Vamos a contar mentiras (II)

Hola ,

es un poco largo y la serie se ha convertido en 3. No lo leas si no tienes tiempo o esperas algo corto porque en marketing dicen que deben ser cortos porque no tenemos atención y bla, bla, bla. Serán los últimos de noviembre sobre comportamiento y diciembre se lo dedicamos a sistemas familiares, memoria y 🧠.

Escribía ayer, bueno antes de ayer, sobre el mito del observador puro por el cual creemos ser muy objetivos al mirar gestos, posturas y expresiones faciales. A nivel popular encuentras muchas personas que creen ser intuitivas (o sea, que se sienten muy especiales) y se creen capaces de saber muy bien las intenciones y pensamientos del otro. Cuando se les enfrenta a una prueba para comprobar sus habilidades, dejan de “acertar” una y otra vez.

En esta línea hubo varias corrientes en su momento prometedoras. Como se sospechó durante un tiempo que las emociones eran universales, y como el subconsciente nos delata decían, entre medio kilo de Ekman y cuarto y mitad de Freud comenzaron a aparecer los métodos de detección de mentiras. A veces con valencia positiva y tintes de inteligencia emocional, para vendernos cómo empatizar con los demás ya que les conocemos por sus gestos, y a veces con valencia negativa, para saber de sus incoherencias y engaños. Sin duda el que tuviera esas habilidades se convertía en alguien poderoso.

Las tesis de Paul Ekman, la PNL, la sinergología o las microexpresiones gozaron en su momento de aceptación popular aunque entre ellas se contradigan. En realidad si la mentira fuera visible tendría que serlo universalmente y de forma fidedigna.

Ekman se basó en unos tests de elección forzada para demostrar la universalidad (denostados posteriormente por decenas de investigadores, entre ellos uno de mis mentores). De ahí nació el programa SPOT que desperdició 1.6 billones de dólares en 156 aeropuertos de USA para acabar reconociendo en el Senado, que el dinero se había tirado porque más que detectar sospechosos, terroristas y contrabandistas se había utilizado para lo de siempre: fomentar sesgos y prejuicios raciales, culturales, de género y parecidos. Los contrabandistas pasaron de largo sin ser arrestados y los diferentes, raros, neuróticos o extravagantes fueron interrogados durante horas para nada.

La PNL, dentro de su totum revolutum, propuso un método basado en accesos oculares, de modo que según una obsoleta visión de los hemisferios cerebrales y de hacia dónde va la mirada, el individuo imagina, recuerda o piensa. Cero investigaciones científicas en 50 años de su historia dan una medida de su potencia. En realidad olvidan, entre otras muchas cosas, que cuando un individuo mira hacia arriba o hacia abajo, o mueve su punto de fijación quitándolo de la persona que tiene enfrente puede ser por vergüenza, timidez, nerviosismo, costumbre, devoción, experiencia de silencio, nivel dopaminérgico, patología mental o pensamiento abstracto entre otros. Casi nada.

Las microexpresiones, pequeñísimos gestos del rostro que ocurren en milisegundos, y que se presentaron como deslices del inconsciente gozaron de gran fama. En los Masters de estas técnicas se presentaban como infalibles, de enorme interés policial y judicial y los cursos de facilitación en las mismas crecieron como setas. Sin embargo, las microexpresiones, entre otras lindezas, aparecen en a lo sumo el 2% del tiempo en una conversación y no necesariamente vinculadas a emociones.

Como puedes sospechar estos métodos citados suponen que la mentira tiene que ver con la emoción. Resulta que la verdad también☺️. Y es fácil imaginar que cuando te para la policía en la aduana, aunque seas honesto y no lleves en tu maletero kilos de cocaína, te sientas algo incómodo. Las personas fácilmente sienten miedo, nerviosismo, malestar, inquietud, palpitaciones, agitación, sudor, sensación de tener que ir al WC urgente, tartamudeo, sequedad de boca y otras ante un jefe, una reunión de equipo, una conferencia, un grupo, un nuevo contrato, una oportunidad, un partido, una fiesta, una exposición social y también lógicamente ante un policía uniformado. Por el contrario, personas que son mentirosas compulsivas pueden no sentir ni un ápice de nerviosismo o malestar, aunque lleven en su maletero drogas, armas y dinero obtenido de formas fraudulentas. Es más, si cualquiera de nosotros insistiera en una conducta delictiva, en un espacio de tiempo más rápido del que imaginamos, dejaremos de sentir incomodidad en la misma por habituación. Que se lo digan a los corruptos sin límite.

De este modo los métodos basados en emociones estaban destinados desde el inicio al fracaso. Si en su momento hubieran escuchado a la neurociencia y su no separación entre emoción y razón o acaso a los expertos en experiencias introspectivas, que dicen lo mismo, podrían haberse ahorrado el esfuerzo. A día de hoy la mayoría de detectores se siguen basando en esto. Si les cuestionas, se enfadan y pasas a su lista negra y te insultan con adjetivos como «científico», «purista», «rígido» o «chulo». No falta el de «poco espiritual» y por ello jejeje sigo meditando cada día desde hace 33 años y teniendo contacto directo con mis profesores llueva o haga sol. No hay como la sombra proyectada para ver los apegos.

Hay toda una corriente actual que pretenden convertir las emociones básicas en 25 o 30 de las mismas y así salvar los muebles. Esto no te lo contarán fácilmente pero están siendo rechazadas estas tesis en multitud de revistas científicas. Hay incluso conflictos de intereses, porque no puedes tener una empresa de microexpresiones e intentar investigarlas científicamente. Puedes dar clases de Judo e investigar pero no investigar microexpresiones y tener una empresa de ello.

El varapalo en realidad no se lo di yo. En un muy conocido metaanálisis sobre ello, Bella de Paulo mostraba que la detección de la mentira, incluso por parte de “especialistas” no sobrepasaba el 54% de aciertos. Muchos otros siguieron el camino de demostrar que la hipótesis emocional para la detección del engaño, o el conocimiento de las intenciones del otro e incluso la interpretación de sus estados mentales tenía un corto recorrido (algunos ejemplos: De Paulo, 2006; Bond et al. 2015; Lindquist et al. 2012).

Un detalle más. Muchas personas que dicen ser capaces de detectar la mentira, defienden a la vez el “mirroring”. Esta técnica consiste en imitar los gestos de otra persona porque de esta manera entramos en sintonía con ella y facilitamos un rapport (relación y conexión con el otro). La coexistencia de las dos es imposible. Si entrevistas a un mentiroso y resulta que existe imitación y contagio de la postura, el mentiroso podría copiar tus gestos y tú leer los suyos. De hecho investigaciones donde un entrevistador mueve los dedos sobre la mesa comprueban cómo hasta la mitad de los mentirosos y honestos también hacen lo propio. Por cierto, algún día podríamos comentar el mirroring aunque temo limitar su supuesta potencia empática. Es evidente que el mejor mirroring no tiene que ver con las posturas sino con las neuronas. Te dejo la pista.

Así que el movimiento se dirigió hacia el otro lado del espectro: el pensamiento. Si al separar pensamiento de emoción no encontraron marcadores fidedignos visibles de la emoción más difícil será aún encontrarlos del pensamiento.

A nada que comprendas el lenguaje te das cuenta que, como si del ADN se tratara, recombina palabras. Puedo crear frases de otra frase como:

  • “Me gusta el baloncesto desde pequeño”
  • “Me gusta el baloncesto desde pequeño, cuando iba con mi amigo Pepe a ver al Breogán”
  • “Me gusta el baloncesto desde pequeño, cuando iba con mi amigo Pepe a ver al Breogán mientras alucinábamos con una hinchada llamada la demencia”

Y así ad infinitum. El lenguaje es recursivo.

La estrategia de los detectores pasó a lo que se denomina carga cognitiva. Si miento consumo recursos conscientes, que siempre andan escasos, porque debo crear, vincular, ajustar la invención de la mentira. Si digo la verdad, me basta con recordar, no hay disonancia ni tensión aparente. El problema como puedes sospechar es que hay personas con una altísima capacidad verbal, de inteligencia y de manejo del lenguaje, o de uso de recursos conscientes y otros no tanto. El mentiroso además podría mezclar historias verdaderas con un detalle de la mentira y ser indetectable. Además la memoria no es precisamente un constructo fiable, como bien sabemos en neurociencia y como se comprueba una y otra vez en memoria de testigos. Y de nuevo los nervios o el contexto podrían en sí mismos saturar al individuo.

Los métodos de la carga cognitiva se basaron por tanto en lenguaje. Es extraño que los mismos que eran expertos en lo no verbal, se pasaran directamente a lo verbal. La formación en verbal lógicamente implicaría estudiar psicología del pensamiento, las bases de la lógica y por supuesto la psicología del lenguaje. El caso es que la carga cognitiva que pretende distinguir al mentiroso por cómo fabrica la mentira se encuentra, entre otros, con el mismo problema que la emoción. Puedo estar acostumbrado a la mentira, o articularla muy bien por capacidad y puedo decir una verdad con pocos matices, parecido a aquellos que en vez de manifestar que «mi existencia es como dos gotas de agua regocijándose en un fugaz remolino ante al abismo del mar», dicen simplemente “estoy bien bro”.

El uso estratégico de la evidencia fue otro método. En él se intentaba saturar al máximo la cognición. Al detallar por ejemplo un evento a varias personas diferentes, o al narrarlo en orden inverso, se podrían detectar incoherencias o disonancias y rescatar la verdad del pozo sin fondo en el que la esconde su autor. De todos los vistos, parece el más inteligente, dado que la manipulación de la información es una característica central de lo que se llama memoria de trabajo. Sin embargo, el pensamiento es tan recursivo, íntimo, maleable que los intentos por lograr desvelar el engaño siguen siendo baldíos.

Algo muy curioso pero ya no sorprende en la cultura del individuo es que nos olvidemos del 🧠 social. Que se olvide en marketing da pena porque ayuda a mucho a entender clientes y cómo cohesionarlos y fidelizarlos.
Pero que se olvide en algo que pretende llevarse a un juicio para ayudar en la toma de decisiones es más grave. Resulta que estamos relacionados, mentimos a alguien sobre situaciones compartidas que implican daño, agravio o beneficio inmerecido a otros.

Por fin aparecieron visiones que apelaban al aspecto interpersonal. Una de ellas hablaba de autorepresentación. El que dice la verdad y el que dice la mentira pretenden parecer verosímiles y sus conductas lejos de parecer diferentes suelen ser similares.

La visión moral por fin tuvo su espacio. Es evidente que el golfo, el trilero de toda la vida, el manipulador de libro, el mentiroso compulsivo, el caradura de libro tiene un concepto moral de sus actos muy diferente del que tienen quienes sufren las consecuencias de los mismos. No hace falta ir tan lejos. Si conduciendo me salto un paso de cebra no me parece tan grave como si yo mismo como peatón veo que un conductor se lo salta. Nuestras identidades sociales ven graves las conductas que no son conformes a nuestro grupo social, hasta que al pertenecer a otro grupo casi todo te parece menos grave. Trivializamos una mentira piadosa y la elevamos al Sanedrín si alguien nos la cuenta. A pesar de su elegancia y respeto a lo social la visión moral no puede demostrar la detección de la mentira.

Métodos basados en emociones visibles, en pensamientos y su carga, en pseudociencias varias, en intuiciones mágicas, en la autorepresentación social o la moral no consiguen, ni de lejos, detectar las mentiras.

¿Podrán hacerlo los métodos que monitorizan señales fisiológicas o cerebrales tales como el pulso cardiaco, la sudoración, la frecuencia de nuestra voz o la actividad eléctrica en el cerebro? Lo veremos mañana.

Te dejo que pienses algo antes del siguiente. ¿Por qué la evolución ha querido que la mentira no sea detectable fácilmente? ¿No va en contra de toda lógica? ¿Te duele la mentira en tu vida o la verdad? ¿Cuándo has tenido que mentir mucho y cuando muy poco? ¿Crees que una sociedad algo menos mentirosa, con menos fake, con menos pose sería una sociedad aburrida o mucho más justa?
Te contaré cómo los maestros genuinos de la meditación abogan por la verdad, pero desde un lugar poco habitual. En un futuro probablemente muy cercano se podría captar al mentiroso, por mucho que intentara evadirse de la misma. Lo veremos mañana, o pasado 😉.

Abrazos,

Dinos que te ha parecido este artículo, Puntúa (DE 1 A 5 ESTRELLAS).
0 / 5

Your page rank:

Comparte: