Decíamos que disculparse a medias, de aquellas maneras, aleja al otro. La respuesta está en el cerebro social. Todas las disculpas citadas en los anteriores artículos NO surtieron efecto alguno. Seguro que es algo que te habrá sucedido.
Vamos a construirlo.
1. La dis-culpa no puede pretender evitar y sentir la culpa.
Darse cuenta de que nos hemos equivocado, nos hemos pasado «tres pueblos», hemos agraviado a alguien, faltado el respeto, juzgado demasiado, invadido un espacio o abusado de una posición, es el primer paso. La disculpa no es para evitar la culpa sino para integrarla y luego darle salida. No puede haber conducta de disculpa sin emoción de culpa previa. Hay personas que por arrogancia nunca se permiten reconocer el error, la soberbia, la invasión, el exceso o el abuso.
No pidas disculpas sobre aquello de lo que no sientes culpa. Será un desastre.
2. Es necesaria la empatía.
La empatía es parroquial. Quiero decir que aunque tenga muy buena fama, funciona sobre todo con los del endogrupo, los tuyos. Basta que veas las noticias del día a día para que entiendas el sesgo brutal de la empatía. Pero precisamente porque es parroquial, se supone que nuestra gente nos importa y nunca los dañaríamos, despreciaríamos o intentaríamos quedar por encima usando malas formas con ellos. No lo hacemos porque seamos «buenos» sino porque son nuestros, y con los nuestros no hacemos esas cosas.
Esto nos lleva a pensar sobre a quiénes y cuándo consideran «nuestros» algunas personas. ¿Su gente? ¿Su pueblo? ¿Sus colaboradores en un trabajo? ¿Aquel que se ha ofrecido siempre a escucharte, ayudarte, apoyarte? ¿Solo tus familiares? ¿Los amigos mientras te den la razón? ¿Solo los iguales en tus gustos y opiniones?
La falta de empatía con los nuestros se recibe como una verdadera puñalada. Te la puedes esperar del enemigo, del diferente y tú la puedes mostrar con el enemigo y el diferente, (de hecho no está tan mal vista proyectar rechazo sobre los diferentes por triste que sea) pero jamás sobre los propios.
Si no sientes empatía y afecto por ese otro, que en teoría es de los tuyos, no te disculpes.
3. Tiempo y palabras. Desde la empatía para que la disculpa funcione hay que utilizar principalmente dos factores. Esto no es «mi opinión», «yo creo que», «mi experiencia» o «a mí me funciona» sino las conclusiones que los estudiosos del tema aportan.
El tiempo. Quiere decir que no debes tener prisa en acabar las disculpas, no es una cuestión de segundos (por mucho que muevas las cejas hacia arriba o pongas carita de pena), un par de frases, un mail corto, un Whatsapp escueto. El hecho de que la disculpa dure es crucial para su credibilidad. Mejor presencial que telefónica, mejor telefónica, que escrita, pero en cualquier caso implica tiempo y atención. Si no tienes tiempo largo no te disculpes.
Las palabras. No deben ser generales o evitativas o con suposiciones «si te ha molestado pues disculpas», «igual me he equivocado así que disculpa» sino muy precisas, sinceras, responsables y acotadas. Deben hablar del dolor producido al otro, o de la falta de respeto, o de la invasión o del desprecio ejercido con pelos y señales. No es lo mismo decir «si te ha molestado» a decir «entiendo que al decirte X y equivocarme completamente, te siente mal». Si no vas a ser preciso o temes hablar del daño producido no te disculpes.
4. Prosocial.
La culpa como emoción promueve la reparación y la prosocialidad. Por ello la verdadera disculpa se preocupa por reparar el daño, estrechar los lazos, recuperar afectos y ejercer acciones reparadoras y compensadoras. Es más, se suele y debe comentar «qué puedo hacer por ti». De este modo queda claro para el otro qué fue un error, un despiste, un mero malentendido o incluso un mal día pero que ese otro es de los tuyos.
Hay personas que después del agravio pueden incluso alejarse más. Te pisan y ahora en vez de disculparse, o de medio hacerlo, se muestran altivas y lejanas. Son buenas pistas de la mala calidad de la disculpa y de la ausencia de la emoción de culpa.
Si no reparas y haces por volver al equilibrio con esa persona con tus acciones y afecto no te disculpes.
Con todo esto entenderás mejor por qué los ejemplos citados no resultaron reparadores, creíbles o sanadores para aquellos que sufrieron el impacto. Con frecuencia es que ¡fallan en esos 4 pasos!
Culpa, empatía endogrupo, tiempo – atención, palabras precisas y acciones afectuosas. Este es el manual.
Si esto te ha servido, contéstame en este mismo mail. Agradecido.
——
Algunos detalles más…
– Correlatos de la culpa en el cerebro emergen en 350 ms e implica áreas de empatía y cognición social. Rapidísimas las primeras fases de una emoción.
Sánchez-García, J., Espuny, J., Hernández-Gutiérrez, D., Casado, P., Muñoz, F., Jiménez-Ortega, L., & Martín-Loeches, M. (2019). Neurofunctional characterization of early prefrontal processes contributing to interpersonal guilt. Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience, 19(5), 1192-1202.
– La culpa en el cerebro es dinámica. Tiene dos fases, la que nos damos cuenta y nos duele y la prosocial reparadora. Rechazo y aproximación, ¡brutal!
Amodio, D. M., Devine, P. G., & Harmon-Jones, E. (2007). A dynamic model of guilt: Implications for motivation and self-regulation in the context of prejudice. Psychological science, 18(6), 524-530.
– Las personas que piden perdón y disculpas sinceras tienen lógicamente una activación diferentes en áreas vinculadas con la teoría de la mente (concretamente una región conocida como aSTS, el surco temporal superior). Escuché a la autora este verano en Austria, una delicia.
Neuroanatomical correlates of forgiving unintentional harms. Scientific Reports, 2017; 7: 45967 DOI: 10.1038/srep45967
– Más de 55 estudios revisados nos hablan del beneficio de pedir perdón de forma genuina a lo largo de la vida para reducir el stress y tener una vida saludable. Muy budista esto y un buen palo para el Yo.
Toussaint, L. L., Worthington, E. L., Williams, D. R., & Webb, J. R. (2019). Forgiveness and physical health. In Handbook of forgiveness (pp. 178-187). Routledge.
– Cómo pedir disculpas permite mejorar relaciones, reducir la agresión y la reactividad del ofendido. Otro más de porqué no vale «olvidar» sino que hay que re-acordar.
Beyens, U., Yu, H., Han, T., Zhang, L., & Zhou, X. (2015). The strength of a remorseful heart: psychological and neural basis of how apology emolliates reactive aggression and promotes forgiveness. Frontiers in psychology, 6, 1611.
En la Comunidad trabajamos con neurociencia social, no con la del «cuerpo». Imagino que entiendes porqué. La diferencia es abismal.
Abrazos,
Vamos a construirlo.
1. La dis-culpa no puede pretender evitar y sentir la culpa.
Darse cuenta de que nos hemos equivocado, nos hemos pasado «tres pueblos», hemos agraviado a alguien, faltado el respeto, juzgado demasiado, invadido un espacio o abusado de una posición, es el primer paso. La disculpa no es para evitar la culpa sino para integrarla y luego darle salida. No puede haber conducta de disculpa sin emoción de culpa previa. Hay personas que por arrogancia nunca se permiten reconocer el error, la soberbia, la invasión, el exceso o el abuso.
No pidas disculpas sobre aquello de lo que no sientes culpa. Será un desastre.
2. Es necesaria la empatía.
La empatía es parroquial. Quiero decir que aunque tenga muy buena fama, funciona sobre todo con los del endogrupo, los tuyos. Basta que veas las noticias del día a día para que entiendas el sesgo brutal de la empatía. Pero precisamente porque es parroquial, se supone que nuestra gente nos importa y nunca los dañaríamos, despreciaríamos o intentaríamos quedar por encima usando malas formas con ellos. No lo hacemos porque seamos «buenos» sino porque son nuestros, y con los nuestros no hacemos esas cosas.
Esto nos lleva a pensar sobre a quiénes y cuándo consideran «nuestros» algunas personas. ¿Su gente? ¿Su pueblo? ¿Sus colaboradores en un trabajo? ¿Aquel que se ha ofrecido siempre a escucharte, ayudarte, apoyarte? ¿Solo tus familiares? ¿Los amigos mientras te den la razón? ¿Solo los iguales en tus gustos y opiniones?
La falta de empatía con los nuestros se recibe como una verdadera puñalada. Te la puedes esperar del enemigo, del diferente y tú la puedes mostrar con el enemigo y el diferente, (de hecho no está tan mal vista proyectar rechazo sobre los diferentes por triste que sea) pero jamás sobre los propios.
Si no sientes empatía y afecto por ese otro, que en teoría es de los tuyos, no te disculpes.
3. Tiempo y palabras. Desde la empatía para que la disculpa funcione hay que utilizar principalmente dos factores. Esto no es «mi opinión», «yo creo que», «mi experiencia» o «a mí me funciona» sino las conclusiones que los estudiosos del tema aportan.
El tiempo. Quiere decir que no debes tener prisa en acabar las disculpas, no es una cuestión de segundos (por mucho que muevas las cejas hacia arriba o pongas carita de pena), un par de frases, un mail corto, un Whatsapp escueto. El hecho de que la disculpa dure es crucial para su credibilidad. Mejor presencial que telefónica, mejor telefónica, que escrita, pero en cualquier caso implica tiempo y atención. Si no tienes tiempo largo no te disculpes.
Las palabras. No deben ser generales o evitativas o con suposiciones «si te ha molestado pues disculpas», «igual me he equivocado así que disculpa» sino muy precisas, sinceras, responsables y acotadas. Deben hablar del dolor producido al otro, o de la falta de respeto, o de la invasión o del desprecio ejercido con pelos y señales. No es lo mismo decir «si te ha molestado» a decir «entiendo que al decirte X y equivocarme completamente, te siente mal». Si no vas a ser preciso o temes hablar del daño producido no te disculpes.
4. Prosocial.
La culpa como emoción promueve la reparación y la prosocialidad. Por ello la verdadera disculpa se preocupa por reparar el daño, estrechar los lazos, recuperar afectos y ejercer acciones reparadoras y compensadoras. Es más, se suele y debe comentar «qué puedo hacer por ti». De este modo queda claro para el otro qué fue un error, un despiste, un mero malentendido o incluso un mal día pero que ese otro es de los tuyos.
Hay personas que después del agravio pueden incluso alejarse más. Te pisan y ahora en vez de disculparse, o de medio hacerlo, se muestran altivas y lejanas. Son buenas pistas de la mala calidad de la disculpa y de la ausencia de la emoción de culpa.
Si no reparas y haces por volver al equilibrio con esa persona con tus acciones y afecto no te disculpes.
Con todo esto entenderás mejor por qué los ejemplos citados no resultaron reparadores, creíbles o sanadores para aquellos que sufrieron el impacto. Con frecuencia es que ¡fallan en esos 4 pasos!
Culpa, empatía endogrupo, tiempo – atención, palabras precisas y acciones afectuosas. Este es el manual.
Si esto te ha servido, contéstame en este mismo mail. Agradecido.
——
Algunos detalles más…
– Correlatos de la culpa en el cerebro emergen en 350 ms e implica áreas de empatía y cognición social. Rapidísimas las primeras fases de una emoción.
Sánchez-García, J., Espuny, J., Hernández-Gutiérrez, D., Casado, P., Muñoz, F., Jiménez-Ortega, L., & Martín-Loeches, M. (2019). Neurofunctional characterization of early prefrontal processes contributing to interpersonal guilt. Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience, 19(5), 1192-1202.
– La culpa en el cerebro es dinámica. Tiene dos fases, la que nos damos cuenta y nos duele y la prosocial reparadora. Rechazo y aproximación, ¡brutal!
Amodio, D. M., Devine, P. G., & Harmon-Jones, E. (2007). A dynamic model of guilt: Implications for motivation and self-regulation in the context of prejudice. Psychological science, 18(6), 524-530.
– Las personas que piden perdón y disculpas sinceras tienen lógicamente una activación diferentes en áreas vinculadas con la teoría de la mente (concretamente una región conocida como aSTS, el surco temporal superior). Escuché a la autora este verano en Austria, una delicia.
Neuroanatomical correlates of forgiving unintentional harms. Scientific Reports, 2017; 7: 45967 DOI: 10.1038/srep45967
– Más de 55 estudios revisados nos hablan del beneficio de pedir perdón de forma genuina a lo largo de la vida para reducir el stress y tener una vida saludable. Muy budista esto y un buen palo para el Yo.
Toussaint, L. L., Worthington, E. L., Williams, D. R., & Webb, J. R. (2019). Forgiveness and physical health. In Handbook of forgiveness (pp. 178-187). Routledge.
– Cómo pedir disculpas permite mejorar relaciones, reducir la agresión y la reactividad del ofendido. Otro más de porqué no vale «olvidar» sino que hay que re-acordar.
Beyens, U., Yu, H., Han, T., Zhang, L., & Zhou, X. (2015). The strength of a remorseful heart: psychological and neural basis of how apology emolliates reactive aggression and promotes forgiveness. Frontiers in psychology, 6, 1611.
En la Comunidad trabajamos con neurociencia social, no con la del «cuerpo». Imagino que entiendes porqué. La diferencia es abismal.
Abrazos,
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