La importancia de la inteligencia emocional en el trabajo

Este podría ser el

título de un clásico taller

que te encuentras en entornos corporativos, o meditativos si cambias trabajo por «desarrollo personal» o entornos psicológicos si pones «terapia».

Ni que decir tiene que

lo podrás encontrar en cualquier otro entorno…

lo cual resulta contraproducente: si algo está en todos los sitios y vale para todo,

algo se nos escapa.

A veces parece que si uno no sabe qué hacer, siempre puede hablar de las emociones. Una pena, porque es más práctica a todos los niveles la atención, o no digamos la consciencia.

El caso es que no sería raro que cuando

se nombra la importancia de las emociones

aparezcan como:

  • universales,
  • donde el miedo te prepara para la huida,
  • la alegría es muy buena y hay que acercarse a las cositas que la produzcan,
  • el asco no pinta mucho,
  • la tristeza es desagradable pero hay que pasarla…

Todo ello regado con un semáforo emocional con rojo, amarillo y verde.

Con la guinda de que las emociones son la salsa de la vida.

Lástima que una dieta basada en salsas sea horrorosa jejeje.

Ante todo esto nos toca practicar la

«regulación emocional»

. En ella hay un sujeto, que se separa y divide desde sí mismo, en una especie de mitosis celular, y en donde una parte de sí mismo regula a la otra parte de sí mismo que está «desregulada». No solo eso, lo tiene que hacer después, una vez que se ha producido el descoloque. Antes no puede hacer nada en tanto las emociones son

«reacciones adaptativas ante estímulos internos o externos».

Bueno sí puede hacer algo pero

si no estás emocionado no estarías regulando nada

. Espero que veas de la última frase porqué a la mayoría no le funciona estar bien cuando estás bien para intentar que estés bien cuando estás mal.

En efecto, cuando tiras a puerta vacía siempre metes gol.

El salto cuántico se produce cuando pasamos ya a deificar esa regulación o inteligencia que la llaman. Es fácil deducir que no es una inteligencia, sino una habilidad de la personalidad en todo caso. Por cierto, nada novedosa.

Al deificar la IE cogemos unos mantras tipo

«el éxito depende más de tu IE que de tu IQ (inteligencia)».

La evidencia científica

dice absolutamente lo contrario,

pero da igual. El mantra se graba en la población.

Lo peor no es eso.

Lo peor es que nos pillan en el culto al individuo, en un cerebro que es hipersocial.

Dr. Jose Sánchez

Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».

Si esto te ha servido...

Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.

Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.

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