Prefiero tener razones a ser feliz

Buenas tardes,


De jovencito una amiga me dijo una famosa frase que había leído en un libro – curso que seguía a rajatabla:  «Prefiero ser feliz a tener razón».

La frase tiene su potencia oye. Si uno se empeña en tener razón a toda costa, puede que pierda el tiempo regando el desierto. Pero en ocasiones no es por terquedad del otro, sino propia y lo que suele hacer es racionalizar lo que ve, es decir, justificar sus propios esquemas. Como el mundo es complejo, abierto y variable, defender solo sus esquemas en contra de la evidencia tensa bastante. Ya sabes de ejemplos clásicos: mi partido político, mi país, mi región, mi profesión, mi creencia es la mejor. Hay que racionalizar mucho y eso tensa.

Pero la frase, como metáfora que es, se usa también para lo contrario.

En la mayoría de ocasiones que la he escuchado de alguien lo que hacían era más bien un «Prefiero ser feliz a razonar…» y claro pasado un tiempo uno se estrella contra una pared. No razonar se paga… Esta visión suele provenir de un mal entendimiento de máximas de determinadas disciplinas en las que nos animan metafóricamente a «vivir sin cabeza», «no confiar en el intelecto» y «dejar los pensamientos pasar porque son solo pensamientos». Conviene recordar que también está apoyado por colocar las emociones como el centro de todo, porque «hay que escucharlas ya que dicen la verdad», porque «en los trabajos lo que más cuenta es la inteligencia emocional» (ejem, ejem…) y máximas parecidas.


Mi amiga era de este tipo y pasado un tiempo cuando venían los problemas y la provocaban pensamientos… yo un pelín a contrapelo pero con compasión genuina la preguntaba: «¿cuesta dejarlos pasar ahora verdad?», «¿Debes vivir sin cabeza?», «¿qué hacemos pues?».


Una manera útil de utilizar las frases típicas es darles la vuelta. Salen algunas muy curiosas. Es un juego que conste, no una ley.

Así que jugando mira…

Si usamos «prefiero tener razones a ser feliz», y no viene de ningún libro por cierto sino de mí mismo (no busco el copyright no obstante), surge también algo muy bueno y práctico. Al tener razones, que no razón, o sea al poseer y conocer argumentos, podemos distinguir el grano de la paja. Curiosamente, ese método inquisitorio sobre eso que otros «dejan pasar» es un camino directo a una buena realización y sabiduría. Sin embargo si tratamos de ser felices porque sí, por impostura, por likes y baratijas varias, o por puro hedonismo de buscar lo agradable a toda costa, uno acaba estresado. Esto sí viene reflejado en muchas investigaciones.


Normalmente no se sabe resolver la contradicción entre «dejar pasar los pensamientos» mientras meditamos y hacerles caso las 23 horas restantes. Aún peor  el caso si nuestros pensamientos hablan de nuestro equipo, nación, partido o del «super colegio mega cósmico al que van nuestros hijos con la hiper educación perfecta». Nos gustan esos pensamientos… y NO los dejamos pasar. Soy sincero: no te voy a resolver la contradicción aquí y no por falta de ganas. Es que no es otra frase ni un truco ni un libro, es toda una señora práctica guiada no conceptual.

Mi amiga fue para abajo pasado un tiempo. Otra frase que usaba a menudo es que «todo problema es una oportunidad». La había grabado a fuego. No veía que todo eso era una versión malvada sobre la psique humana que podía mantener un status quo injusto y una falta de visión sobre las diferencias individuales. Defendía que se había motivado con la frase varias veces y que había que luchar y espabilar. Como si todo dependiera de luchar o como si el que lograra siempre es porque lucha poco. Llegó algo que no tenía pinta de ser una oportunidad… y ella ya no me decía «prefiero ser feliz…». Soltó con tremenda fuerza «esto es una putada».

«Buen pensamiento y aquí me tienes» la dije. «Nacerán buenas razones por fin».
Me contaron años más tarde que la notaban muy enraizada, humana y vital.
Creo que al fin viajó de las frases a la vida.
Así sea.

Abrazos,

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