Amae, la emoción japonesa que no comprendemos del todo (5)

En esta quinta entrega, es el turno de Amae, una emoción muy vinculada a la cultura japonesa y que causa incomprensión por parte de un observador ajeno.

Hemos visto en las anteriores entregas de la serie muchos matices culturales. Schaudenfraude / Glucksmertz (en alemán) fueron dos ejemplos de emociones grupales competitivas, y Benijden / Angust (en neerlandés) vinculados a la envidia.

Recuerda que no se trata de que no pueda haber comportamientos similares en otras culturas hasta cierto punto, sino de que la cultura no ha construido una palabra específica y lo que ella implica.

Amae ocurre entre dos personas. Una que pida ayuda o cuidado para algo que sabe hacer y otra que ejerce la ayuda o el cuidado. Es una suerte de indulgencia consciente.
El término se popularizó por un psiquiatra japonés Takeo Doi en un bello libro llamado «La anatomía de la dependencia».

Ejemplo: un niño de 14 años que pide a su madre que le ate sus zapatos y una madre que lo hace encantada (aún sabiendo que el niño sabe perfectamente hacerlo).

Amae no solo implica pedir algo que por edad, contexto, habilidad o situación social parece inapropiado sino que también incluye una alta probabilidad y confianza en que el otro acepte. Es decir, que si sé hacer algo pero se lo pido a un extraño no sería Amae o si se lo pido a mi hermana pero tengo muchas dudas de que acepte tampoco sería.

Amae favorece la dependencia emocional entre dos personas. Suena raro ¿verdad? Cuando conocí el término, años después de haber visitado Japón en dos ocasiones, caí en la cuenta de algunos comportamientos que desde fuera, con la perspectiva cultural propia, me parecían infantiles o inmaduros. Sin embargo tiene toda la pinta de que no eran eso, sino «amae». Qué difícil es mirar a los otros sin los filtros propios.

Desde fuera para nosotros expresaría una forma de debilidad, pero en su cultura una expresión de la importancia de las relaciones cercanas, basadas en confianza e interdependencia.

Puede que estés pensando que no. Que eso es inmadurez e infantilismo de toda la vida. Pues no, es Amae en Japón y es una emoción prosocial enraizada en su cultura.

Cuesta claro… Estamos acostumbrados a escuchar 3 veces por semana que existen 5-6 emociones básicas, que se expresan en el rostro, incluso que son universales, que aparecen en animales, que las muestran ya ciegos de nacimiento y que los bebés las expresan en sus primeros meses.

Pues resulta que todo este párrafo en cursiva NO ES CIERTO, pero está tan metido dentro que cuesta ver la enorme variabilidad cerebral, histórica y cultural de las emociones.

De hecho, la emoción en otras latitudes no es tanto un proceso que ocurre dentro de uno, en nuestro cerebro y cuerpo, sino un acto de relación entre personas. Amae es eso, no mariposas en nuestro estómago mientras miramos nuestro ombligo.

«Jose, pero yo tengo unos amigos, una pareja americana de California y hacen eso que tú dices»

Claro. Y no solo en California :). Muestras de dependencia emocional «inmadura» se pueden dar en todos los lugares, pero cuando a sujetos en una investigación americana se le exponen situaciones «Amae» lo califican como parte de su autonomía y libertad (ayudo a este que me lo pide) y no tanto como una forma de cohesión.

La independencia y la autosuficiencia en algún lugar tan valoradas, no digamos ya lo moderno de ir de machotes palabroteros hechos así mismos y vanagloriados como carismáticos, no tienen tanto énfasis en otras culturas donde la cohesión grupal es la clave.

Amae aparece en Japón en instituciones educativas, en entornos laborales, en relaciones personales e incluso en entornos de aprendizaje deportivo. En ellas el profesor proporciona no solo conocimiento académico sino también un tipo específico de apoyo emocional.

Evidentemente, como toda emoción, su exceso lleva al desequilibrio, sobre todo si uno adopta siempre el papel del que pide, y no tanto el del que proporciona la ayuda.

Pero su falta, en la época del individuo, quizá también implique un problema.

Igual es que a veces nos gusta sentirnos queridos, apoyados o mimados sin más, en un entorno obsesionado con la productividad, el hombre-máquina, la rentabilidad, el éxito cuantificado en exposición social y la frialdad emocional.

Japón, por orografía, historia y rendimiento laboral puede que necesite Amae como compensación. Igual, todos nosotros, por un rato al menos, también lo necesitamos.

Pídeme un abrazo Amae ☺️.

Arigato Go zei mas.

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