o el Barsa.
Sigo viendo, y no cesarán, cursos de detección de la mentira, por más que la evidencia sugiera lo contrario. Los que lo venden argumentan que sus Masters son científicos y luego en la tele dicen que les gusta el salseo (hay que valer eh?). En realidad NO están avalados por la agencia estatal. Venden ciencia, pero no la aplican. «Pero ¿se lo creen?» decía el catedrático. Se lo creen sí… porque de creerlo depende su sueldo y la identidad que han construido.
Tampoco cesarán las neuroburbujas o las emociones en el colegio (pero solo 6), que así uno mejora su conocimiento y posibilidades en el mundo real. Ese donde las soft skills te abren puertas… pero no en tu empresa, que tú eres muy majo y honesto y sin embargo no te han ascendido .
Ya en época de Augusto la manipulación de la información existía, atribuyéndose a sí mismo una longevidad y vitalidad muy lejana a la realidad para parecer tocado por los Dioses y justificar el Imperio. Pero actualmente sabemos que la velocidad y cantidad de noticias e información es impresionante y la infoxicación es evidente.
Por un lado está:
a. la información falsa,
b. por otro la que cuesta distinguir su verosimilitud,
c. por otro los sesgos humanos en los que todos caemos en alguna ocasión…
pero hay algo más curioso y peligroso:
d. nuestro apego al autoengaño y la incapacidad para amar la verdad, los hechos, o la aproximación a la misma en presencia de datos y hechos que sugieren una clara dirección.
En 2024, en 2025, en 2026, ¿en quién confiarás?
- ¿En el periódico cercano a tu ideología?
- ¿En los que piensan como tú?
- ¿En «influencers» que se autopatrocinan con batidos de proteínas, complementos de magnesio y mallas de lycra transpirable?
- ¿En los expertos en salud y longevidad que tratan las enfermedades que no curan en sí mismos?
- ¿En los vendedores que dicen que todo es venta, o sea, que nada lo es por tanto?
- ¿En el solitario de RRSS que filosofa con libros que va leyendo y entendiendo a su manera sin cotejar jamás con grupo, entidad, thinktank o disidencia alguna?
- ¿En Reuters de un lado del mundo, o en AlJazzera en el otro?
- ¿En los expertos en expresiones faciales que quieren participar en los juicios para decirle al juez que si la gente tuerce un labio están sintiendo asco, aunque menos del 37% de personas lo hagan cuando lo sienten?
- ¿En los que te siguen mintiendo diciendo que te enseñan a detectar mentiras?
- ¿En los que te dicen que serás feliz en vez de un amargado aislado cuando puedas trabajar con un portátil debajo de un cocotero aunque tengas un enorme 🧠 social?
- ¿En los que te ponen como ejemplo a Steve Jobs o Phil Knight y que tú también puedes pero no conocen el sesgo del superviviente?
- ¿En los que te ponen de ejemplo de mentalidad a Nadal, cuando ganaba, y no ahora que con igual mentalidad está lesionado?
- ¿En el que te habla del peligro del ácido desoxirribonucleico pero no conocen las bases nitrogenadas ni las pentosas fosfato ni la polimerasa?
- ¿En una universidad americana que está en el puesto 5000 en USA en el ranking pero como es «americana» es mejor que la Autónoma de Madrid?
Yo vuelvo a los clásicos. En todos los sentidos. Adiós a los superventas, gurus del desarrollo personal que olvidan el Ser y adiós al scroll con los dedos. El camino largo, el de siempre, el del éxito silencioso que se sabe bañado en incertidumbre. El que no confunde proceso con resultados, ni prestigio con autoridad.
- Voy a confiar en los que siempre se han dedicado a algo, mucho antes de que fuera famoso o rentable.
- Voy a confiar en los libros de los filósofos, antropólogos y científicos de siempre no en «el club de las 5 de la mañana» ni en lectura rápida de 50 minutos.
- Voy a confiar en quienes lo han demostrado en instituciones de diversa índole y prestigio.
- Voy a confiar en quienes no buscan polarizar a toda costa para captar atenciones y construir seguidores.
- Voy a confiar en quienes no usan el trending topic sino su loving topic de aquello que dominan y conocen.
- Voy a confiar en los que me cuenten que no todos somos super creativos, ni mega simpáticos.
- Voy a confiar en los que hablan del contenido, ese que no se consigue en fines de semana y no te saturan con la oratoria.
- Voy a confiar sí, en la ciencia y su metodología de revisión por pares y en cómo sigue castigando con mayor rigor que el resto, el engaño o la falsedad.
- Voy a confiar en los que estuvieron cerca en los malos momentos.
- Voy a confiar en las tradiciones que no puedes conocer por internet, en el hombre medicina que no tiene redes y en el monje con el que paseas, preguntas y te contesta sin hacerse selfies por ello.
- Voy a confiar en los que no me cuentan mentiras piadosas ni me ponen sonrisas sociales todo el día.
- Voy a confiar en las segundas impresiones, como perro viejo que soy.
- Voy a confiar en los docentes vocacionales, más que en los que aseveran que la educación nunca sirvió para nada. A mí muchísimo la verdad.
- Voy a confiar en los que en sus retiros meditativos tienen plazas limitadas.
- Voy a confiar en los que te enseñan a acercarte al Ser no a bajar el stress.
- Voy a confiar en mis catedráticos y en mis maestros, que tanto me han mostrado con su coherencia y respeto al conocimiento y la verdad.
- Voy a confiar en los métodos analíticos para entender de un tema en vez de posicionarme rápido como pro israelí o pro palestino.
- Voy a confiar en la complejidad, no en la simpleza, para poder captar la red entretejida de múltiples factores.
y tú, ¿en qué vas a confiar en 2024, 2025, 2026?
Abrazos,
Dinos que te ha parecido este artículo, Puntúa (DE 1 A 5 ESTRELLAS).

