Un día de Orgullo en 250 ms

Hola ,

El otro día quedé a comer con unos amigos en Chueca, un conocido barrio de Madrid. Aprovechando el calor fuerte decidí no coger el bus y caminar a la solanera 45 minutos y ser meditado, como debe ser :). Llevaba una camiseta con un prisma dibujado en el que al pasar un haz de luz por el prisma emerge una especie de arco iris. Ya sabes, el típico de la refracción de la luz. Al cruzarme con dos individuos de unos 25 años me reprocharon la camiseta con un despectivo «otro más». Me paré, les dije «¿Qué????» y siguieron su camino. Al acercarme a Chueca otros dos individuos miran la camiseta y en su caso, me guiñaron un ojo con aprobación. En ese momento entendí que era el arco iris que desataba el desprecio de los primeros y el orgullo de los segundos. «Ah, esto es por lo del día del orgullo» pensé.

La emoción del orgullo es muy peculiar. A veces no sabemos qué hacer con ella.

En contra de lo que pueda parecer no es para todos una emoción positiva y agradable. En algunas tradiciones está muy mal vista, bien porque sería un síntoma de distinción personal o bien porque podría expresar que el Yo está ahí, un tanto despistado sobre todo lo que acontece alrededor. Y por eso se cuestiona o evita.

De hecho en culturas colectivistas es la vergüenza la emoción positiva a sentir, ya que expresa una verdadera responsabilidad por el grupo. Si siento vergüenza muestro mi compromiso ante mi forma de ser con los estándares morales y normas de mi sociedad. No está mal… visto que acá la capacidad para sentir vergüenza de los que escapan a la cohesión social es muy baja. Quien le interese esa visión puede alucinar como un CEO de Toyota en USA fue capaz de pedir disculpas extensas en público, mostrar y soportar vergüenza, por errores graves cometidos por la compañía. Rara avis… pero al estudiar las emociones en profundidad se entiende.

Solemos ver todavía las emociones como esencias fijas, movimientos internos que expresan reacciones ante estímulos externos y ciertamente universales. Con el ejemplo citado de culturas colectivistas vemos que no todos los habitantes de este planeta viven las emociones «made in USA» que pululan en nuestra cultura y medios. Nos cuesta imaginar que el famoso concepto «autoestima», si se lo explicas a una persona de otras culturas, no solo no llega a entenderlo, sino que no le seduce lo más mínimo. ¿Podemos abrir la mente? Conociendo, en vez de juzgando a otros, sin duda.

Del orgullo también se ha dicho que tiene una expresión universal (los de las expresiones universales lo dicen de todo, así que no extraña nada). Para ello se analizaron deportistas ciegos que ante el triunfo o medalla expresaban, con orgullo, la victoria. Se recogió en este estudio, al que no tengo mucho cariño :), porque huye del contexto social de las emociones. Además parte de un peligrosísimo supuesto sobre los invidentes. Ellos tienen teoría de la mente, es decir, capacidad para inferir acciones e intenciones en los demás, pero el estudio parece olvidarlo. Años más tarde, esta tesis de universalidad de las emociones porque son «iguales» en personas con o sin visión ha sido lógicamente cuestionada. El estudio además olvidó uno anterior más importante. Un profesor mío demostró cómo las expresiones tras el triunfo en campeonas olímpicas no se producían per se, sino solo en un preciso contexto social: cuando las miraban. Nos hemos propuesto ambos una tarea hercúlea ahora: analizar 3200 gestos de deportistas de élite tras el triunfo, de 5 continentes distintos. Nuestra hipótesis dista mucho de una expresión «universal» de la emoción de orgullo o triunfo. Llevo ya editados 2500 mini videos, a 45 minutos al día desde hace 9 meses, y espero acabar este verano. La ciencia es bella, pero no siempre divertida como puedes imaginar. Un gramo de orgullo nos espera.

En realidad necesitamos comprender cuándo y cómo surge el orgullo en la evolución del Sapiens. Como emoción social que es, responde a la ganancia de status, debido al mérito, esfuerzo y compromiso de un individuo dentro de su grupo. Es por tanto una emoción prosocial, no mala en absoluto, sino lógica y necesaria. La vergüenza por el contrario, simboliza una pérdida de status dentro del grupo. Como vimos puede implicar responsabilidad en unas culturas y ganas de esconderse a toda costa en la nuestra. Para que me entiendas: si me esfuerzo por ser arquitecto durante 6 años + proyecto, la sociedad me da un status diferente por el valor que puedo aportar a la misma. Por todo ello, siento orgullo y como emoción que es, puede marcar la dirección e intensidad de la motivación, en este caso a largo plazo. Por eso digo que un gr de orgullo pesa más que 10 kgs de alegrías. Tiene sentido.

De esa relación social donde orgullo y vergüenza forman parte de un continuo de pérdida/ganancia de status podemos ver que no solo hay un orgullo, sino varios. Desde aquí se entiende por tanto, por qué es bueno para algunos y no tanto para otros. Existen individuos que sienten un orgullo muy particular. Es el de «porque yo lo valgo». Creen que les viene de base, porque son así, y no se relaciona con el compromiso, valores, esfuerzo o cohesión social, sino con la creencia en que sus capacidades o identidad es especial, única, diferente. Es un orgullo «alfa», que llamamos Hubris, en alusión a Hybris, la diosa con la que los griegos nos avisaban del peligro de la desmesura, la soberbia y el exceso. Los romanos también nos avisaron de ella con otra diosa, Petulantia. Este petulante e insolente orgullo, tan porque yo lo valgo, tan de moda hoy en día en forma de emprendimiento, autonomía y autoconstrucción individual destaca por encima de la media en esferas vinculadas al poder. De hecho el síndrome de Hubris es motivo de estudio y los políticos no se suelen salvar del mismo. Más de 100 presidentes de USA y UK estudiados responden al Hubris. Me temo que en otros países podría ser parecido. Da miedo pensarlo… Comprenderás ante esta evidencia mi sorpresa cuando una y otra vez nos hablan de liderazgos (verbales y no verbales) de determinados políticos.

Mi interés por el orgullo alfa me ha llevado a investigarlo. Este invierno terminamos el experimento y ahora mismo la publicación está en revisión en una revista científica. Te puedo adelantar algo. A unos individuos les mostrábamos mensajes de motivación Hubris (tipo eres la leche, tú tienes talento) y a otros mensajes de motivación genuina, el llamado orgullo beta (tipo te estás esforzando mucho, sigue así) mientras realizaban una tarea en la que podían ganar o perder en presencia del grupo, dando lugar por tanto a sentirse orgullosos o avergonzados. Pues bien, el cerebro de los que habían sido inducidos con Hubris procesaba la vergüenza en un pis-pas pero se regocijaba por así decirlo cuando ganaba. Esto lo vemos por la duración de determinados componentes en el tiempo (no entro en tecnicismos de la LPP, late positive potential).

Hay más tipos aún. Uno típico es el orgullo grupal. Pertenezco a un equipo, realizamos una tarea y después siento un orgullo compartido. Aquí la complejidad es mayor porque hay identificación con el grupo y posible rechazo, competitividad con el exo grupo, los otros. En estos casos no aparece solo una emoción sin más… algo que los devotos de las emociones básicas les cuesta entender. Algunos individuos manifiestan no solo orgullo sino también Schaudenfraude, es decir, alegría por la desgracia ajena. Cuando pierden al realizar la tarea, no solo algunos sienten vergüenza, también Glucksmertz, dolor por el triunfo del otro. Esto no lo me invento ni es «mi opinión». Son los resultados del estudio que ahora mismo estoy realizando.

No solo trata del grupal, sino del que para mí es el más curioso de los orgullosos. Curioso porque nunca me ha estimulado mucho sentirlo… Se trata del orgullo vicario, ese que surge cuando gana tu equipo, tu partido, tu primo y tú, sin haber hecho nada, sientes orgullo. Nos suena la vergüenza ajena, pero su opuesto es el orgullo vicario. Es complicado estudiarlo porque el sujeto debe observar, estar pasivo, mientras su grupo realiza una tarea contra otro grupo, con identidades sociales opuestas. He tenido que cambiar la tarea 3 veces hasta comprobar que aparecen las emociones que queremos buscar. Por fin hemos arrancado. Resultados en Navidad, espero. La literatura parece sugerir que el orgullo vicario pudiera ser una forma que tiene el cerebro de sentir algo agradable, orgullo, aunque no hayas participado en ello (es el otro el que gana, mete la pelota o bate el récord). Una emoción por tanto nada básica pero que explica parte del funcionamiento social. Sentir orgullo por «nada» suena a chollo cerebral.

Cuando hablamos de emociones básicas o complejas no tiene mucho sentido si atendemos al 🧠. De hecho el orgullo, si miramos el tiempo en que se percibe podría ser una emoción básica. Surge a los 250 ms. Eso es lo que publicamos hace ya 2 años. No tiene sentido que siendo Homo Sapiens Sapiens tuviéramos un procesamiento básico y luego otro para la culpa, la vergüenza o el orgullo. El cerebro es muy rápido y va procesando y construyendo la información paso a paso. No es cierto que las primeras impresiones se formen en 40 ms, truquito de marketing de insidioso origen. En realidad vemos 3 grandes bloques de procesamiento: componentes perceptivos, tempranos y tardíos de 0 a 1500 ms. Lo que podemos sacar de ésto es que el 🧠 realiza computaciones sociales rapidísimas para pre-evaluar status, diferencias, similitudes, pertenencias, rechazos, inclusión, expulsión…

Como espero hayas deducido, las emociones sociales son cruciales. No podemos premiar o castigar el orgullo y la vergüenza sin más. No debemos decirle a un individuo no sientas o siente orgullo. Podemos entender porqué algunos buscan ese gramo de orgullo. Puede que así un prisma de luz arco iris sea más respetado.

Me he permitido compartir esto y parte de cómo es investigarlo, que nada tiene que ver con divulgar sin más lo que a uno le place, porque sí, porque yo lo valgo. Todo esto forma parte de la Comunidad, donde no andamos con simplificaciones ni rodeos. El desarrollo personal genuino exige calidad no surfear conceptos o dar «tips».

La comida con los 3 amigos fue muy amena. Dos músicos, un escritor, pero sobre todo la buena gente. Larga sobremesa, sin prisa, de escuchar y compartir. Tiempo hubo de procrastinar lo útil y no buscar «productividad»: lo esencial se estaba viviendo.

PD: En realidad lo que los jóvenes no sabían era que el prisma de la camiseta era relativa a uno de los mejores discos de la historia, «The Dark Side of the moon», que recientemente ha cumplido 50 años. Si lo escuchas puedes sentirte orgulloso de la creatividad humana.

Abrazos,

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