El cerebro NO te engaña. Es evidente que no, porque NO existe tu cerebro y tú, dado que todo lo que sientes, piensas, seas o creas que seas implica a tu cerebro. No hay 2, sino 1. Miles de experimentos neurocientíficos lo demuestran y miles y miles de maestros de las tradiciones lo vivencian.
De la misma forma no existe eso de que voy a cuidar mi cuerpo.
Porque NO estás tú y luego tu cuerpo, como algo separado.
Ojo, no digo que cuidarse esté mal en absoluto. Digo que al colocar el cuerpo como un objeto, como una máquina que engrasar, como un proceso en desarrollo para «marcar Abs» la persona separa en dos: el cuerpo por un lado y la persona por otro.
Se puede rizar el rizo y partirse en tres.
Entonces va un individuo y te dice que su cerebro le engaña y que cuida o «atiende» su cuerpo.
Gran parte del sufrimiento surge por la separación.
No me extraña nada. Si uno hace burpees y dominadas para mejorar su cuerpo, sigue estando fragmentado (lo he vivido años 🙂 ). Más en forma, pero fragmentado en dos. Y el año que viene más en forma todavía, pero igualmente fragmentado. Necesitado de una imagen corporal X para sentirse «bien». Roto y avergonzado si llega la celulitis, o el michelín. Encadenado por tanto a la separación. Resulta que con menos ansiedad «el cuerpo» funciona mejor.
Insatisfecho con lo que ES, y necesitado profundamente de ser la mejor versión… sin antes saber cuántas «versiones» existen. O cuál de ellas es la genuina y cuáles las que a pesar de tanto cambio, todo sigue igual y la sensación es que «falta algo».
Si uno le echa la culpa al cerebro de todas las partes relativas a sesgos, prejuicios, esquemas, procesos subconscientes porque «me engaña», resulta que el engañado es uno mismo.
¿Habría que «meditar» para salir de esa rueda de hamster de eterna insatisfacción, sufrimiento y comparación ansiosa del uno mismo ahora con el uno mismo más flaco, más madrugador y más bello de dentro de unos meses?
¡¡ Ese yo de 2026 que será por fin el modelo 2.0 perfecto de mí mismo !!
El individuo fragmentado se sienta a «meditar», a leer a «Marco Aurelio» y sigue fragmentado. Aunque hacia fuera intente mostrar una imagen de ánimo perfecta y de que «ha llegado», la fragmentación está ahí.
En realidad no es tanto «meditar» sino deshacer esa absurda separación.
Uno no se vuelve gordo, vago o improductivo cuando te vas dando cuenta de todo esto.
Más bien recuperas tu naturaleza. La mía incluye saltar a la comba, meditar de pie, estudiar neurociencia y comer paellas los domingos.
Pero hay una gran diferencia no en lo que haces sino en lo que eres.
Sin tanta separación hay más coherencia, muchísima más fuerza, serenidad y claridad. Y mucho, mucho, mucho, mucho menos sufrimiento.
De ese que no se cuenta, de ese que se disimula, de ese que se lleva en silencio porque no le gusta al Yo que todo lo separa.
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
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