Hola ,
Escuché la frase que titula este artículo de una verdadera guru del marketing, una que sí sabe de lo que habla, rara avis en el sector. Alababa a un multimillonario americano que pudiendo estar tomando mojitos en las Bahamas (aburridísimo me parecería a mí eso la verdad) se ofrece a ayudar.
La frase tiene miga porque de alguna manera incide en que quizá la ayuda es de pobres, o al menos que el dinero, si excede lo que puedes gastar en 23 vidas golfas, dificulta un poquillo la ayuda. No es de mis frases favoritas de ella, prefiero que hable de marketing :).
En realidad es lo contrario. La ayuda es tan innata en el 🧠, que todos sueñan con ayudar.
Es tentador para el que está obsesionado con la pasta, decir que ayuda a gente a desarrollar sus sueños. Luego ves que si no multiplica x7 beneficios ya no le excita tanto la ayuda. O que si el otro no consiguió los sueños, ya es «cosa suya ahora». O que prefiere a toda costa un éxito en semanas en vez de construir un proyecto sólido en el tiempo.
Es tentador también para los que, en nombre de la ayuda, lo que hacen es anestesiar. Va uno soltando motivaciones, complementos varios, super frases transformacionales y relajaciones con músicas binaurales que cambian las ondas cerebrales (pero no te las miden para ver si cambian o no). Sueñan con ayudar, aunque a veces creen que se trata de ser más y alcanzar más, y hacer crecer el YO. Justo lo contrario de lo que se debe lograr.
Más habitual es ayudar a otros porque no puedes o sabes ayudarte a ti. Conozco miles de terapeutas, pocos de ellos fuertes física, mental y socialmente como para ser el reflejo de eso que quieren proyectar o arreglar en el otro. Mientras lo reconozcan no van mal, no sea que hagan creer al otro que la vida perfecta depende 100% de uno como si la vida no tuviera curvas. Cuidado que sé que si uno espera a ser perfecto para ayudar ya puede confiar en la reencarnación, pero hacemos bien en observar si en eso que ayudamos, nosotros no lo conseguimos para nosotros mismos. Nos da humildad, humus, Tierra. Qué menos que reconocerlo.
Conozco personas que ayudan mientras eso signifique estar por encima de ti. Creen vivir en el lugar perfecto, con la profesión perfecta y la mentalidad perfecta. Y te ayudan a ti, aleladill@, a encontrar el camino. Como se te ocurra enseñarles tú algo, de tu expertise, y ellos tener que aprender y callar, te dejan de «ayudar». Les gusta el cuento de «yo soy el enviado y tú el elegido». Si tú eres ayudado por la vida, el azar, otros, o tu mérito, te dejan de hablar. Una ayuda de clases más bien, como ves.
Aparte hay un gran número que ayudan bastante, pero como no tienen el título o profesión de ayudadores no se les valora. Lo vimos en la pandemia. Dependemos tod@s de tod@s. Y profesionales de la «no ayuda» eran en realidad ayudadores, para el que sabe ver. Muy grandes estos. El conductor de autobús, el barrendero, el que saca a pasear al anciano, el que transporta material… todos somos muy importantes. Pero no siempre lo vemos.
Luego está el que ayuda silencioso, simplemente siendo como es, y alcanzando un mérito verdadero. No me refiero a sentirse especial por ser hombre, mujer, italiano, español, andaluz, vasco, catalán, ingeniero, abogado, futbolero, vegano, carnívoro, del Barsa, del Madrid, pintor o músico. Me refiero a algo más meritorio: ser decente. Ese ayuda muchísimo. Simplemente refleja lo que la mayoría, aún soñándolo, no pueden lograr.
En la tradición una de las ayudas más valoradas es la de la claridad de la mente. No es la del que te da comida, por buena que sea. Tampoco es la del erudito que te comparte conocimiento y conceptos, que sin duda es necesaria. Es la del que te enseña a deshacer nudos mentales, autorías falsas, hacedores que pululan en nuestra cabeza, personajes que en forma de voz nos hablan, silencios que no se aprecian y mortalidades que nos acechan.
PD: en la Comunidad tratamos de ir cultivando esa claridad en la mente. Tal como están las cosas en la era de la información libre, en donde la gente está polarizada, y discernir en uno mismo no es una materia muy conocida, es una herramienta imprescindible. No para ir a las Bahamas, sino para que te impregnes de sentido y claridad de verdad. Sin mojitos.
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Abrazos,
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