El cuerpo dice la verdad… quizá (I)

Cuando tenía 15 años me puse como un devoto a hacer Yoga, Zen y Tao a través de unos libros. Pasados dos años se me curó la arrogancia de ir por libre, de libro en libro y de interpretaciones personales a mi modo siendo novato. ¡Menos mal!
Por fin pude acceder a un par de profesores que llevaban más recorrido que yo en su disciplina, así que me centré en aprender Tai Chi / Qi Gong por un lado y meditación en otra rama. Universidad por la mañana y mi «oriente» por la tarde noche.

Me sorprendió desde el inicio en estas técnicas el tratamiento al cuerpo. No era cuestión de músculos, sino que en esas artes marciales internas, el cuerpo era un lugar de atención, ¡qué bueno! El cuerpo no como estética, ni siquiera como función, ni como objeto (ni siquiera de salud), el cuerpo como lugar de la atención (Reconozco que esto me lo enseñaron solo dos de los 50 – 60 profesores que visité a lo largo de 25 años).

Pasado un tiempo aprendí medicina tradicional china, por la simple razón de que mis profesores me alentaban a ello, considerándolo una parte integral de un experto en artes marciales. La idea, como puedes ver, estaba llena de cierto romanticismo, tanto que con frecuencia escuchaba barbaridades como que, «en Occidente no habíamos atendido al cuerpo y en Oriente sí». O bien que «acá el cuerpo lo tratábamos de forma competitiva y allá no» (como si todo reto o tensión fuera mala per se). Todavía hoy en día me sorprendo al leer una y otra vez que «los occidentales estamos estresados». Cuando lo leo pienso dos cosas: 1. estresado tú chaval jaja, 2. será que los chinos y coreanos viven todos en el Nirvana. En fin…

El caso es que esta «fiebre corpórea» perdura en nuestros días.

Se nos dice que:
a. el cuerpo aloja emociones,
b. que debemos sentir el cuerpo,
c. que el cuerpo dice la verdad.
Incluso más allá… Mis amigos del comportamiento no verbal insisten en que:
d. en el cuerpo se ven señales del subconsciente (aunque cuando lo dicen muestran muy visiblemente un concepto caduco del mismo).

Algún que otro psiquiatra y neurocientífico moderno incluso se afana por alabar el cuerpo, participando de esta especie de «fiebre corpórea» en donde resulta que el cuerpo nos va a decir cosas que nunca hemos oído… upps.

Como ya me conoces, abogo por la claridad y discernimiento. Ya sospechas del párrafo anterior que no se trata de orientalizarse a lo loco, ni de confundir la neurociencia con la sabiduría (sabes que no temo tirar piedras sobre mi propio tejado llegado el caso) . Así que vamos con ello.

1. En realidad el cuerpo no siente, por mucho que se diga y lo parezca. Si dices me duele el tobillo, lo que duele es la construcción del dolor en el cerebro. Sentir el cuerpo, establecerlo como ese reposo de la atención, es un entrenamiento cerebral. Sentir el Hara, mejorar nuestra propiocepción, generar bienestar a través de estiramientos, movimientos o posturas, es la primera etapa de la construcción en el cerebro de emociones, sentimientos y pensamientos.
Por eso es importante, porque lo que se denomina «afecto nuclear» en neurociencia, esto es, nuestra capacidad de interocepción, INFLUYE en la construcción de emociones, sentimientos y pensamientos. Puse influye en mayúsculas para evitar esa tendencia errónea a decir que todo es «subconsciente» o el error garrafal de decir que las decisiones son siempre emocionales (como dicen en marketing muchos).

Que quien siente es el cerebro y no el cuerpo se puede entender a través de numerososos experimentos. Un ejemplo es el clásico de la mano de goma (1), donde el individuo pone un guante de goma en su chaqueta, le acarician el brazo derecho «ficticio» y la mano de goma ficticia, y cuando das un martillazo a la mano ficticia, duele e incluso te asustas. Me encanta hacer este juego a conocidos :).

Otro evidentemente es el miembro fantasma, personas que perdieron un brazo, una pierna, un dedo y sigue doliendo… (2). Es el cerebro quien construye el dolor o la sensación, incluso de algo que ya no existe.

Otro, no me quiero extender mucho, son las ilusiones corpóreas, que los esotéricos toman como viajes de conciencia por determinados mundos (¡y diles algo!), y sin embargo sabemos se pueden generar incluso mediante un espejo (3). Podríamos añadir cientos de casos  y ejemplos.

2. Si no sentimos la toma de decisión está alterada. Estos son los estudios de Damasio y su conocida tesis de los marcadores somáticos (4). Muy resumidamente nos dice que necesitamos esa información que viene de las tripas, de los órganos, de los sistemas del cuerpo para tomar decisiones de forma correcta. Pero esto el 99% lo traducen pero que muy mal entendiendo que las decisiones son emocionales. No, las tripas NO toman decisiones, simplemente participan algo en la construcción de las mismas más arriba en el cerebro. Es por eso que disociar intuición de razón es tan ridículo. En ocasiones las tripas hablan pero no necesariamente aciertan, por la sencilla razón de que hablan también según memorias anteriores (marcadores somáticos). De alguna manera parte de esto, aunque no con tanta precisión, está descrito en tradiciones antiguas de Oriente, y siento decirlo, de Occidente. Eso de criticar a Occidente porque sí más bien demuestra el propio (des-)conocimiento de nuestras tradiciones hebreas, griegas y romanas. No comments. Por todo esto es bueno «sentirnos» para tomar decisiones, pero eso que sentimos no indica que la decisión sea correcta, sino tan solo una tendencia que conviene escuchar.

3, 4, 5 y 6… Continuará mañana…

(1) https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0109909
(2) https://dictionary.apa.org/phantom-limb
(3) https://journals.lww.com/pain/Citation/2008/08150/Is_mirror_therapy_all_it_is_cracked_up_to_be_.4.aspx
(4) Dunn, B. D., Dalgleish, T., & Lawrence, A. D. (2006). The somatic marker hypothesis: A critical evaluation. Neuroscience & Biobehavioral Reviews30(2), 239-271.

Abrazos,

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