Buenos días ,
Si te digo que las personas de California sonríen de media más que las personas de Minnesota seguro que no te extraña nada.
En realidad es un estereotipo lejos de la realidad. De media se ríen igual. El calorcito californiano que todos sospechamos como inductor de estados de ánimo tiene el mismo peso que el frío de los bellos bosques de Minnesota.
Hablábamos de éste y otros ejemplos el otro día en una reunión con una famosa investigadora americana de emociones con la que, quizá, quién sabe 😉, hagamos una colaboración de investigación porque resulta que compartimos líneas de trabajo. En Minnesota se ríen mucho, tanto como en California.
Los estereotipos son esquemas, resúmenes, características que percibimos asociadas a grupos o personas particulares. En esa línea la sonrisa, que muchos vinculan con la alegría e incluso con la felicidad es un triple estereotipo. La mayoría de sonrisas tienen más que ver con la seguridad, la afiliación, la recompensa o incluso la dominancia más que con la alegría.
Todos utilizamos muchos estereotipos e implícitamente los aprendemos sin darnos cuenta.
El otro día, en un encuentro sobre Neuroderechos nos mostraron un corto de cine donde en modo distopía «implantaban chips a niños recién nacidos en el año 2069». Estuvimos hablando de neurotecnología en el debate, pero el corto no tenía desperdicio.
Mostraba un estereotipo clásico: la razón malvada, fría y calculadora, separada de los sentimientos, puros, garantes de la esencia humana.
Nada más lejos de lo que hoy sabemos sobre emoción – razón (Compartiré grabación próximamente, estuvo interesante).
Suelo citar aquí muchos de ellos, ya me conoces, en torno a la mente, el 🧠, el desarrollo personal y el comportamiento humano.
Sé de mi limitado alcance porque en general NO por desmontar un estereotipo éste se reduce. Suele ser más sencillo cambiar nuestro pensamiento sobre algo, justificándolo, que la acción.
No pasa nada y soy consciente.
Pero conviene que sepamos que:
del estereotipo al prejuicio hay tan solo un par de centímetros.
Cuando Leonard Cohen, de ascendencia judía, poeta y músico con varias letras religiosas, se encerró 5 años en un templo Zen, probablemente utilizó más apertura que estereotipos para profundizar en una tradición ajena. Por cierto su foto a la salida del retiro rezuma aún silencio, belleza y el tacto sagrado del ahora. Y cómo quiso que fuera su ataúd me habla muy bien de su contacto genuino en el cojín de meditación. Mi familia sabe que Hallelujah es la canción que escucharé mi último día en esta Tierra, quién sabe cuándo.
Cuando Bruce Dickinson, conocido cantante de Iron Maiden, aprende a pilotar aviones, montar empresas y ser en su momento uno de los mejores deportistas de esgrima del Reino Unido, rompe con los estereotipos clásicos de «heavy metal = melenudos y agresividad».
Y un centímetro más allá del prejuicio aparece la discriminación.
- Al obeso por ser obeso como si todos lo obesos lo fueran por ser asquerosamente vagos. En realidad, la heredabilidad es del 73%, pero todavía nos hablan los gurus del «si quieres, puedes» porque el 🧠 se «reprograma». Ayayay…
- Al pobre por ser pobre, donde la aporafobia, ese odio al que no tiene, porque si no tiene es porque no quiere tener y por no usar el club de las 5 de la mañana.
- Al diferente por ser diferente, ya que cómo se le ocurre a uno ser del exogrupo, cuando nuestro grupo es tan bello y especial. No soy pesimista a pesar de que el padre de la identidad social, Tajfel, nos demostró que para rechazar a otro basta solo un pequeño prejuicio: el ser diferente.
A través de la propaganda se van difundiendo estereotipos, que se convierten en prejuicios y que al acumularse, explotan en discriminaciones varias.
En una comida con dos amigos especialistas en Business Intelligence vinculados con la geopolítica y seguridad hablábamos de propaganda. En determinado momento les comenté:
¿hemos considerado aunque fuera por un solo instante en nuestro análisis que esa persona pudiera haber dicho la verdad?
Llevábamos media hora justificando una propaganda, quizá presas de un estereotipo.
Los estereotipos se miden muy bien en el 🧠. E incluso con diversos tests de medidas implícitas. En ellos se ve nuestra disonancia y ambigüedad, esa que olvidan los marketers, pensando que si uno no compra es porque tiene excusas en vez de ver que cognición, afecto y acción rara vez operan al unísono.
Es un estereotipo por tanto, muy peligroso, creer que los gestos y posturas son señales del subconsciente oculto y las palabras viejas traidoras conscientes. Como en el corto de cine, razón malvada (lo verbal) y emociones «corporizadas» prístinas e inmaculadas.
Como puedes sospechar es sencillo ser presa de
Estereotipos, prejuicios, discriminación.
Sonrío en Asturias, no hago mails cortos, medito porque aprendí de maestros genuinos y me encanta el Heavy MENTAL, incluso en Minnesota.
Hallelujah apreciad@ Nombre
Abrazos
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