Un día a las 7.30 a.m. me dio por meterme en la mente de Juan.
No te puedo decir cómo se hace, pero créeme que ahí estaba.
Juan meditaba 40 minutos a la mañana.
Le habían dicho que había que dejar pasar los pensamientos como si fueran nubes en el cielo, sin prestarles atención especial, sin juzgarlos, y atendiendo amablemente a su respiración.
Dentro de su mente se veía que sí, que en general los dejaba pasar.
Al inicio aparecían todas las tareas del día,
recoger a los niños del colegio,
presentar el informe en el despacho,
recordar a su mujer que esta tarde tienen que reservar sí o sí el hotel de dentro de 3 semanas.
Juan, con sus más y sus menos, los dejaba pasar.
En ocasiones notaba una gran relajación. Un espacio interesante de paz sin motivo ni logro.
Cuando terminaba empezaban las tareas.
Yo seguía dentro de su mente así que podía ver lo que ocurría.
Me resultó muy chocante que Juan, que dejaba pasar los pensamientos como nubes en el cielo a las 7.30, a las 9.15 juntaba las nubes y creaba truenos. A esa hora sus pensamientos SÍ eran muy importantes.
¿Sabes por qué?
Porque los sentía como importantes, suyos, libres, generados por sí mismo.
Si a las 7.30 eran pocos y lentos, a las 9.15 eran numerosos y a toda pastilla.
Busqué en sus recuerdos, en sus cursos, en sus tutoriales, en sus libros leídos, en sus aprendizajes… y no encontré que nadie le hubiera explicado que eso es una contradicción a resolver.
Que NO se puede tener a la vez APEGO y NO APEGO.
A la tarde discutió por el tema del hotel.
No se entendió con su mujer por esa tontería. Ambos se enredaron un poco. Nada grave ni anormal: relaciones humanas.
Pero Juan, aunque no lo decía, se sentía un tanto inútil:
«Joder, medito y discuto. Llevo bastante tiempo y sigue habiendo muchas emociones. A veces me duele la cabeza. O la espalda y el estómago pero como bien».
Optó por otra práctica a las 18.00. Tenía un ratillo antes de ir al gimnasio. Los chavales estaban haciendo los deberes.
Se puso a visualizar…
Yo que estaba dentro de su mente aún, aluciné.
Intentó enfocar la atención en que todo irá bien, la familia riendo, el trabajo fluyendo. Soy sincero, no le pillé visualizando Money ni Abundancia, lo que habla bien de Juan la verdad.
¡¡Sus neuronas estaban hechas un lío!!
A las 8.15 bastaba estar vivo. A las 9.30 generaba tormentas. A las 18.00 empezó a imaginar un nuevo cielo, el cielo del futuro, porque éste, el que da Vida, el que es tal y como ES, no es suficiente. A las 19.30 se impacientó porque su hijo iba a paso tortuga mientras que le esperaba en doble fila con el warning.
A las 21 puso las noticias. Su mente soltó tres veces «pero qué hijo de puta» al político que aunque lo hiciera bien nunca votaría por «valores». El problema no era analizar el hecho sino decirle al hipotálamo que pusiera todo el sistema en modo amenaza.
El día no había terminado. Juan se hablaba así mismo.
Había una pedazo de nube que comentaba el cielo.
Se sentía cumplidor, «bueno he meditado luego cuidado mi espiritualidad. He cuidado mi cuerpo en el GYM. Voy a cenar poco y cuidar mi dieta».
La nube hablaba y hablaba… y no sabía, ni quería, dejarla pasar.
Era tarde.
Me parecía muy íntimo entrar en sus sueños y me salí de su mente.
Juan lleva años así. Con nubes, con cielo, con truenos, con nube CEO que habla, con nubes del futuro y del pasado.
Pero yo que he estado dentro de su mente, sé que necesitamos ordenar muchas cosas, para bien de su cielo y paz de sus nubes.
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
Si esto te ha servido...
Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.