Buenas tardes ,
Si la mañana del domingo tuviera 90 minutos para hablar con el árbitro del España – Inglaterra actuaría de forma muy similar a lo que hice el 12 de julio de 2010, en Sudáfrica, ante la final famosa de España – Holanda.
Aquel día, sí tuve 90 minutos para estar con Howard Webb y su equipo y el cuarto árbitro Yuichi Nishimura. Estábamos en el hotel donde nos habíamos alojado durante 46 días seguidos y tras cuatro años de instrucción ese era el momento cumbre. El trabajo de muchos instructores durante 4 años, el camino donde empezaron 152 árbitros de 152 países terminaba ahí, en una persona, un partido y una vida. Las repercusiones personales, familiares, psicológicas, económicas y sociales de ese partido eran enormes. Para Howard y para todos.
Los instructores técnicos, físicos, médicos y psicológicos fuimos hablando con Howard y su equipo y por supuesto, el director de arbitraje.
¿Qué hice aquel 12 de julio de 2010 con Howard Webb, el árbitro del España – Holanda?
- ¿Hablarle de mentalidad?
- ¿Ponerle a meditar para bajar el stress?
- ¿Enseñarle visualización positiva para que todo fuera bien?
- ¿Hablarle de «foco»?
- ¿Recomendarle que sonriera a los jugadores o que sacara pecho?
- ¿Quizá que pusiera sus manos en las caderas 2 minutos antes del partido y así generar testosterona?
Como puedes imaginar nada de eso…
A veces lo que imaginas que una persona necesita no tiene mucho que ver con la realidad, especialmente, en entornos de verdad, no el mundo redes sociales. Cuesta mucho a veces ver que lo que se dice y propone para la mente de las personas no resiste las pruebas reales. El memento mori del influencer se defecaría en un entorno hostil de verdad.
Si algo aprendí con 152 personas de 152 países durante 4 largos años viajando por todo el mundo es que ninguna técnica, herramienta sirve per se. No puedes ir de teórico proponiendo motivación, mentalidad y buen rollito.
Comprobé día tras día que mitos de la motivación, la atención, o el rendimiento se desvanecían en cuando te ponías a entrenar con alguno de estos monstruos. Eran atletas físicos y psicológicos la mayoría de ellos. Estaban más que acostumbrados a soportar una presión que para la mayoría de los mortales resultaría devastadora.
Trabajaban en un entorno hostil, con jugadores en aquella época dispuestos a mentir, simular, provocar, engañar y presionar mentalmente a niveles que nos sobrepasarían, con periódicos al día siguiente marcando a tu familia, con viajes internacionales, pruebas físicas, tests, seminarios y un sinfín de retos.
La única manera de ayudar a estos atletas era ser humilde, fuerte, paciente y muy astuto, para ir captando necesidades o pequeñas parcelas de mejora. Lo más difícil era, mostrarles que eso podría ayudarles.
Con Howard había buena relación. Era un tipo fortachón, ex-policía en Inglaterra y con el que habíamos trabajado anteriormente precisamente sobre la relación con los jugadores en el campo y la percepción que podían generar entrenadores o público.
Les dejé hablar a los 4 un largo rato y al final hicimos un bello ejercicio. Pedí que me contaran su primer partido como árbitros. A los 12, 13, 14 años la mayoría. Cogiendo una bicicleta 15 kms para llegar al mismo. Ganando cero libras. Narraban partidos en una Inglaterra lluviosa y embarrada sin botas con tacos. Con la ilusión de un niño. Mientras Howard se emocionaba yo me aseguraba que bajábamos la motivación por incentivos. Después trabajamos un recuerdo, que al entrar al campo nos conectara con esa charla. Funcionó muy bien. Pero es que no podía no funcionar.
El resto es historia. Howard lo hizo muy bien a pesar de la dificultad, Iniesta metió el gol y los amantes del fútbol tocaron la gloria. Desde ahí trabajé para la confederación de Asia, luego en Emiratos varios años y los últimos 3 años trabajo en Arabia Saudí para los árbitros de élite, 17 años después de mi primera clase con árbitros de fútbol. Siento que es una etapa que pronto terminará por el devenir del juego pero de la que he aprendido mucho. Colgaré las botas me temo que pronto :).
El equipo de instructores de aquel Mundial de Sudáfrica se disolvió. Jamás volvimos a unirnos, a pesar de los buenos resultados y nuestra amistad. Teníamos un jefe al que NO teníamos que despedir como dicen los marketers, sino sobre todo agradecerle su confianza y apertura. No soy de los que olvidan ni esconden de donde vengo. En todos los países que visité después enseñando por todo el mundo a árbitros de élite, en la primera diapositiva aparece Jose Mª, mi jefe de FIFA y una frase inicial: «Jose, tenemos un problema». Y ahí comenzó todo…
Un gol es un momento, y lo que viene después nunca se sabe.
Si me tocara hablar el domingo con el árbitro francés del España – Inglaterra otros 90 minutos volvería a hacer algo similar. Humildad, nada de «tips», «foco» y similares. No habría técnicas que hacer porque sí. Conectaríamos con ese lugar que no está condicionado por el resultado, la meta y la «productividad». La diferencia con hace 14 años sería que lo haría más convencido si cabe.
El gol como metáfora del misterio.
El árbitro como reflejo de la ecuanimidad.
El instructor como ese que influencia sin que se note.
Tenemos a Lamine.
Canta el pájaro, suena Dylan de lejos y una gota se enamoró del pétalo a veinte centímetros de mi mano.
Abrazos
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