Se repite y repite que la educación es malísima, que mates, física o lengua no valen, y hasta que las escuelas matan la creatividad. Título que barre en youtube o en charla TED al uso. Cuando alguien dice eso le contesto que habrán matado la suya en todo caso, la mía afortunadamente no. Quizá, solo quizá, la creatividad no puede ser «matada» así como así oye. Así que ¡movamos nuestra mente!
También es habitual escuchar que lo que más importa son las «soft skills» como si un profe de química no fuera empático o humanista por haber estudiado química. Quizá hayas tenido un profesor en el colegio que te marcó. Algunos eran toscos seguro pero probablemente alguno fue un tesoro. Tuve tres muy especiales, en aquella sociedad aún gris en la que no había nada.
Uno era Alberto Urdiales, un reconocido ilustrador, que más allá de que fuera profesor de dibujo y mi talento para ello muy limitado, era un amor, un sabio, un genio y alguien con unas extraordinarias habilidades sociales y estratégicas.
La verdad es que es raro encontrar personas que no demonicen la educación, conocimiento o docentes y duele escuchar frases tan atrevidas. Como profesor en la universidad, desde dentro defiendo su valor e importancia. Siempre lo he hecho pero cada vez más. No comparto la visión de que si algo no es adecuado para el mercado de trabajo no sirva para nada. Que el conocimiento no de trabajo, no implica que la ignorancia lo proporcione. Es como el que dice que el dinero no da la felicidad.
Es evidente que no, pero tampoco la pobreza la da. De hecho la frase «X da Y» es tramposa. Y es tramposa porque matemáticamente implica causalidad, algo muy atrevido. Vaya con las mates…
El conocimiento es completo en sí mismo, como lo es ver una puesta de sol, abrazar a un ser querido, tocar un instrumento o cerrar los ojos para escuchar el pulso de la vida dentro de uno. Negarlo sería como decir que habría que cerrar el Museo del Prado porque no genera suficientes beneficios con entradas tan baratas y hasta gratuitas.
O que ir al teatro proporciona una reducción del stress en los espectadores y que por eso debemos ir al teatro. ¡¡No!! Vamos al teatro, porque en sí mismo, sin beneficios ni productividad ni rentabilidad, es maravilloso.
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
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