I – Reflexiones olímpicas París 2024


Política y deporte. Siempre han estado unidos. Parece que todo gobernante aprovecha éxitos deportivos para adosarlos como propios (Hitler, 1936 uno de los primeros). No importa si ese deporte apenas fue escuchado o apoyado. El poderoso lo anota como un triunfo propio. Es un fenómeno similar al conocido como criptoamnesia social, por el que las mayorías hacen propios los esfuerzos y triunfos de las minorías a las que por fin acaban de escuchar. Aún así, que feo es que los poderosos reciban a los deportes mediáticos y pasen de largo a campeones desconocidos, pero campeones igualmente.

Lo que no es tan habitual es la dirección contraria: que el deportista se posicione políticamente.
Me da igual que sea:

  • uno que da la mano al presidente de su país con desdén y sin mirarlo
  • o una que se posicione en contra del racismo con bromas sobre blancos.
    Tengan o no razón, ahí no me meto, a ambos les van a caer una sarta de insultos por un lado y aplausos por otro.

Pero lo peor son los seguidores que, presas del tribalismo, se ciegan ante uno y odian al otro. Nada nuevo: el cerebro forma oxitocina amorosita con los tuyos y ella misma sirve para producir agresividad contra los diferentes. A veces hablamos a nuestra audiencia como consejo de marketing. Jeje, el cerebro social nos explica que no siempre es lo más adecuado.


Visualización mágica.
Da igual que lo expliques, lo argumentes o lo demuestres. Las creencias no se eliminan con los argumentos porque precisamente la creencia no necesita razones para aparecer. Una conocida atleta visualizaba unos días antes junto a su «coach» el triunfo, el salto, la medalla y el logro. La evidencia nos sugiere visualizar acaso un gesto técnico, que es algo que el cerebro ya domina, y de ese modo activar corteza premotora y suplementaria entre otras en el cerebro.
El salto no fue muy allá.
Una deducción perversa podría decir que la atleta entonces no visualizó correctamente. Es la que te cuentan algunos y así te culpan y sigues en la rueda. Una deducción más sana es que no solo de visualización vive el cerebro, ni tampoco el atleta. El fallo no fue por la visualización, pero ¡tampoco lo es si triunfa!
Ganar es más complejo en definitiva.
Da igual, alguno seguirá diciendo que hay que visualizar.


Buenismo y la medalla por pena. El Olimpismo trata de reflejar un sueño que a todos nos gustaría que fuera cierto. No es otro que el esfuerzo garantiza resultados y éxitos. En realidad ya sabemos que de meritocracia nada (no me lo politices, lee a Michael Sandel para ello) y acá tampoco, en tanto, los atletas olímpicos son la élite de la élite física. Acá solemos pensar que lo que les diferencia es su capacidad de esfuerzo, pero eso es trampa, porque también el esfuerzo, como la inteligencia o la habilidad matemática, tiene su componente genético.
No obstante partimos del sueño olímpico meritocrático. Solo desde ahí se puede entender que cuando un deportista se lesiona, se pida por parte de una federación que ¡se le conceda una medalla de todos modos!
El buenismo a sus anchas. Si por méritos fuera tú y yo también estaríamos en el Olimpo. Estamos en el ahora que no es poco :).


Puedo porque pienso que puedo. Es el título de un documental de una super campeona, que no se mete en el barrizal de la política y deporte, y que sin duda por méritos y talento lo merece todo. De hecho se lleva el cariño de la gente, de casi todos, algo que en esta época es una utopía.
Pero el título es aberrante. Supone de nuevo un esquema centrado en el individuo, «si quieres puedes», que demoniza la sociedad en dos: los que tienen agallas, ovarios y testículos y el resto cobardes y débiles.
Sí claro que hay gente alguna gente con muchas agallas y alguna gente muy cobarde. Pero hay muchos más factores que explican la varianza de esa variable.

En realidad ya sabemos que cuando uno puede porque piensa que:

  • puede tocar el violín como Malikian,
  • graduarse en ciencias de la computación en Harvard,
  • resultar tan atractivo que uno pueda ser pareja de Eva Mendes
  • va a ser astronauta como Pablo Álvarez o Sara García…

uno lo logra ¡simplemente porque piensa que puede!
(por cierto Sara explica muy bien como lo suyo no es solo de «mentalidad» ni «mérito»).


Es tan sencillo lo de conseguir todo eso que NO entiendo como todos los que piensan que pueden porque piensan que pueden no producen música, literatura, arte, ciencia o magníficos inventos. O se casan con la Mendes o el Pitt que no están nada mal.

El caso es que desgraciadamente la vida manda y la incertidumbre lo baña todo. La deportista se lesionó, a pesar de que podía porque pensaba que podía. Lo que no vemos es que hay miles de lesionados no en una final, sino en semifinal, cuartos, en campeonatos continentales, nacionales, autonómicos y locales.

Reflejar la punta del iceberg como resultado en vez de como excepción es un engaño para el pueblo.

El que está arriba, cree que se debe a su esfuerzo. Lo que no ve, es que muchísimos se esfuerzan.

De ahí que es tramposo el «si lo hago tú también» o el esperpento de «gano 200K, sígueme» de los tiempos actuales.

Las ecuaciones de la vida son complejas. Punto.

Guarda esto: Hacemos bien explicando el camino, no la meta.


Orgullo vicario en las salchichas. Un anuncio de TV me ha hecho mucha gracia. Aquí uno tumbado en el sofá, consumiendo pavo frío y salchichas mientras me lleno de orgullo (vicario) porque otros míos triunfan.

Es una de las emociones que investigo en el cerebro. Justo este semestre he estado analizando datos y sí, es como el orgullo grupal (donde tú si participas) o el llamado orgullo auténtico (donde eres el único en la acción). Lo que pasa es que tiene menor intensidad.

Siempre he pensado que el vicario es una manera de sentir una de las emociones más chulas, el orgullo auténtico, pero también más difíciles (conlleva talento & esfuerzo). De modo que vicariamente, a través de otros, la generamos. Un consuelo vamos.

Pero no esperaba verlo en un anuncio de salchichas y lonchas de pavo. Por cierto, solo sobre orgullo vicario se puede construir tribalismo, odio al diferente, cancelar opiniones que no gustan o expulsar de la faz de la tierra a los que no son tan puros como nosotros.

Trabajemos más el orgullo auténtico, que nos irá mejor que con las salchichas.
A menos que aprendamos que se puede apoyar a los propios, tanto como reconocer a los que son mejores (o diferentes). O sea un francés que va con Francia, pero flipa con los triples de Don Stephen Curry. Eso es espíritu olímpico.


El mal perder. Alucino como hay deportistas que tras la derrota son capaces de felicitar al instante al oponente. Chapeau por su autocontrol. Es muy buena imagen social. Que tomen nota los políticos. Pero entiendo también a los que les cueste, a los que se enfadan o hasta dan un raquetazo. Existen diferencias de personalidad y no pasa nada. Mejor entender las diferencias que un buenismo uniforme con emociones de «inside out» por favor. A mí por ejemplo me gustaba el tenista Mc Enroe, uno tiene carácter oye.

Luego hay otro mal perder, desde la palabra, que denota algo más feo me temo:

  • «Yo no fallé, ella acertó», no es precisamente una muestra de capacidad autoreflexiva.
  • «Ellas no saben jugar», las que te han metido 4 goles, suscita respuestas y memes, tantos, que está todo dicho con el mal perder.

Mejor el de Mc Enroe la verdad.


Biólogos en el Bar (XX y XY). La genética no es democrática. Siempre digo que no gusta ni a la izquierda ni a la derecha, por motivos diferentes. En la universidad en psicología cuando me toca explicar su peso, ando con cautela porque desata cierto pesimismo y fatalismo. Creemos en la tábula rasa de «todos somos iguales al nacer» y cuesta superarla. El caso es que con dos boxeadoras se ha armado la marimorena. Tanto que han salido más expertos biólogos que virólogos en el COVID 19 y ya es decir.
El cerebro se pone nerviosito ante lo ambiguo. Bueno, en realidad no es el cerebro, son las personas, pero decirlo es muy directo.
De modo que nos sale ese biólogo de bar donde alguien es mujer porque tiene genitales de mujer, o DNI de mujer, o en realidad es hombre porque tiene testosterona o cromosomas XY.

¿Qué sucedería si fuéramos capaces de no opinar, no sentenciar, escuchar de los que saben e incluso aceptar que pudiera no haber una explicación sencilla o una decisión perfecta? Pues nos iría mejor pero el «cerebro» quiere conclusiones finales y sencillas. Con dos cojones o dos ovarios, nunca mejor dicho.

No te doy la respuesta al «problema» como ves. Lo que propongo es una aproximación que no busque una respuesta simplona porque esa es seguro que está equivocada.


Triunfar con TDAH y depresión. El vencedor de 100 metros dijo esto en X: «Tengo asma, alergias, dislexia, TDAH, ansiedad y depresión. Pero te diré que lo que tienes no define lo que puedes llegar a ser. ¡¿Por qué no tú!?»

La parte buena es que éste, el más rápido, explica muy bien que no hace falta ser perfecto. Ya es hora. Me encanta que el chico no haga autoayuda. Simplemente corre como un gamo y es humano, imperfecto pero veloz un rato. Yo le contestaría que no, no obstante. No tengo genes para bajar de 12 segundos en los 100 metros. No sería un buen velocista, aunque echarse un sprint es maravilloso.


G.O.A.T. En grecorromana un gladiador cubano ha ganado su quinta medalla de oro consecutiva y por tanto es el mejor atleta olímpico de todos los tiempos.
Se despidió majestuosamente. Me encantó.
Saludó, se inclinó en las 4 direcciones, besó el tapiz, se arrodilló y se quitó las botas de Lucha y ahí las dejó. El deporte más antiguo, el del Olimpo. Hasta allí ascendió el gladiador. Pocos, muy pocos, se escapan por el cielo, solo los Dioses. Es hora de descansar dijo. Allá le esperan Zeus y Hera.

Abrazos

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