La estupidez parece que crece (II)

Hemos visto inteligencia. Hoy toca estupidez, una epidemia actualmente.

OJO: soy el primero que a veces me puedo contagiar de esta epidemia. Creo que no somos tan culpables sino que el sistema lo premia.

La tecnología avanza, el acceso a la información se democratizó, el pensamiento crítico bajó y la mediocridad intelectual ya da puntos. La estupidez se ha institucionalizado de formas antes impensables. Ya sabes que estamos en una abundancia informativa pero que NO parece que se haya traducido en una sociedad más sabia, más reflexiva o más inteligente.

Fenómenos estúpidos podrían ser la polarización política extrema, las teorías conspirativas extremas, el rechazo a la evidencia científica, últimamente de moda. Pero también a nivel individual podrían ser pasar horas consumiendo información irrelevante, capciosa, falsa o sencillamente inútil, o defender a muerte que «el vacío cuántico es el espacio de la abundancia cósmica» mientras te afanas por llegar a fin de mes.

La estupidez no es simplemente la falta de chispa o conocimiento. Ojalá fuera eso porque sabríamos cómo aplicar un efecto Flynn positivo. Es algo más insidioso y destructivo.

Ya lo decía Carlo Cipolla, economista italiano, que «la probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona». En efecto. No tiene que ver con la inteligencia o la educación. Hay gente muy inteligente y a la vez conspiranoica o hasta académicos presos de ideologías.

Sospechas bien que si no pones la inteligencia a cuestionar creencias, éstas harán de las suyas.

Para este economista hay cuatro tipos de personas:

Los inteligentes, benefician a otros tanto como a ellos mismos. En realidad serían los sabios.
Los ingenuos, que se perjudican a sí mismos mientras benefician a otros. Los bandidos, que se benefician a sí mismos mientras perjudican a otros. Los estúpidos, aquellos que se perjudican a sí mismos mientras perjudican a otros.

Es genial el análisis porque evidentemente la proliferación de estupidez hace que los bandidos campen a sus anchas. Compruebo una y otra vez que muchas veces somos ingenuos.

Pero cuando caemos en la estupidez el peligro es mucho mayor, como argumenta Carlo y estoy 100% alineado con esa visión de peligro. No puedes hacer nada, o casi nada: la persona está ahí perjudicándose y perjudicando. A veces habla y habla, se autoexplica y no te deja ni un pequeño hueco: “ya sabe”. Comparte la estupidez y la hace crecer.

Las redes sociales favorecen la estupidez y lógicamente a los bandidos. No porque la gente sea tonta recuerda, sino que porque se premia la tontuna y el humano es sensible a castigo/recompensa.

Los ingenuos o los inteligentes no lo tienen tan fácil. Les cuesta mucho el insulto, la mentira, o el autoengaño. Es mentira por tanto que alguien honesto y amigo de la verdad tenga las mismas oportunidades en un entorno que premia la mentira y el «clickbait».

El video de instagram de más “éxito” (tristemente) en mi perfil es uno donde durante 3 semanas seguidas recibí insultos, mensajes privados de amenaza y llamadas telefónicas incluso. Cuanta más emoción más viral, más lo premia el algoritmo y más gente se anima. No solo eso, llega más a quienes ya insultan. Cóctel molotov. Si le pasa a un chico de 14 años, difícil manejarlo.

Mi pecado: decir que la teoría de Penrose Hameroff no explica la consciencia ni la “supraconciencia” de moda en lo que es una clara manipulación de la ciencia y la evidencia dentro de una estrategia, probablemente no malvada pero sí sesgada, de evitar información contrastada.  Por tanto una acción reprochable y denunciable, que no un juicio a las personas.

¿Me atacó gente «mala»? En absoluto. De hecho varios pidieron disculpas al no caer en su insulto y estoy seguro que es gente entrañable la mayoría.

¿Alguien argumentó algo a favor de Penrose y sus microtúbulos? Pues no. Nadie. Tela.

Me atacó en realidad gente muy muy apegada a un endogrupo de creencias esotéricas, eso sí.

Este devenir de la estupidez me recuerda a las distopías de juventud que acompañaban a los clásicos del taoísmo filosófico.

En «1984», Orwell presentaba una visión de la sociedad donde la estupidez es cultivada y mantenida a través de la manipulación totalitaria de la información y la realidad misma. En ese libro, el Partido utilizaba telepantallas para bombardear a los ciudadanos con información diseñada para distraerlos de problemas reales.

¿Te suena la cultura de la celebridad donde se atiende estúpidamente a gente por el hecho de ser célebres porque sí? ¿Qué tal una misma noticia observada desde El Mundo o El País? ¿Cómo analizar que tenga más éxito televisivo un combate de boxeo cutre entre dos youtubers que entre dos atletas profesionales?

Te guste o no el boxeo, es una señal entre tantas de que la mediocridad goza de buen status. Las respuestas en gran parte están en el cerebro social.

Quizá “Un mundo feliz” de Huxley lo explica aún mejor. No es tanto opresión sino entretenimiento. El famoso soma era una droga perfecta que proporciona todos los beneficios de las drogas  sin ninguno de los efectos secundarios negativos. Curioso que las drogas actuales que más merman la empatía sean las más aceptadas socialmente. Puro soma. Venga ¡a consumir para estropear la empatía!

Huxley también avisaba de la “educación”. Preparar a la gente para roles económicos específicos, ¡nada de formación para el pensamiento crítico!

¿Te suena la tontuna de que la educación no sirve porque no garantiza el trabajo? Como si el mercado laboral dependiera de tu profesor del instituto.

En “Un mundo feliz”  las relaciones profundas, el arte serio, y el pensamiento complejo son desalentados en favor de placeres superficiales y entretenimiento fácil. No se animaba a la gente al esfuerzo intelectual o emocional significativo. Ese texto me inspiró para el subtítulo de Mente Salvaje. Hay mucho ruido.

Una obra maestra más. «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury es más útil si cabe para entender la estupidez. Presentaba una sociedad donde los libros son quemados no por un régimen totalitario, sino por una población que ha llegado a verlos como irrelevantes, aburridos, u ofensivos. En esa sociedad nadie tiene tiempo para la reflexión profunda. ¿Te suena abrir mails y leer en diagonal?

Los libros eran condensados en resúmenes cada vez más cortos hasta que finalmente son eliminados por completo en favor de entretenimiento que no requiere esfuerzo intelectual.

En estos años he visto ese tipo de estupidez: pagar un dineral para que alguien haga una selección absurda de libros para el “crecimiento personal” pero darte los resúmenes para que vayas al grano. El bandido que lo promueve se llena de billetes y los alumnos pasan al gremio de la estupidez. ¡Y diles algo!

En «Fahrenheit 451″además eran quemados porque tenían ideas que podrían ser controvertidas u ofensivas. ¡Nada de enfrentarse a la  incomodidad del debate y la discusión! ¿Te suena?

Ayer leía a un bandido que decía: “tú verdad es tu verdad y mi verdad es mi verdad. Es cuestión de perspectiva”. ¿Se puede ser más caradura?

Los libros habían muerto allí en favor del entretenimiento.

¿Te suena la gamificación de la enseñanza? ¿A quién demonios se le ha ocurrido que los colegios tienen que ser casi parques de la Warner? Desde luego a nadie que comprenda cómo son los procesos de lectoescritura en el cerebro. ¿Qué hacemos cuando una ecuación diferencial no la comprendemos y no nos resulta divertida la sensación? ¿Dejamos las mates?

Del teatro griego al anfiteatro romano.

En octubre pasado estuve en Sicilia en un congreso de emociones presentando una investigación. Allí está Selinunte, un complejo arqueológico de Sicilia donde se conservan templos y teatros griegos. Creo que hemos olvidado el teatro griego, ese que estaba siempre en la naturaleza (el de Selinunte es de los pocos que no tiene vistas directas al mar), que era participar en la construcción social y que como acto comunitario se reflexionaba sobre dilemas éticos, políticos, mitos y la condición humana.

Ahora tenemos “anfiteatros romanos”, con arenas para la expresión de emociones primitivas, confirmar sesgos, demonizar diferentes y favorecer «pseudo-debates»de tertulianos o entrevistas infinitas donde nunca hay cuestionamiento.

Preguntémonos.

¿Qué hacemos? ¿Cancelar la estupidez? ¿No hacer nada? ¿Dejar que muera? ¿Denunciar a los bandidos? ¿Dejar que el «mercado»se regule solo?

Quizá sirvan algunas de estas directrices.

1 Desarrollo del pensamiento crítico. O sea, aprender con los que saben dado que no se puede aplicar “pensamiento crítico” sobre materias que no domino. Eso sería estupidez.

2 Principios taoístas :). No se trata de sumar sino de quitar. No más información sino menos, pero buena. Si coges mucha información dado que la mayoría es mentira, aumenta la estupidez.

3 Mentira por defecto. Dado el número de bandidos y de estúpidos que podemos caer en sus redes, nada es cierto por defecto. Es falsa la frase “no tengo que demostrar nada a nadie”. Si una señora dice que es neurocientífica debería poder ser demostrable. Cierta transparencia y procesos de veracidad son necesarios. No es desconfianza ciega, sino que la carga de la prueba recae en quien hace la afirmación.

4 Tolerancia de la incertidumbre. No en plan marco aureliano neo estoico pop, sino desde la visión profunda meditativa. No es que tengas poco control, es que hay que descubrir quién es y qué es eso que cree tener control. Sin eso, sufrirás de más.  Tiene que ver con todo esto porque mucha estupidez surge ante la ignorancia de la naturaleza de la mente.

5 Valorar la realidad imperfecta sobre la virtualidad perfecta. No me inspira la vida de ninguna persona “exitosa” aunque disfrute de saltos, cuadros, libros, goles y canciones de cualquier genio. No busco ídolos ni motivación de frases de lunes. No sigo ningún «tip». Mi abuelo trabajó después de jubilarse hasta los 73 años.

Daba de comer a un mendigo con enfermedad mental 3 veces al día, desayuno, comida y cena. Es lo que hay que hacer decía. El hombre medicina me ayudaba cuando nadie estaba. Lo tengo todo por tanto.

La gente perfecta está en las revistas del corazón. La real, en la vida.

Los bandidos, por todas partes :).

6 Defender el debate y la razón. La razón no es perfecta, pero mucho menos lo son las emociones. No hay que cancelar la estupidez, hay que favorecer la sabiduría. Hay que preguntar a los bandidos y que expliquen sus argumentos.

Sin apego, sin quemarnos en ello, pero jamás la estupidez trajo soluciones.

No serán los de la manifestación cuántica y la ley de la atracción los que solucionen las olas de calor o los incendios.

¡Soy optimista!

La gente no es estúpida, pero nos meten ahí sin darnos cuenta.

Hay mucha gente buena presa de la estupidez.

He visto a miles de estafados en los últimos años que compraron promesas vendidas por bandidos.

En unos años la gente estará tan harta que valorará procesos que garanticen cierta transparencia, mérito, posibilidad de mejora y discernimiento. Espero…

Bueno todo esto para decirte que la estupidez no es la ausencia de inteligencia sino una conducta que nos perjudica a todos. Y que como dijo el economista italiano, es muy muy peligrosa.

En la siguiente entrega me pongo ácido, o corrosivo si quieres. Tras beber un litro de aceite de ricino te voy a nombrar 7 estupideces de los últimos meses. Muy peligrosas. Para los bandidos o los del autoengaño seré un malvado, pero al menos no seré un estúpido.

Serie «Inteligencia y estupidez»: I. ¿Está bajando la inteligencia? · II. La estupidez parece que crece · III. Siete estupideces peligrosas

Dr. Jose Sánchez

Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».

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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.

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