Hola,
Reconozco que me gustaban. Cuando surgieron las charlas TED tenías acceso a 15 minutos de conferencia de personas que AL FINAL de un largo proceso de estudio, investigación, experimentación, docencia y análisis compartían una parte de su saber de forma breve. ¡Maravilloso!
Estaba muy bien pensado. Ostras escuchar la experiencia de Jill Bolte, que tanto me recordaba a experiencias de introspección o la bella voz de Antonio Damasio hablando sereno de los misterios de la conciencia o sutilezas de la psicopatía de Jon Roston. No solo científicos, qué decir de los filósofos John Searle o Daniel Dennett, grandes empresarios, humanistas o artistas que participaban. ¡Había para todos los gustos!
Todos compartían un poquito de su saber tras un largo camino insisto.
Luego, soy sincero, me empezaron a decepcionar. Incluso algunas de las más vistas estaban muy muy lejos de la evidencia y el rigor, y eso entorpece avances por mucho que sea «libre opinión». Probablemente los autores las realizaran tras un largo camino, pero las críticas a lo que ahí compartían (aunque no se conozcan tanto) eran muy muy directas y concretas por parte de grupos de expertos. Con el conocimiento no se juega. Charlas como la de Amy Cuddy y sus «posturas de poder», o la de Angela Duckworth y el «grit passion», por no hablar de la de Robinson sobre «las escuelas que matan la creatividad» (a mí mi cole de toda la vida no me mató la creatividad y sospecho que a ti tampoco).
Se vislumbraba ya un problema. Como digas que la tesis de las posturas de poder sufrió una crisis de replicación enorme o que el Grit tiene efectos despreciables en el rendimiento de las personas, algun@ se te enfada porque pretende defender lo que no funciona a toda costa.
A pesar de ello, reconozco que esas personas, aunque la evidencia científica demostrara una y otra vez que «posturas de poder» y parecidas no era para tanto compartieron su saber tras un largo y esforzado camino.
TED pasó a ser TEDx, en donde organizadores independientes podían a modo de franquicia proponer sus ponentes, vender las entradas y obtener beneficios (o pérdidas). Cero críticas a ello. Es bueno que haya empresarios, empresas, beneficios, economía, etc… pero empezaron a aparecer ponentes que dieron charlas TED AL INICIO de su camino. Sospecho que hacer lo mismo que hizo Damasio, Bolte o Dennett suele ser tan apetitoso para la «marca personal» que uno se lanza…
Lo que a Damasio le costó 50 años y una inteligencia privilegiada a algunos de los nuevos TEDx les costó un amigo influyente y poco más. Siendo nadie, sin experiencia real en un sector, podías dirigirte a una audiencia «universal» desde tu charla TED… x.
He conocido casos directos. Personas que hicieron un master, no oficial todo hay que decirlo, que pasaron sin pena ni gloria por el mismo, sin participar apenas, sin debatir, con una nota muy mediocre y sin ni siquiera acceder a unos premios que daban de «mejor compañer@» pero que luego eran expertos en super inteligencia emocional y empatía. Incluso escribían con un nombre falso y se negaban en todo momento a exponer argumentos, reflexionar o defender posturas que sí vomitan en prensa y TV sensacionalista. Vaya… y de ahí al TEDx.
Oye, le decimos al mundo «tengo una charla TED» y así el mundo piensa que somos muy buenos. O sea marketing para tontos. Bastaría buscar el número de publicaciones científicas en revistas Q1 de la persona sobre el tema del que se declara expert@ científic@ para desmontar el entuerto. O si fuera un músico, un artista o un empresario que mostrara si se parece a un grande en algo.
Como todo en la vida, junto a grandes hay también aprovechados. No pasa nada. Es normal, cada uno se dedica a lo que más le tienta me temo. O a lo que puede.
La vida es muy compleja y quién sabe si nosotr@s mañana no lo hacemos mejor y también usamos «marca personal» para parecer ante los demás super expertos y ganar autoridad como dicen los marketers. No lo sé, todo puede ocurrir.
Pero ocurra lo que ocurra podemos discernir.
Hay charlas TED de gente que hizo un largo camino
y TED «x» de gente en las que el camino aún estaba por construir.
A mí me siguen gustando las de los primeros.
Y a estas alturas me temo que no me tientan las segundas. No me la cuelan.
El prestigio no te lo da ninguna charla TED. Grandes catedráticos, artistas o empresarios no las tienen, ni falta que les hace, porque acaso sería consecuencia de un camino, no una manera de atajarlo.
Viva Searle, Dennett y Damasio.
PD: en la Comunidad NO escuchamos charlas TED. Trabajamos HOY sobre aquello relevante en tu vida, no sobre lo que quieres parecer a los demás.
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¿Alguna pregunta? Incluyo aquí en estos newsletters un pequeño apartado por si quieres preguntar algo (relativo a neurociencia, comportamiento humano y sabiduría práctica para el día a día) y así puedes estar más activo en estos newsletters. Contestaré de forma precisa y breve, si está en mi mano, o incluso con un artículo específico.
Estaba muy bien pensado. Ostras escuchar la experiencia de Jill Bolte, que tanto me recordaba a experiencias de introspección o la bella voz de Antonio Damasio hablando sereno de los misterios de la conciencia o sutilezas de la psicopatía de Jon Roston. No solo científicos, qué decir de los filósofos John Searle o Daniel Dennett, grandes empresarios, humanistas o artistas que participaban. ¡Había para todos los gustos!
Todos compartían un poquito de su saber tras un largo camino insisto.
Luego, soy sincero, me empezaron a decepcionar. Incluso algunas de las más vistas estaban muy muy lejos de la evidencia y el rigor, y eso entorpece avances por mucho que sea «libre opinión». Probablemente los autores las realizaran tras un largo camino, pero las críticas a lo que ahí compartían (aunque no se conozcan tanto) eran muy muy directas y concretas por parte de grupos de expertos. Con el conocimiento no se juega. Charlas como la de Amy Cuddy y sus «posturas de poder», o la de Angela Duckworth y el «grit passion», por no hablar de la de Robinson sobre «las escuelas que matan la creatividad» (a mí mi cole de toda la vida no me mató la creatividad y sospecho que a ti tampoco).
Se vislumbraba ya un problema. Como digas que la tesis de las posturas de poder sufrió una crisis de replicación enorme o que el Grit tiene efectos despreciables en el rendimiento de las personas, algun@ se te enfada porque pretende defender lo que no funciona a toda costa.
A pesar de ello, reconozco que esas personas, aunque la evidencia científica demostrara una y otra vez que «posturas de poder» y parecidas no era para tanto compartieron su saber tras un largo y esforzado camino.
TED pasó a ser TEDx, en donde organizadores independientes podían a modo de franquicia proponer sus ponentes, vender las entradas y obtener beneficios (o pérdidas). Cero críticas a ello. Es bueno que haya empresarios, empresas, beneficios, economía, etc… pero empezaron a aparecer ponentes que dieron charlas TED AL INICIO de su camino. Sospecho que hacer lo mismo que hizo Damasio, Bolte o Dennett suele ser tan apetitoso para la «marca personal» que uno se lanza…
Lo que a Damasio le costó 50 años y una inteligencia privilegiada a algunos de los nuevos TEDx les costó un amigo influyente y poco más. Siendo nadie, sin experiencia real en un sector, podías dirigirte a una audiencia «universal» desde tu charla TED… x.
He conocido casos directos. Personas que hicieron un master, no oficial todo hay que decirlo, que pasaron sin pena ni gloria por el mismo, sin participar apenas, sin debatir, con una nota muy mediocre y sin ni siquiera acceder a unos premios que daban de «mejor compañer@» pero que luego eran expertos en super inteligencia emocional y empatía. Incluso escribían con un nombre falso y se negaban en todo momento a exponer argumentos, reflexionar o defender posturas que sí vomitan en prensa y TV sensacionalista. Vaya… y de ahí al TEDx.
Oye, le decimos al mundo «tengo una charla TED» y así el mundo piensa que somos muy buenos. O sea marketing para tontos. Bastaría buscar el número de publicaciones científicas en revistas Q1 de la persona sobre el tema del que se declara expert@ científic@ para desmontar el entuerto. O si fuera un músico, un artista o un empresario que mostrara si se parece a un grande en algo.
Como todo en la vida, junto a grandes hay también aprovechados. No pasa nada. Es normal, cada uno se dedica a lo que más le tienta me temo. O a lo que puede.
La vida es muy compleja y quién sabe si nosotr@s mañana no lo hacemos mejor y también usamos «marca personal» para parecer ante los demás super expertos y ganar autoridad como dicen los marketers. No lo sé, todo puede ocurrir.
Pero ocurra lo que ocurra podemos discernir.
Hay charlas TED de gente que hizo un largo camino
y TED «x» de gente en las que el camino aún estaba por construir.
A mí me siguen gustando las de los primeros.
Y a estas alturas me temo que no me tientan las segundas. No me la cuelan.
El prestigio no te lo da ninguna charla TED. Grandes catedráticos, artistas o empresarios no las tienen, ni falta que les hace, porque acaso sería consecuencia de un camino, no una manera de atajarlo.
Viva Searle, Dennett y Damasio.
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Abrazos,
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