La salud mental es muy cara

La salud mental es muy cara. Ahora más. Hay gente que pide préstamos para terapia.

También es cara si abrazas la estupidez.

En tanto es peligrosa, te alejas de la verdad, lo que funciona y lo sabio. Así que sale caro, muy caro, meditar a lo tonto, seguir los remedios conspiranoicos y similares. Uno esperaba hacerse rico en 6 meses a través de determinado producto y la realidad es que un año después está más pobre, más cabreado, más desconfiado y más tenso.

La inteligencia aumenta cada década y ya te comenté científicamente que no está descendiendo como se dice, pero la estupidez no es que haya más, es que ahora tiene altavoces.

El término salud mental aparece por fin en escena. Especialmente tras el COVID. No está mal… aunque no es mi preferido. Ya sabes por qué. Luego habría salud «física», salud «emocional», salud «espiritual», etc, etc. El lío morrocotudo de siempre de los individuos fragmentados que optimizan su yo con piececitas del puzzle y lo llaman desarrollo personal.

Haces fitness un rato, dieta otro y meditas otro. Partiditos en tres o más. Y la paradoja es que es «bueno» hacer ejercicio, comer «sano» y respirar profundo. El buen guía te lleva empíricamente más allá de esa contradicción.

Salud mental

se usa mucho en psicología y también se lo apropian una horda de aprovechados. De repente el portero de casa, la closer de ventas, el CEO exitoso de marketing, «ahora» hablan de salud mental. Cuidado ¿eh?.

Afortunadamente la terapia psicológica ya no es ese espacio vergonzoso de antaño sino un lugar noble donde exponerse, mirar con perspectiva, confrontar una visión particular y aprender a ordenar el Yo desde un lugar más adaptativo. Casi nada…

Como profesor de la facultad de psicología en la que he impartido 9 asignaturas de la carrera en estos últimos 5 años a más de 3000 alumnos solo tengo buenas palabras para esa disciplina y su gente.

Pero también las tengo para un movimiento diferente por así decirlo.

  • ¿Cómo hacen en otros lugares con la «salud mental»?
  • Los huicholes no tienen «psicólogo».
  • Los jíbaros de la selva tampoco.
  • ¿Será que la gente allí reprime sus traumas? Pues no precisamente…
  • ¿Cómo es que no hacen terapia?
  • ¿Sabes que en muchas culturas no existe la «inteligencia emocional»?
  • Ni eso de que el cuerpo «somatiza».
  • Ni gente altamente sensible y otros sensibles sin etiqueta.
  • Ni nadie que visualice un futuro donde se logra éxito.

Ojo

, no digo que no haya problemas, sino que

no están mediatizados por conceptos y categorías

que aceptamos como vacas sagradas y dogmas…

No se trata de idealizar pero sí de

mirar características de la «salud mental»

que acá no se ven fácilmente.

Ejemplos:

La vida en común

contiene espacios que son 100% preventivos. En la selva que yo visité cada mañana y cada tarde se hace un ritual muy curioso e interesante. El listado de todo lo que eso ayuda y previene es infinito.

El uso de la palabra

es muy diferente al de acá. Donde aquí hay un Yo que teme todo el rato la exposición, allá la palabra permite buscar las grietas de la visión propia limitada.

La tradición es oral

y acá la sabiduría la entienden como leer libros. Es más podrías considerar sabio a alguien que viva en casa de sus padres a los 40, pero haya leído a Aristóteles mucho (que es loable por supuesto). Allá un sabio es el que sirve a los demás, y el que sabe vivir en ese entorno, peligroso por cierto.

La gente no hace técnicas para mejorarse

. Ya son. Bajamos al río Upano en una balsa a jugar. Acabamos agotados, nos ponemos fuertes y entrenamos la fuerza sin pensarlo, pero no «hacemos pesas». Tampoco meditamos allá con ojos cerrados sobre un cojín. Te comen los mosquitos. Solo te sobrecoge la vida y la naturaleza.

No hay gente altamente sensible y otros no tanto.

A todos les une la desgracia,

los ancestros con destinos que hay que desvelar

, la dificultad, la vida.

La pasta no es el centro

. El selfie no existe. La vida es el centro.

No hay nadie hablando del presente

. El entorno te obliga a habitarlo.

Todo esto es bastante aplicable

hoy en día, aquí, ahora.

Esta es para mí la «salud mental». Que además no contradice sino que se apoya en la buena ciencia como rigor y discernimiento. De hecho muchas de las categorías que aceptamos en realidad no son constructos estables ni realidades fijas.

La salud mental o

global mejor dicho, o el poso en la conciencia

implica:

una mente clara, prístina, sencilla, vacía, que no necesita hablar de sí misma ante la inmensidad del ahora.

Libre de creencias y apegos, muy fuerte por tanto porque cuando busca dónde enganchar el agravio solo encuentra la proyección del otro.

  • Se vive mejor así. Más pobre o más rico pero ecuánime.
  • Con más o menos seguidores pero sereno.
  • Con mérito obtenido tras el esfuerzo o sin ello aunque se merezca, pero confiado.

Se ven ojos y miradas, llantos de bebés y ancianos que caminan de la mano.

Flores que brotan desde sí mismas.

Potenciales en uno, que no quimeras.

Ganas de ayudar, de estar con el otro, de dedicarle tiempo.

Imposibilidad de ser otro diferente a lo que se es.

Pleno, con familia o sin ella, con hijos o sin hijos, con pareja o sin pareja. Faltaría +.

Lo describo en el capítulo 22 de Mente Salvaje como resultado.

En definitiva:

Se es silencio.

Se puede incluso estar callado porque rara vez hay algo que decir.

Dr. Jose Sánchez

Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».

Si esto te ha servido...

Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.

Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.

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