II – Reflexiones olímpicas París 2024

En los años 80 y 90 hubo una fiebre por las artes marciales. Los gimnasios punteros en Madrid en aquel entonces estaban en Vallecas, Usera, Aluche y Latina. De ahí veníamos alguno :). Cuando tenía 18 comencé a entrenar Taekwondo. Por las mañanas temprano practicaba Tai Chi y a la tarde noche le daba duro a las artes marciales externas, como así se llamaban.

Estábamos encantado con nuestro profesor.
 Había sido varias veces campeón en Estados Unidos y tenía una habilidad prodigiosa. Entrenábamos muy muy duro, hasta la extenuación, 6 días por semana. En el gimnasio nació un buen equipo de competición que tenía peleadores en todas las categorías de peso. Teníamos entre 16 y 24 años de edad. Fuimos ascendiendo y ganando muchos torneos convirtiendo el gimnasio en un museo de medallas y copas. Nuestro sueño era el campeonato de España y más allá claro. De vez en cuando en un torneo aparecía algún gimnasio desconocido, de barrios menos conflictivos. Uno llamado Hankuk era el hazmerreír entre los gimnasios tradicionales de «raza». Allí entrenaba Jesús.

En realidad el Taekwondo se estaba convirtiendo en un deporte más de técnica concreta y habilidad que de fuerza y potencia, que es lo que nosotros solíamos entrenar. Alguno de mis compañeros en los campeonatos de España, comprobaban esta diferencia, pero no le sabíamos poner nombre. Dos veces lo viví también en un campeonato de España universitario. Perdías pero no sabías qué había pasado.

Es muy curiosa por cierto la percepción del stress real en un combate. Ya sabes que quien te enseñe relajación más te vale que antes haya vivido un infierno, para que sepa de qué habla.

El caso es que cuando algo fallaba, repetíamos lo que sabíamos, que era entrenar como bestias. Con superación y esfuerzo se llega al infinito pensábamos jejeje.

Dos compañeros míos hicieron amistad por aquel entonces con Jesús, que tenía ya  unos 28 años y que además de pelear muy bien, mostraba un carácter muy abierto. Varias veces coincidí con él en la selección de Madrid. Era un chaval encantador, de ojos muy abiertos e intensos, llenos de interés. Pertenecía a un gimnasio sin «raza» pero siempre comentaba sobre rutinas, técnicas y entrenamientos. Mis dos compañeros fueron a entrenar con él tres semanas por las mañanas. Les gustó mucho porque Jesús les enseñó aspectos de la estrategia que desconocían absolutamente. No era un detalle menor. Desde fuera, como en cualquier disciplina todo vale, pero cuando das con el profesional que sabe de verdad te abre un mundo. Y en deporte, educación o en la mente humana se da probablemente más que en otros sectores una ceguera sobre el verdadero experto.

El caso es que aquel hecho, cuando se enteró nuestro profesor, derivó en un castigo. No podían competir durante 4 meses. Buff, eso se sentía durísimo para ellos.
Era la época donde uno no elige profesores porque «le caen bien», o porque los busca en youtube.
Era también la época en la que la fidelidad y el respeto al que enseña eran totales.  No como ahora 🙂 :). Yin y yang por tanto, nada es perfecto.

Lo nuevo, el discernimiento, el conocimiento genuino, lo auténticamente disruptivo, o lo verdadero suelen ir acompañados del agravio cuando éste atenta contra estructuras fijas y sus apegos. De Jesús se decía de todo: «es un gilipollas», «un creído…, y la más habitual «un flipado». A espaldas claro, como siempre.

Flipado no. En realidad era un adelantado. Uno de los que no tenía apego por un deporte de fuerte contacto que se estaba transformando en un algo muy diferente.

Jesús está en París 2024 en la foto de arriba, 34 años después, como entrenador de campeones del mundo y atletas olímpicos.  Al ver alguno de los combates en estas olimpiadas, en efecto no se parece nada a lo de aquellos años. Lo que no supimos ponerle nombre, Jesús le puso discernimiento.

Me ha encantado verle ahí,
 en la ceremonia de cierre de París 2024, como maestro de atletas. Le he aplaudido desde casa y le he contado esta historia a mi familia.

La verdad duele a aquellos que se aferran a eso que ya no sirve o que intentamos disimular sus evidentes grietas. Te pueden llamar chulo y arrogante en el proceso. Puede formar parte.

Mi profesor era magnífico, un fuera de serie, pero quizá no para el tiempo que se estaba gestando.

No todos los cambios son avance. Creo que este Taekwondo es mucho menos interesante y vistoso que el de los años 80 y 90.

Que sea para bien o para mal, no debe despistar de que

lo que NO podemos hacer es negar el cambio
, no verlo, no ponerle nombre.

Adaptarse, discernir, saber esperar la oportunidad, no resistirse por apego, da sus frutos.

Siempre nos quedará París dijo la película. A Jesús seguro. ¡Enhorabuena!

Abrazos


En unos días:
Reflexiones Olímpicas Paris 2024 (y III)
Ni USA ni China son los mejores del medallero.
Y verás porqué no es una opinión sino un análisis.

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