El arte de la disculpa (I). Rey Emérito

Te habrá pasado que alguien te pide disculpas y en vez de disminuir el conflicto, sientes que éste ha aumentado. Las disculpas no han sido buenas y no es por capricho. Sientes que no, que falta algo y que en realidad la persona no se hace responsable. En mi caso es un antes y un después, porque de producirse sé que no le importo al otro lo más mínimo y si no le importo no valgo para mantener una relación o una colaboración. No me hunde ni me rompe la dicha, pero sí me condiciona y deja en standby en esa relación a la espera de la resolución. No entierro sin integrar antes y desde el cerebro tiene sentido curiosamente. El caso es que virtud o defecto, necesito vínculo y cierto afecto. Esta serie va sobre ese tema. Precisamente porque muchas veces no sabemos pedir disculpas.


Aviso a navegantes: voy a hablar hoy del Rey Emérito y el elefante, mañana de Bush, Blair y Aznar, también de la policía de Londres, de los de los ERE,s socialistas de Andalucía, de uno de IU y las tarjetas black, también algo de catalanes y el Palau de la Música y luego ya historias más interesantes de gente como tú y yo. Te lo digo por si nombrar a alguna de estas personas como ejemplos erróneos de pedir disculpas implica un sacrilegio en tu sistema de creencias. En ese caso no sigas leyendo, y abajo del todo pulsa en «cancelar suscripción». Bueno pulsa aquí ya mismo si quieres: «Cancelar suscripción». No busco seguidores así que dale al botón a la mínima que te moleste.


Y ahora ya que podemos respirar y analizar con calma y sin apegos vamos con la CULPA y la DISCULPA.

La culpa es una emoción curiosa (si quieres leer mis investigaciones sobre ella aquí lo puedes hacer.)  Acá miramos cosas interesantes y muy prácticas. Te resumo:
a. que tenemos que distinguir entre la culpa interpersonal y la culpa deontológica (luego te cuento).
b. que no hay culpa sin empatía previa
c. que la culpa es un gran ejemplo de la unión emoción-razón
d. que es una emoción necesaria y buena. Sí, sí.
e. que no puede haber disculpa sin culpa, o sea, sin malestar.

y te añado una más f. que la disculpa es un arte y hay que saber cómo se hace.

La interpersonal es la culpa que sientes cuando haces algo que perjudica, daña o lastima a otro. La deontológica es intrapsíquica, esa culpa un tanto absurda contigo mismo, hayas hecho o no hayas hecho nada a nadie. Es la que surge en esas personas que se sienten culpables por hablar, por no hablar, por ser, por estar, por vivir casi. Es destructora…

Pero la interpersonal debería crecer y mucho. Fundamentalmente porque ni Dios pide ya disculpas, lo cual genera grandes problemas. Algo mucho peor es no manejar el arte de pedir disculpas del que hablaremos estos días.

Vamos con el Emérito. Parece que lo de matar al elefante de vacaciones con la amante y el país sufriendo deshaucios no era un gran ejemplo. Tanto que ostras, tuvo que salir, nunca sabremos si por iniciativa propia o consejo de asesores a pedir «disculpas».

Si el párrafo anterior duele mucho tienes dos opciones: esperar a que me meta con algo del bando opuesto pronto o cancelar suscripción aquí.

El caso es que cuando Juan Carlos salió dijo: «lo siento mucho, no volverá a suceder». Todos recordamos esa escena.

¿Y qué sucedió?¿Creyó la gente sus disculpas? ¿Sirvieron? ¿Mitigaron el supuesto agravio? ¿Mejoraron su imagen?

Este es el quid. Sus disculpas NO surtieron efecto. No resultaron creíbles. Te dejo que pienses porqué. Mañana lo recorreremos.


Si quieres saber cómo algunos «analizaron» sus disculpas sigue leyendo.

Intentaron adivinar sus intenciones reales (nunca mejor dicho jeje) mediante el comportamiento no verbal. Con inusitada frecuencia se le dota a lo no verbal de una importancia extrema. Sé que algunos que me leen son divulgadores de este CNV 😉 y menos mal que no son los que se enfadan con el cartero, que me ven como cascarrabias porque soy capaz de ver limitaciones o incluso engaño en algunas aproximaciones de este CNV. De hecho suelen partir del error de que «todo es no verbal» hables o no. En realidad podría demostrar que todo es verbal, incluso aunque no hablemos. Pero será otro día.

El caso es que ellos no preguntaron a Juan Carlos qué sintió y si mintió o no. Es más, no sabríamos si nos diría la verdad o no. Esta manía de «analizar» a posteriori en vez de a priori y siempre sobre personas que luego nunca puedes comprobar, implica que uno puede multiplicar sus errores, sesgos y suposiciones así sin más.  Un «analista», lo entrecomillo porque realmente no analizó mucho, dijo que sus disculpas eran sinceras porque había arqueado las cejas en lo que se conoce como unidad de acción muscular Nº1 en el rostro, es decir, que se arquea el ángulo interior de las cejas hacia arriba e indica «tristeza». Incluso salió en un periódico de tirada nacional y en los telediarios. ¿Cómo es que para este profesional las disculpas fueron sinceras y para la gente no?

Aquí hay muchos errores, suposiciones y conceptos tergiversados. Si eres del CNV cítame 😉 si acaso aportas estos argumentos.

1. La disculpa no es una emoción sino una conducta como bien decía una alumna el otro día en la universidad.

2. La tristeza no correlaciona con la culpa, ni tampoco con la disculpa. Sobresimplificación errónea. De hecho podrías enfadarte por haber hecho daño a otro, podrías tener miedo de la consecuencia por el agravio y prácticamente todas las emociones. Ni la culpa es mitad de cuarto de tristeza + medio de miedo. No aplica la distinción de 5 emociones «básicas».

3. En los casos en los que la disculpa resulta creíble, las personas no dicen que les parece sincero alguien porque arquea las cejas o porque baja la cabeza. Eso tiene su relevancia pero no es el centro de la credibilidad en absoluto. Hay muchas cosas más sin las cuales ni 180 grados de movimiento de cejas aportan credibilidad y no al revés.

Por raro que te parezca, es de los pocos casos donde hubo acción de «disculpa».
Mañana hablamos de disculpas aún peores.
Y el día III un poco más del arte de la disculpa.

Abrazos,

Dinos que te ha parecido este artículo, Puntúa (DE 1 A 5 ESTRELLAS).
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