Hola,
El vecino es el hijo del carpintero, así que no puede estar despierto.
Meditar es sentarse con los ojos cerrados y atender a la respiración, aunque si haces eso en la selva te acribillan los mosquitos en un minuto y suena un misterioso Shhh serpenteante. El vecino me lo contó, pero no me va eso. Meditar sigue siendo sentarse y darle a un gong tibetano.
En realidad el vecino ya me dijo también que el cuenco tibetano es un cuenco para la comida allá, y que no tiene propiedades mágicas, ni su acústica tiene mucho que ver con despertar, pero a todos nos gusta nuestro cuenco tibetano y nuestro cojín de meditación con semillas super ecológicas de trigo sarraceno sobre las cuales nuestros afamados glúteos se posarán horas y horas a lo largo de la vida.
El vecino es un poco hortera, medita en una silla de camping, a veces un tanto repanchigado. Incluso dice que mientras la meditación ocurre, se va a hacer running. No puede ser verdad, acaso uno va a hacer running y decide o no meditar mientras corre. El vecino está equivocado.
Meditar es también coger libros, desde tu propia libertad, e ir pillando conceptos para ir aprendiendo. Es eso seguro, aunque curiosamente, en muchas tradiciones no se utiliza libro alguno. Pero será que porque no tenían digo yo. O porque no sabían leer apenas igual. El vecino, cuando le he pedido libros, me recomienda uno de poesía. Creo que es porque no quiere compartirme los libros que tiene sobre la meditación. Si le pregunto por eruditos se parte de risa, pura chulería. Me dice que no diferencio erudición de contenidos de claridad sobre procesos. Si el erudito cree pensar en vez de ser pensado ya no hay espiritualidad ahí comenta. Yo pienso cuando quiero, aunque reconozco que algunas veces parece que el pensamiento va a mil.
Nos mola ser freelance, y a estas alturas, y más con años de práctica, de cursos, de hacer cosas paralelas de inteligencia emocional, de leer, de seguir a influencers, de tomar croissants en los descansos de los cursos no está uno para adosarse ya a una disciplina o sistema. El mundo es abierto, hay mucha información, conviene escuchar todas las opiniones, la verdad es relativa, lo adecuado es ir captando lo mejor de cada técnica, terapia y sistema hasta que uno hace su collage particular.
El vecino, cuando el otro día le comento todo esto, se ríe malvadamente y se encoge de hombros. Dice que no y me cuenta una extraña frase de un tal Suzuki, que seguro aprendió de un libro aunque dice que no, donde desde la cima de la montaña se ve que solo había un camino y no infinitos para subirla.
Me anima a aprender inglés solo con un nativo, y que certifique yo si tiene nivel B1, B2 o C1, no sea que me enseña alguien con un A2 y claro, no aprenda mucho. Un vecino raro, raro, está claro. Y rígido. Pero va de abierto. Le pregunté por meditación y me contesto sobre inglés.
El vecino no viste ropa de algodón especial, ni me saluda con un Namasté. Tampoco dice 3 veces gracias, gracias, gracias sino solo una vez. Se ha vuelto muy normal. Hace cosas muy mundanas, no cree que el mundo esté perdido, ni cree que haya que meditar en las escuelas, insiste en que es más importante aprender matemáticas y lengua al modo tradicional. No hace Yoga ni técnica oriental alguna ya. Come normal, recicla lo normal y no practica sexualidad sagrada. Dice que como todo es sagrado, la sexualidad de siempre ya lo es. Se cuida pero no lo suficiente me temo. No tiene entrenador personal y no toma ácidos grasos tan necesarios para el cerebro. A veces le veo que dice mucho la palabra “no”. Y eso es algo que tiene consecuencias, a saber cuales, pero consecuencias seguro. Lo he leído por ahí.
En una conferencia hace años en la que le invitaron a hablar de meditación junto con una profesora universitaria, no le dejaron hablar. Dice que se lo pasó muy bien escuchando y que no había nada ya que hacer cuando llegó su turno. Que estaba todo perdido cuando se planteó la meditación como algo productivo y cuando los monjes eran «señores con túnicas naranjas» de culturas ajenas y los hombres medicina «indígenas que cantan a la pachamama». Creo que el vecino no tiene ni idea, el ser humano es ante todo progreso y avance. Es innegable.
Le pregunto al vecino por las plantas de poder. Su discurso es totalmente contradictorio. Tiene varios San Pedros en la terraza, planta que contiene una considerable cantidad de Mescalina. La ciencia actual demuestra el enorme potencial terapéutico de estas sustancias. Dice que ando perdidito y tontito con las moléculas y que si un tonto toma molécula mescalínica tonto se queda. No me gusta su tono, pero él es el primero que a veces dice ser muy bobo. No es cierto lo que comenta, basta mirar los efectos sobre la depresión, en donde una toma reduce los síntomas 3 meses. Lo más importante según él, es quién te la da. No tiene sentido, eso sería como decir que el rodaballo de ayer es mejor según el tendero. A la vez reconoce haber tomado muchas veces la citada sustancia. ¿En qué quedamos?
Profesa el vecino un ateismo espiritual, otra contradicción. Dice que no abraza la fe, sino que investiga a fondo la conciencia que no es lo mismo. Que uno se basa en suponer y otro en comprobar y nada que ver. Me cuenta que renacer en la tierra pura es una metáfora Zen que pocos entienden bien. Se refiere según él a un ahora que se siente eterno, pero claramente se refiere a algo que nos trasciende del cuerpo. Me confiesa vivir inmerso en arrebatos de tristeza, que acaban dando sentido a cada instante. Me recomienda descartar radicalmente la trascendencia y abrazar la inmanencia absoluta. El universo no es abundante para él, sino negro, lleno de vacío y frío. Para mí es resonante, te devuelve cosas según vibres y te esfuerces. El me dice que qué le devuelve a los de Burkina Fasso y ahí no sé contestar muy bien pero sigo pensando en que es algo enorme.
Me entreno en autocontrol dando pasos y sé muy bien que quien autocontrol muestra, su vida mejora. El vecino dice que el libre albedrío es una quimera. Le enseño que cojo el bolígrafo porque me da la gana. Me contesta que vaya, porqué no he cogido el cuaderno que había al lado al decidir “libremente” coger el bolígrafo. Reconozco que si estamos despistados nos dejamos llevar por automatismos, pero si estamos presentes somos libres. Dice que confundo presencia – ausencia con libertad y que ya le preguntaré cuando acumule sufrimiento. Y que confunde consciente con despierto y que no es lo mismo. Que cuando soñamos somos conscientes, estando dormidos. Pero en vigilia no siempre estamos del todo conscientes. Y a la vez dice que no todo es consciencia, que eso es un mantra de la nueva era que nadie se atreve a comprobar en realidad. Un lío me hace. Es muy arrogante… No le preguntaré porque es evidente que somos libres gran parte del tiempo.
Trabaja de físico en una multinacional, y defiende la energía nuclear, ¡a estas alturas! No me encaja eso en alguien supuestamente espiritual. Con todo eso ya tengo muy claro el perfil. El vecino no puede estar despierto. Es simplemente un tío raro.
Meditar es sentarse con los ojos cerrados y atender a la respiración, aunque si haces eso en la selva te acribillan los mosquitos en un minuto y suena un misterioso Shhh serpenteante. El vecino me lo contó, pero no me va eso. Meditar sigue siendo sentarse y darle a un gong tibetano.
En realidad el vecino ya me dijo también que el cuenco tibetano es un cuenco para la comida allá, y que no tiene propiedades mágicas, ni su acústica tiene mucho que ver con despertar, pero a todos nos gusta nuestro cuenco tibetano y nuestro cojín de meditación con semillas super ecológicas de trigo sarraceno sobre las cuales nuestros afamados glúteos se posarán horas y horas a lo largo de la vida.
El vecino es un poco hortera, medita en una silla de camping, a veces un tanto repanchigado. Incluso dice que mientras la meditación ocurre, se va a hacer running. No puede ser verdad, acaso uno va a hacer running y decide o no meditar mientras corre. El vecino está equivocado.
Meditar es también coger libros, desde tu propia libertad, e ir pillando conceptos para ir aprendiendo. Es eso seguro, aunque curiosamente, en muchas tradiciones no se utiliza libro alguno. Pero será que porque no tenían digo yo. O porque no sabían leer apenas igual. El vecino, cuando le he pedido libros, me recomienda uno de poesía. Creo que es porque no quiere compartirme los libros que tiene sobre la meditación. Si le pregunto por eruditos se parte de risa, pura chulería. Me dice que no diferencio erudición de contenidos de claridad sobre procesos. Si el erudito cree pensar en vez de ser pensado ya no hay espiritualidad ahí comenta. Yo pienso cuando quiero, aunque reconozco que algunas veces parece que el pensamiento va a mil.
Nos mola ser freelance, y a estas alturas, y más con años de práctica, de cursos, de hacer cosas paralelas de inteligencia emocional, de leer, de seguir a influencers, de tomar croissants en los descansos de los cursos no está uno para adosarse ya a una disciplina o sistema. El mundo es abierto, hay mucha información, conviene escuchar todas las opiniones, la verdad es relativa, lo adecuado es ir captando lo mejor de cada técnica, terapia y sistema hasta que uno hace su collage particular.
El vecino, cuando el otro día le comento todo esto, se ríe malvadamente y se encoge de hombros. Dice que no y me cuenta una extraña frase de un tal Suzuki, que seguro aprendió de un libro aunque dice que no, donde desde la cima de la montaña se ve que solo había un camino y no infinitos para subirla.
Me anima a aprender inglés solo con un nativo, y que certifique yo si tiene nivel B1, B2 o C1, no sea que me enseña alguien con un A2 y claro, no aprenda mucho. Un vecino raro, raro, está claro. Y rígido. Pero va de abierto. Le pregunté por meditación y me contesto sobre inglés.
El vecino no viste ropa de algodón especial, ni me saluda con un Namasté. Tampoco dice 3 veces gracias, gracias, gracias sino solo una vez. Se ha vuelto muy normal. Hace cosas muy mundanas, no cree que el mundo esté perdido, ni cree que haya que meditar en las escuelas, insiste en que es más importante aprender matemáticas y lengua al modo tradicional. No hace Yoga ni técnica oriental alguna ya. Come normal, recicla lo normal y no practica sexualidad sagrada. Dice que como todo es sagrado, la sexualidad de siempre ya lo es. Se cuida pero no lo suficiente me temo. No tiene entrenador personal y no toma ácidos grasos tan necesarios para el cerebro. A veces le veo que dice mucho la palabra “no”. Y eso es algo que tiene consecuencias, a saber cuales, pero consecuencias seguro. Lo he leído por ahí.
En una conferencia hace años en la que le invitaron a hablar de meditación junto con una profesora universitaria, no le dejaron hablar. Dice que se lo pasó muy bien escuchando y que no había nada ya que hacer cuando llegó su turno. Que estaba todo perdido cuando se planteó la meditación como algo productivo y cuando los monjes eran «señores con túnicas naranjas» de culturas ajenas y los hombres medicina «indígenas que cantan a la pachamama». Creo que el vecino no tiene ni idea, el ser humano es ante todo progreso y avance. Es innegable.
Le pregunto al vecino por las plantas de poder. Su discurso es totalmente contradictorio. Tiene varios San Pedros en la terraza, planta que contiene una considerable cantidad de Mescalina. La ciencia actual demuestra el enorme potencial terapéutico de estas sustancias. Dice que ando perdidito y tontito con las moléculas y que si un tonto toma molécula mescalínica tonto se queda. No me gusta su tono, pero él es el primero que a veces dice ser muy bobo. No es cierto lo que comenta, basta mirar los efectos sobre la depresión, en donde una toma reduce los síntomas 3 meses. Lo más importante según él, es quién te la da. No tiene sentido, eso sería como decir que el rodaballo de ayer es mejor según el tendero. A la vez reconoce haber tomado muchas veces la citada sustancia. ¿En qué quedamos?
Profesa el vecino un ateismo espiritual, otra contradicción. Dice que no abraza la fe, sino que investiga a fondo la conciencia que no es lo mismo. Que uno se basa en suponer y otro en comprobar y nada que ver. Me cuenta que renacer en la tierra pura es una metáfora Zen que pocos entienden bien. Se refiere según él a un ahora que se siente eterno, pero claramente se refiere a algo que nos trasciende del cuerpo. Me confiesa vivir inmerso en arrebatos de tristeza, que acaban dando sentido a cada instante. Me recomienda descartar radicalmente la trascendencia y abrazar la inmanencia absoluta. El universo no es abundante para él, sino negro, lleno de vacío y frío. Para mí es resonante, te devuelve cosas según vibres y te esfuerces. El me dice que qué le devuelve a los de Burkina Fasso y ahí no sé contestar muy bien pero sigo pensando en que es algo enorme.
Me entreno en autocontrol dando pasos y sé muy bien que quien autocontrol muestra, su vida mejora. El vecino dice que el libre albedrío es una quimera. Le enseño que cojo el bolígrafo porque me da la gana. Me contesta que vaya, porqué no he cogido el cuaderno que había al lado al decidir “libremente” coger el bolígrafo. Reconozco que si estamos despistados nos dejamos llevar por automatismos, pero si estamos presentes somos libres. Dice que confundo presencia – ausencia con libertad y que ya le preguntaré cuando acumule sufrimiento. Y que confunde consciente con despierto y que no es lo mismo. Que cuando soñamos somos conscientes, estando dormidos. Pero en vigilia no siempre estamos del todo conscientes. Y a la vez dice que no todo es consciencia, que eso es un mantra de la nueva era que nadie se atreve a comprobar en realidad. Un lío me hace. Es muy arrogante… No le preguntaré porque es evidente que somos libres gran parte del tiempo.
Trabaja de físico en una multinacional, y defiende la energía nuclear, ¡a estas alturas! No me encaja eso en alguien supuestamente espiritual. Con todo eso ya tengo muy claro el perfil. El vecino no puede estar despierto. Es simplemente un tío raro.
PD: si te resuena algo de esto, algunas personas deciden dar un paso más hacia el programa avanzado. Empezamos el 25 de octubre.
Objetivo: olvidarse del stress, incrementa tu sabiduría y mira lo que pasa.
Objetivo: olvidarse del stress, incrementa tu sabiduría y mira lo que pasa.
Abrazos,
Dinos que te ha parecido este artículo, Puntúa (DE 1 A 5 ESTRELLAS).

