Mira qué curioso. Lo saco de una encuesta de esas que tanto sirven para politizar, o sea, para crear hostilidad entre las gentes. Pero me interesa rescatar el concepto, no me refiero aquí a nada político.
En la citada encuesta el 69% los españoles dicen que España va mal. Pero cuando les preguntaban cómo iban ellos, el 63% decían que su situación personal es buena o muy buena.
Como ves los dos datos no pueden ser ciertos a la vez. Los grandes números siempre dan una información extra muy curiosa. Claro que para eso hay que poder mirarlos sin filias ni fobias. Si un país va mal a tenor de lo que dicen sus gentes, no puede ser que sus gentes estén bien. Esta paradoja expresa una de las barreras que más nos frena: el ellos-nosotros. Pero hay una segunda y es la expresión individualista al extremo.
El ellos-nosotros se ve en todos los aspectos de la vida cotidiana y más en estos momentos. Toda conducta, opinión o experiencia se ha convertido en moral. Ya no es que uno haga lo que necesite sin dañar a otro, es que hay que conseguir que el otro no haga lo que necesita, aunque no nos dañe. La moral debería ser algo más íntimo probablemente, pero no es el caso.
En nuestro cerebro el ellos-nosotros se construye ya en etapas muy tempranas, asegurando rescatar un viejo tribalismo. Buenos son los conocidos y los de mi grupo, enemigos son los externos y ajenos. De ese tribalismo arcaico vienen los sesgos y los prejuicios a los diferentes. Y de ahí surgen emociones sociales interesantes: Schaudenfraude, alegría por la desgracia ajena; Glucksmertz, dolor por el triunfo del otro (se suelen citar en alemán porque en ese idioma hay una palabra específica). Desde aquí puedes entender una vez más porque la empatía, que tan buena prensa tiene, necesita ser vista desde un marco más amplio. Sabemos que la empatía es parroquial, somos buenos y empáticos con los nuestros, no tanto con los otros (Cikara et al., 2017).
El problema es que la frontera de los nuestros estalla por los aires con un soplido. Un día no estás de acuerdo en algo y dejas de ser de los míos.
La segunda conclusión de la encuesta contradictoria puede ser más preocupante aún. Ya no es solo creer que los otros están mal pero tú bien… ¡sino que puedas estar bien cuando los otros estén mal!. Si el 69% de personas están sufriendo, a nada que me relaje un poco me doy cuenta que yo no puedo estar bien.
No tener apegos sobre el ellos-nosotros permite estar más allá y justo ahí, tenemos un gigantesco espacio de sabiduría y satisfacción con la vida, incluso en días grises. No se trata de «relajar el stress», se trata de disminuir la rigidez del ellos-nosotros. Cuando atendemos a algo, sea la respiración, el deporte, el movimiento o la música, esas fronteras de diluyen temporalmente y nos sentimos mejor porque no hay tanto que separar, defender y apegarse y tampoco hay tanto que excluir, mostrar hostilidad o apartar.
Si lo traducimos al cerebro sale el funcionamiento clásico de la DMN (Mak et al. 2017), red por defecto que se activa cuando «no hacemos nada», o sea todo el rato :), porque ese no hacer nada es en realidad pensar y pensar… sobre «nosotros» y sobre «ellos». Creo que entiendes que podemos cambiar la atención y esa red se desactiva, pero solo temporalmente, o bien podemos cambiar mis conceptos sobre las cosas y esa red se desactiva, pero de forma más profunda.
En la Comunidad trato sobre todo de abrir los conceptos, no solo de relajarlos un rato con técnicas antistress (que son buenas ¡eh!). Después de más de 30 años sé muy bien que por ahí está el camino. Hay quien prefiere analgesia, relajarse tras el stress, y hay quien preferimos mirar los conceptos con más perspectiva, para no producir el temible stress.
Volvemos el 9 de enero. El día que la mayoría harán planes y metas, nosotros vamos a lo esencial. Ah, y eso no significa que no se logren metas. Lo que significa es que en la consecución de los deseos no pusimos las claves de la serenidad.
Comunidad
Abrazos,
En la citada encuesta el 69% los españoles dicen que España va mal. Pero cuando les preguntaban cómo iban ellos, el 63% decían que su situación personal es buena o muy buena.
Como ves los dos datos no pueden ser ciertos a la vez. Los grandes números siempre dan una información extra muy curiosa. Claro que para eso hay que poder mirarlos sin filias ni fobias. Si un país va mal a tenor de lo que dicen sus gentes, no puede ser que sus gentes estén bien. Esta paradoja expresa una de las barreras que más nos frena: el ellos-nosotros. Pero hay una segunda y es la expresión individualista al extremo.
El ellos-nosotros se ve en todos los aspectos de la vida cotidiana y más en estos momentos. Toda conducta, opinión o experiencia se ha convertido en moral. Ya no es que uno haga lo que necesite sin dañar a otro, es que hay que conseguir que el otro no haga lo que necesita, aunque no nos dañe. La moral debería ser algo más íntimo probablemente, pero no es el caso.
En nuestro cerebro el ellos-nosotros se construye ya en etapas muy tempranas, asegurando rescatar un viejo tribalismo. Buenos son los conocidos y los de mi grupo, enemigos son los externos y ajenos. De ese tribalismo arcaico vienen los sesgos y los prejuicios a los diferentes. Y de ahí surgen emociones sociales interesantes: Schaudenfraude, alegría por la desgracia ajena; Glucksmertz, dolor por el triunfo del otro (se suelen citar en alemán porque en ese idioma hay una palabra específica). Desde aquí puedes entender una vez más porque la empatía, que tan buena prensa tiene, necesita ser vista desde un marco más amplio. Sabemos que la empatía es parroquial, somos buenos y empáticos con los nuestros, no tanto con los otros (Cikara et al., 2017).
El problema es que la frontera de los nuestros estalla por los aires con un soplido. Un día no estás de acuerdo en algo y dejas de ser de los míos.
La segunda conclusión de la encuesta contradictoria puede ser más preocupante aún. Ya no es solo creer que los otros están mal pero tú bien… ¡sino que puedas estar bien cuando los otros estén mal!. Si el 69% de personas están sufriendo, a nada que me relaje un poco me doy cuenta que yo no puedo estar bien.
No tener apegos sobre el ellos-nosotros permite estar más allá y justo ahí, tenemos un gigantesco espacio de sabiduría y satisfacción con la vida, incluso en días grises. No se trata de «relajar el stress», se trata de disminuir la rigidez del ellos-nosotros. Cuando atendemos a algo, sea la respiración, el deporte, el movimiento o la música, esas fronteras de diluyen temporalmente y nos sentimos mejor porque no hay tanto que separar, defender y apegarse y tampoco hay tanto que excluir, mostrar hostilidad o apartar.
Si lo traducimos al cerebro sale el funcionamiento clásico de la DMN (Mak et al. 2017), red por defecto que se activa cuando «no hacemos nada», o sea todo el rato :), porque ese no hacer nada es en realidad pensar y pensar… sobre «nosotros» y sobre «ellos». Creo que entiendes que podemos cambiar la atención y esa red se desactiva, pero solo temporalmente, o bien podemos cambiar mis conceptos sobre las cosas y esa red se desactiva, pero de forma más profunda.
En la Comunidad trato sobre todo de abrir los conceptos, no solo de relajarlos un rato con técnicas antistress (que son buenas ¡eh!). Después de más de 30 años sé muy bien que por ahí está el camino. Hay quien prefiere analgesia, relajarse tras el stress, y hay quien preferimos mirar los conceptos con más perspectiva, para no producir el temible stress.
Volvemos el 9 de enero. El día que la mayoría harán planes y metas, nosotros vamos a lo esencial. Ah, y eso no significa que no se logren metas. Lo que significa es que en la consecución de los deseos no pusimos las claves de la serenidad.
Comunidad
Abrazos,
Dinos que te ha parecido este artículo, Puntúa (DE 1 A 5 ESTRELLAS).

