La música triste, Christine y la sonrisa inútil

El pasado jueves se me escapaban unas lágrimas de tristeza a la mañana. Había fallecido Christine Mc Vie, una de las vocalistas de Fleetwood Mac, grupo que en 1977 creó un maravilloso disco llamado Rumours. Bueno ya antes de esa fecha fue un grupo de blues de increíble talento con Peter Green a la cabeza.

La tristeza es una emoción curiosa. Parece que ha desaparecido de la faz de la Tierra. No se la reconoce su valor, su importancia, ni los beneficios, sí, sí, beneficios que proporciona. Allá cada uno pero hoy toca defender su papel ante mensajes que en ocasiones son superficialmente sonrientes.

Quizá con el ejemplo del jueves se pueda entender. Al enterarme de la noticia paré todo y puse varias veces 
Songbird (1), solo escuchar, nada de música de fondo o mientras hacía otra cosa. Inevitablemente me llevó a recuerdos de hace más de 30 años, momentos, personas y sentimientos. Desde ahí nos enraizamos y tocamos este instante y lo agridulce empieza a dar sus frutos.

No es raro tras un rato de tristeza replantearnos situaciones, valorar personas o amistades como nunca, evaporar metas ridículas, simplificar la vida o apreciar por fin los mínimos detalles. El jueves, gracias a esos sentimientos que se iban transformando, podía captar todo mejor.


Dicen que Christine compuso la canción en un momento ciertamente complejo para su banda inmersa en conflictos, rencillas y desacuerdos. Cuentan que la escribió en media hora «despertando a mitad de la noche con toda la canción en su mente, incluyendo los acordes, la letra y la melodía, y tuvo que mantenerse despierta para no olvidarla, porque en su habitación no tenía en donde registrarla». Sin duda un buen ejemplo de cómo en situaciones complejas, nuestro cerebro busca transformarlas en soluciones creativas, incluso trascendentes. La historia está llena de ejemplos parecidos.

Cuando escucho sobre el poder de la sonrisa que supuestamente abre muchas puertas
 (igual no tantas como bien sabes 😉) me viene a la mente siempre la tristeza. Paradójicamente la tristeza nos acerca más al bienestar genuino que la sonrisa, tan extrañamente identificada con la alegría (estar alegre no implica necesariamente sonreir y sonreímos muchas veces sin estar alegres).

La tristeza es, tomando un ejemplo cinematográfico, el personaje central en la película Inside Out. Aunque está basada en un modelo obsoleto de las emociones al considerarlas como entidades discretas, los productores intentaron que el guión cobrara sentido con el resto de emociones, pero sólo Tristeza permitía integrar las experiencias, aprender e ir más allá. Un ejemplo de nuevo de su poder.

Cuando sentimos tristeza no es extraño que por fin compartamos un sufrimiento común. En ella nos sentimos vulnerables y a veces, solo con tristeza somos sinceros respecto a eso que sentimos o pensamos. Es más, cuando ahí estamos, medimos muy bien quién está al lado y quién no. Tras miles de risas, por fin detectamos quiénes son esos que nos aprecian.

De la tristeza a la compasión hay tan solo un pequeño paso. Ostras cómo vemos el sufrimiento ajeno cuando hemos pasado por uno similar. Darwin ya escribió en El origen del hombre sobre este instinto compasivo. Hoy sabemos que nuestro cerebro reacciona en numerosas áreas al sufrimiento humano y cómo el apoyo, el tacto o la compañía alivia el propio dolor, incluso físico.

Encontramos más ejemplos en los famosos grupos de rock de los 70 que destacaron por sus baladas tanto como por sus riffs. Las personas recuerdan más Angie, Yesterday o Still loving you que Start me up, Yello Submarine o Rock you like a hurricane. De hecho las personas cuyas canciones favoritas son alegres las escuchan 175 veces de media, pero si tienen este sentimiento triste o melancólico las escuchan 800 veces (2). Sobre todo relatan que sienten una conexión más profunda que con la música alegre.

Cuando los neurocientíficos estudian la música triste encuentran que ayuda a nuestra fisiología, emociones y homeostasis como ninguna otra (3). La música alegre parece que nos anima, activa e impulsa al movimiento, pero la triste nos abre al universo. Al comparar la música triste con la que produce ira o temor, sólo la triste ofrece beneficios psicológicos. De hecho podríamos predecir el nivel empático de las personas en función de su reacción fisiológica a la música triste (4). Bastaría mirar la actividad de su nervio vago, la ínsula, el cingulado anterior o el córtex ventromedial para conocerlo. Datos y datos para los que nos gusta predecir el comportamiento humano.

Es probable que la tristeza nos conecte con ese anhelo de unidad que todos sentimos en mayor o menor grado. Acercarnos al otro, y a uno mismo, es uno de sus poderes. No hablo de sumergirse en ella sin motivo, de usarla como moneda de cambio, de habitar papeles de víctima en todo momento, de dar pena o de debilitarnos tanto que la mínima acción nos entristezca. Tampoco de aquellos que por biología, enfermedad o trauma no pueden salir de la depresión. Se trata de que en todo el espectro de sentimientos seamos capaces más bien de reconocer de forma armónica todo en vez de vendernos alegría barata.

En realidad la puerta a la dicha y la templanza la proporcionan las emociones sublimes, aquellas que nos impulsan a que el loto emerja del barro, el fénix de las cenizas y la sabiduría del sufrimiento.

Dicho queda, sobre todo por si te has visto arrastrado alguna vez por sonrisas banales, positividad ingenua y superación cósmica.

Gracias Christine. D.E.P.

Abrazos,

Referencias
1 Songbird. https://youtu.be/wTi19MPOvDw
2 Conrad, F., Corey, J., Goldstein, S., Ostrow, J., & Sadowsky, M. (2019). Extreme re-listening: Songs people love… and continue to love. Psychology of Music47(2), 158-172.
3 Sachs, M. E., Damasio, A., & Habibi, A. (2015). The pleasures of sad music: a systematic review. Frontiers in  human neuroscience9, 404.
4 Eerola, T., Vuoskoski, J. K., & Kautiainen, H. (2016). Being moved by unfamiliar sad music is associated with high empathy. Frontiers in psychology, 1176.
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