Buenas tardes


En la supuesta sobrevaloración de la verdad se suele decir que «claro si me pusiera una camisa que no me queda bien, tú no deberías decirme la verdad porque sería de mala educación, así que me debes mentir y decir que me sienta de maravilla ese color».

O que si cojo 10 kilillos de más porque me estoy pasando con la tarta de queso después de las fabes, tú, que me quieres con locura, no me debes avisar que el colesterol se me nota ya fuera de las arterias. Porque decirme lo contrario no sería amor, sino crueldad. Madre mía como aman algunos :).

Por la misma razón, para no herir autoestimas (recuerda newsletters de hace unas semanas) a nuestros hij@s les tenemos que aplaudir hasta la saciedad, y que ya no tengan exámenes ni evaluemos nada por favor, solo competencias. Los malos exámenes hasta pueden puntuar un 7. No es de extrañar que deban cultivar la inteligencia emocional, que la otra, la real, la de siempre, la que cuenta con los estudios pero no con la fama, la llamada «g», esa nada de nada, que es muy doloroso reconocerla.

He leído también que la verdad no debe decirse, que es mejor la empatía, como si para ser empáticos de verdad, tuviéramos que, curiosamente, mentir.

He llegado a escuchar que los buenos docentes son los que son «buenas personas», obviando así los que saben de una materia y saben enseñar. Por eso Gandhi era muy bueno como catedrático de Historia Medieval y Mandela podría haber dado clase de astrofísica en Harvard. Madre mía con las «buenas» y las «malas» personas…

En realidad todos mentimos, sobre todo por autoengaño y porque la verdad consume recursos. En donde yo investigo publicaron mis compañeros un elegante estudio sobre ello y con un título muy rockero «Tell me sweet little lies». Ahí veíamos que la verdad consume recursos neuronales, esto es, requiere atención, esfuerzo, cognición. Las mentirijillas ni fu ni fá. Asumir la verdad implica por tanto una actitud especial. Imagínate día tras día, ser capaz de acercarse a ella, cueste lo que cueste. No es de extrañar que mentirse y mentir se prefieran a tirar a la basura filias, fobias, creencias, disciplinas, libretos, errores, propaganda, panfletos y esquemas varios que una y otra vez demostraron ser poco fiables. El apego es barato, la verdad cara.

El caso es que la mentira como pegamento social no es tal. Parte de un hecho peligroso y feo: relacionar verdad con mala educación o falta de empatía.

La verdad, por tanto, es siempre cruda, pero puede estar perfectamente teñida de compasión. No siempre es adecuada, sobre todo si uno no la busca o no la pide, pero tampoco por ello la mentira es idónea en esos casos, mejor la distancia o el silencio y sobre todo el tiempo oye… dado que la ignorancia no produce frutos.

La verdad es el mejor pegamento social de hecho. Permite denunciar las injusticias desde un lugar que jamás podrán soñar las fake news o la «educación».

La verdad, al revés que las sonrisitas, palmaditas y peloteo social te proporciona muchísimo trabajo. Cuando tú demuestras lo que sabes hacer y lo que no sabes hacer, y explicas porqué sí y porqué no, queda mucho más claro tu valor que cuando te metes en medio del rebaño y haces lo de la mayoría. El peloteo también da dinero que conste, pero leñe hay que valer para hacer de tripas corazón toda la vida. De hecho reprimir esas cositas tiene más evidencia científica del enorme daño que beneficios tiene poner un boli en la boca para sonreir.

La verdad también te posiciona socialmente en tu lugar. Si quieres prestigio estudia medicina antes que recomendar zumo de limón en ayunas para el cáncer a tus seguidores. Y al estudiar medicina verás verás jeje. Si quieres tratar las depresiones estudia psicología clínica y verás cuánto no sabías cuando hablabas de que hay que caminar recto porque estirar la espalda influye en nuestros estados de ánimo porque lo has leído en el abstract de un paper que en realidad no entiendes pero no te atreves a reconocerlo pero sí a divulgarlo. La verdad por tanto te hace humilde. Falta hace en una época donde doctores tiene la Iglesia.

La verdad en sociedad aclara malentendidos. Mis amigos en ese caso no lo son porque les de o me den la razón sino porque nos queremos como nadie al poder hablar de todo sin necesidad de que todas las opiniones coincidan. Y el que es incapaz de disentir no muestra amistad sino idolatría o interés y eso se nota.

La verdad además puede ser muy divertida. Se puede expresar con  ironía, sátira, con la metáfora, el sarcasmo y el maestro de los maestros, el humor. Humor que no es lo mismo que sonrisa social que quede claro. Donde la verdad no sea valorada siempre se puede hacer un sketch oye. No es extraño que limitar el humor y el lenguaje, volviéndolo soso y pobre, sea siempre signo de totalitarismo.

La verdad puede ser muy compasiva y tiene un valor único. No hay nadie que deje más huella en ti que aquel que nunca te hará la pelota, que es tan libre que no está contigo para conseguir nada, que no te dará un like si mintieras y que es tan incondicional que para evitar tu sufrimiento, es capaz de decirte lo que nadie está dispuesto a nombrar. Recuerdo a mis buenos maestros una y otra vez demostrarme que era yo quien les necesitaba, no ellos a mí.

La verdad es el único lugar donde puede residir la confianza y ésta deja a nuestro cerebrito (o sea a ti) amoroso, suave y tierno, peludo y suave como diría J. R. Jiménez. La mentira en cambio se parece más a la nana de la cebolla de M. Hernández, «suena a escarcha, cerrada y pobre».

Un día, si no ha sido ya, buscarás ese en quien confiar.
Incluso un día, dentro, buscarás en qué confiar.

Quien de autoengaño vivió, quien la mentira valoró, su pegamento encontró.
Y le será muy difícil, tan denso, tan pringoso, tan apegado, morar en su propia virtud.

En la Comunidad acaricio a contrapelo, tiro a la basura incluso mis propios viejos esquemas y técnicas si ya no sirven y no se permite el peloteo. Está llena de gente que sufre de forma humana, que no dan likes a los impostores y que van siendo cada día un poco más auténticos, requisito para ser más sabios.

Para entrar hay que confiar claro. En la verdad por cierto.

Abrazos,

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