Buenas tardes,


En el día del Padre (felicidades a tod@s) quiero recordar también a otros padres.

El biológico, junto con la mamá, nos dan sin duda la vida y aquí estamos, en deuda eterna con ellos. Pero no necesariamente ellos nos dan el conocimiento o la sabiduría, o tan solo un trocito de ambas.

En nuestro devenir encontraremos, buscaremos o resistiremos a otros «padres», que no son otros que nuestros mentores.

Utilizo ese término, y no la palabra maestro, porque para algunos es ridícula dado que no está apenas en nuestra cultura y para otros se ha vuelto un sucedáneo, siendo cualquiera «maestro». Quizá mentor es un término apropiado y a la vez versátil. Espero que no se entienda como algo empresarial y de feos, upps perdón de CEO´s.

Si de mis padres he recibido la vida, con todo lo que eso conlleva, de mis mentores he recibido el resto. Tanto, que el único talento que me doy ha sido ante ellos reconocer que no estaba a su nivel (e incluso que nunca lo estaría) y acercarme ávido de aprender, vacío, dispuesto a todo, sin querer parecer que ya sé de algo, o soy experto «en otras cosas». El reconocimiento es tal que me ha permitido eliminar lo superfluo a una velocidad mucho más grande de lo habitual. Por su guía sobre todo.

Como sabiduría se confunde con conocimiento distingo dos tipos de mentores: el «erudito», lo entrecomillo para referirme a esa persona que posee mucho conocimiento conceptual sobre un tema y el «sabio», que es ese que posee mucha experiencia en un conocimiento que no está basado en conceptos. Ya sabes que la confusión es tal que hay gente que quiere aprender a meditar y dicen «¿me puede recomendar un libro?» en una evidente enajenación :), pues meditar es un conocimiento NO conceptual, como el baloncesto, luego lo que toca es aprender de un guía, no leer conceptos.  O gente que no son precisamente practicantes de fondo y dicen «la meditación es X… y…».

La verdad es que los mentores son un tipo de padres muy peculiares.

– Tú les necesitas a ellos, pero ell@s no a ti. Esto cuesta admitirlo, razón por la cual en muchas ocasiones nos intentamos poner a la altura de ellos, sin estarlo. A veces los envidiamos y queremos bajarles o quitarles mérito y a veces nos subimos nosotros. E incluso en muchas ocasiones miramos para otro lado. Ojos que no ven…

– Nunca llegaremos a saber como ell@s. O rara vez. Es normal porque el mentor lleva muchos más años, a veces tiene habilidades que ya quisiéramos nosotros, pero es que no se trata de superarles o no superarles, sino de nosotros aprender.

– Son más impredecibles que cariños@s. Con más frecuencia de lo necesario queremos que el mentor nos otorgue un lugar especial, afectuoso, único, incluso ser su amig@. En realidad el mentor solo quiere que crezcamos y avancemos. El cariño es buenísimo, pero no hace que necesariamente alguien entienda, profundice o integre.

– Son menos rígidos de lo que creías. Para el novato, todo vale y todo suma. El mentor mira eso y se parte. En realidad casi todo resta evidentemente. La mayor parte del conocimiento es de baja calidad y no digamos de la sabiduría jejeje. El famoso maestro Zen Suzuki lo ejemplificaba muy bien: «Arriba de la montaña, en la cima, solo existe un camino posible: por el que subiste. Abajo, en la base, hay cientos».

– El mentor ve más, por donde está, y conviene aprovecharlo. Es de cajón, desde donde está se ve más horizonte. Nosotros con zarzas a machetazos y queremos discutir sobre perspectivas.

– La relación es vertical, no sumisa. Ya no se lleva aprender, para muestra las redes sociales donde incluso conociendo a mentores uno no les pide consejo ni opinión, y nos lanzamos a divulgar. Como no se lleva aprender sino ir por libre, eso de un mentor suena a relaciones verticales de sumisión. Sin duda la relación es vertical, como también lo es con los padres biológicos, porque yo no puedo darles a mis padres lo que ellos me dieron: la vida. Tampoco puedo devolver a mis mentores lo que yo recibí de ellos. No tiene precio. Es vertical, pero no sumisa, sino agradecida.

– El mentor valora la sinceridad. El mentor sabe que para pasar del punto A al punto B, debes conocer las características del A. Cuando no sabes ni entiendes dónde estás, tardas el triple en ser ayudado para estar en otro lugar. La sinceridad es lo que más valoran. Si de sabiduría hablamos, la sinceridad es una exigencia 100% porque solo con ella se pueden deshacer nudos y progresar en lo espiritual – sentido de vida. Castigan mucho la mentira, la deshonestidad, la manipulación porque saben que por ahí estás perdid@.

– Un mentor lo es años, no días. En la época de 8 semanas para transformar el stress, 21 días de hábitos para ilusos, 33 días de citas estoicas y otras parecidas, no entendemos que un mentor lo es, solo cuando la relación es de años, no de días o unas semanitas. De hecho en el largo plazo es donde saldrán inevitablemente errores, tendencias, sesgos, manías, desajustes, grietas.

– No entendemos sus imperfecciones. Como la gente cree que un despierto es un ser que nunca se enfada y un catedrático es un profesor que nunca te suspende, pues no entendemos ciertas imperfecciones y nos vamos al youtube y al guru mainstream que sale con Pablo Motos.

Todo lo anterior es exigente…

Y en vez de soltar buscamos profes con bigote porque lo vimos en una película, de los que más que aprender confirmemos lo que ya sabemos, a poder ser, solo unos pocos días o meses, con relaciones horizontales que llamamos «libres» (en vez de indolentes) y por supuesto ante los que no tenemos que sincerarnos en nada, solo sonreír y hasta pelotear con tal de ser «iguales», colegas. Si alguien sabe es que va de maestro, o es rígido, o muy detallista. Lo que mola es el relativismo personal.

Nos resistimos como gato panza arriba. Seguimos sufriendo en realidad, con explicaciones para todo lo que nos pasa… explicaciones que curiosamente confirman la realidad que tenemos. El sufrimiento ya no es tan relativo jeje.

En la Comunidad ejerzo de mentor sí.

Trato de ahorrar años de desvío, de tutoriales de youtube, de frases del Dalai Lama sin ser budistas, de máximas de Marco Aurelio pro racionales en gente que luego ama lo emocional, de meditadores que sufren igual que hace años pero «ya meditan».

Trato de que se aligeren cargas, de esoterismos en nombre de la espiritualidad, de narcisismos en nombre del desarrollo personal, de egocentrismos en nombre del empoderamiento y la motivación, de apego a creencias por ser «propias».

Trato de equilibrar conocimiento conceptual, científico, de la mente humana con no conceptual, de retiros salvajes, reales, intensos, al límite y de indagación sin fin, acompañado, 33 años, en ese misterio que somos.

No es para gatos panza arriba claro.

Hoy cierro los ojos y aquí están a mi lado, tan presentes como la muerte y como mi papá, mis queridos mentores. Perfecta brillante quietud.

Abrazos,

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