El estoico triste y el filósofo depre (II)

Buenos días ,

Algo más… curiosamente un joven filósofo, amante del saber, de gran intelecto y cultura, manifestaba hace unas semanas que atravesaba una especie de depresión o tristeza muy incómoda. No encontraba en sus ideas y conocimiento, la salida. Probablemente tiene a Marco Aurelio, Plotino, Crísipo y todos los clásicos en su cabeza, no es un neo estoico con carnet sino un erudito profundo… pero la depresión aparece porque textualmente, en las ideas no encontraba motivación o salida. ¿Curioso no?

Que el pensamiento disfuncional provoca sufrimiento es el pan de cada día de muchos ciudadanos. Con esa forma de pensar sobre si «la vecina me ha mirado mal», si «en mi país debieran echar a la mitad que no piensan como yo», «si hago esto, seguro que ella se enfada», «si ganara diez veces más, sería feliz», si mantengo ese agravio que nunca comprobé 17 años después, si A, entonces B… pues claro, se sufre bastante.

Que es evidente que hay pensamiento disfuncional que escapa a nuestro discernimiento causa aún más sufrimiento, (y es mucho más difícil de solucionar). Cuando la identidad y esencia de la persona se basa en etiquetas «inglés, fránces, super italiano, super español, andaluz antes que nada, izquierdas, derechas, del Atleti, del Madrid, del Barsa, ateo, religioso, blanco, hombre, mujer, carnívoro, vegano, anti USA, pro USA, amante de Oriente, receloso de Oriente y esos monjes de túnicas naranjas, estoico jeje» sufrimos también en tanto ninguna etiqueta abarca la totalidad, por definición se crean en oposición y no tanto en flexibilidad hacia el resto. Además en los grupos uno suele explorar y el resto copiar. Y sobre todo como nos emocionan parecen verdades absolutas y por tanto son impermeables a la claridad prístina del no-apego.

El sufrimiento aumenta en nuestra sociedad tribal donde el amor a la verdad ha quedado relegado al cajón de lo hortera. Todo el mundo puede ahora divulgar sobre cualquier cosa, en cualquier momento, a cualquier persona. Un ejemplo puede ser escuchar la palabra «cerebro» una y otra vez, explicando cómo éste actúa… aunque el que explica no sepa lo que son los receptores AMPA, los núcleos del hipotálamo o si el bulbo olfatorio actúa como el tálamo o no o si realmente eso de que si haces «mirroring» con la otra persona, éstas se sincronizan (que no por cierto). Da igual… hay que ser uno mismo y decir lo que uno piensa. Lo de pensar lo que se dice, para otras vidas futuras.

Conviene aceptar esta realidad radicalmente, por extraña que te resulte también a ti cuando se desprecia tu expertise, no sea que acabemos como el filósofo. De hecho toca ser sagaces para no perder el centro y seguir confiando en los datos en vez de las opiniones.

Hasta aquí lo disfuncional, más o menos consciente, como causa de sufrimiento.

Pero que personas con ideas bien colocadas, sabias y en gran número, declaren sufrir y no encontrar en las ideas consuelo como antaño remite a una insistencia que aquí comparto muchas veces y es la confusión entre conceptos y destrezas.

Resulta que la dicha, la serenidad, el gozo, el no apego, la claridad prístina del discernimiento, la fuerza de vida, la visión de bondad en todo lo vivo, la eternidad del presente que brota en cada instante, el dejar ir lo que ya pasó y no volverá, el cariño y respeto infinito a las personas de las que aprendemos, la apreciación de la sencillez de ese que no vocifera ni es tribal ni insulta al diferente… todo eso no son ideas y conceptos.

Son destrezas. No conceptos.

No se alcanzan con devoción, con pertenencia a un club, por exquisito que sea, incluso aunque fuera el club de las ideas nobles y superiores.

  • La palabra manzana no tiene sabor.
  • El libro de meditación jamás ha meditado.
  • En el curso de inteligencia emocional nunca estuve en alto stress, que es donde siento y por tanto actúo.
  • Tras estudiar todos los combates de boxeo, aún no tenía potencia al darle a un saco.
  • Soy experto en miedo y amígdala, pero el TEDAX de la policía vive el memento mori que yo tengo como «salvapantallas».
  • Maradona metió el gol más bello, Víctor Hugo Morales solo lo cantó.


Sin duda el buen intelecto, las ideas bellas, las teorías elegantes nos dan placer. Al poner nuestra inteligencia en acción, puede que ellas nos marquen caminos y direcciones más sabios que el autobombo, el autodidacta que aprendió solo pero enseñaba a todos o el generalista que dice que su disciplina es «muy importante».

Pero nuestra esencia no está en las ideas. Nunca lo estuvo ni puede estarlo. De hecho a veces no tienes ideas. Al menos cuando estornudas, o cuando tienes un orgasmo (aunque hay quien no consigue silenciarse ni ahí), o en el sueño profundo, o cuando reaccionas con reflejos ante una pelota que viene a la cara. En ese pequeño instante tú seguías ahí, pero no tus ideas. Cuando eras chiquitín, sonreías, tarareabas, danzabas, mirabas, percibías, aprendías, y había pocas ideas verbalizadas sobre ti mismo con una historia personal llena de etiquetas, pertenencias, deseos y metas locas. La construcción de la persona en el cerebro es muy posterior a las habilidades.

La filosofía es maravillosa, ya quisieran los divulgadores narcisos.
Además siempre cuestionó el status quo, algo a lo que no se atreven los individualistas.
Pero ni siquiera en las ideas más altas está la esencia. De hecho la mayoría sufren por sus pensamientos, incluso los de pensamiento elegante a veces.

Prueba a mover la identidad a las destrezas. No es el destino final, pero es un buen primer paso.

Y si eres avispado, hazlo guiado por ese que está dónde tú imaginas querer llegar.


PD: te escribo tras Semana Santa, que no me gusta salir en estas fechas y espero así terminar mi libro en estos días. En abril te compartiré sobre comportamiento humano.

Ah, anota el 6 y 7 de julio si te interesa cuidar tu cerebro, prevenir el deterioro y un montón de evidencia en entrenamiento cerebral explicada por un neurocientífico :).

Que tengas unos fantásticos días y destrezas conscientes,

Abrazos

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