Ya sabes que es bueno regular la conducta, no solo las emociones. Pero que eso se hace en un entorno concreto y ese mismo entorno debe aportar condiciones y ayuda. Esto NO va solo del individuo.
Sabes además que la inteligencia es general, no aislada y que es bueno tenerla y usarla. Nunca critiquemos nuestras capacidades.
Sabes también que hay muchas emociones, que cada uno las expresa de forma particular y que cuanta más emodiversidad tengamos mejor nos relacionamos con nosotros y los demás. Es decir, que debemos acoger las emociones, más que evitar las «negativas» y fortalecer las «positivas». Lo que es positivo es aprender de ellas, incluso de las desagradables.
Todo esto ayer…
Hoy te quiero hablar de algo que como neurocientífico me sorprende. Son las explicaciones con aspecto de neurociencia que se muestran como solución o causa… sin serlo. Es una forma de parecer no sé, quizá culto, quizá ciencia, quizá entendido y en realidad no aportar mucho.
A veces esas explicaciones ni son ciertas, pero es que aunque lo fueran no sirven de mucho. Despistan… como despistaba la I.E. si resulta que la empresa ahoga a los directivos y trabajadores. El problema estaba ¡en los del consejo de administración no en las emociones de la gente!
Escucharás una y otra que «la amígdala se activa cuando estamos bajo stress o llenos de miedo».
Vamos con la parte científica (tranquilo que es un párrafo denso).
La amígdala (que contiene varios núcleos por cierto) funcionalmente se divide en basolateral, medial y central. Esta pequeña estructura en forma de almendra se dedica entre otras funciones a:
participar en la memoria emocional, en la convergencia del estímulo condicionado e incondicionado, en el procesamiento de señales feromónicas que regulan conductas sociales y reproductivas, en la activación y expresión de la respuesta emocional, en aspectos conductuales, neurovegetativos y hormonales, en la monitorización del ambiente…
Todo esto para que veas que no solo se trata de que la amígdala es el centro del miedo en el cerebro. Nada de eso.
Pero aunque fuera cierto, el discurso no sirve porque correlación no es causalidad.
Lo vas a entender.
Llega una persona que sabe de neurociencia y te dice: «cuando meditamos la actividad de la amígdala se reduce». De repente las personas y te aseguro que mucha gente me dice algo así como «Jose explícame qué hace la meditación en el cerebro».
La pregunta no es buena. ¿Porqué? Porque Buda, Milarepa, Dogen, LaoTsé, Vasudeva, Maharshi no habrían sabido responderla.
Para «meditar correctamente» no hace falta saber de la amígdala sino que hace falta una metodología bien precisa, con buena interacción fluida y continua con el docente para que apuntemos la atención en la dirección correcta y podamos ir ajustando el timón hacia el lugar que el docente conoce y nosotros no.
Para ello nos van enseñando, como enseña un entrenador a jugar al baloncesto: «por aquí no, por allí tampoco, gira ese pie y mira lo que pasa, baja la cabeza y prueba ahora y me dices». Imagina que tu hijo le preguntara al entrenador «explícame cuando tiro un triple qué hace mi amígdala» o peor aún «Entrenador, ¿me puede recomendar un libro del cerebro para el baloncesto?».
El entrenador absorto pensaría que el alumno no se ha enterado de nada. Lo que tiene que hacer es seguir las instrucciones y aprender haciendo, sin conceptos, las técnicas de bote, pase, finta y tiro.
Pero claro nos hemos tragado el despiste. De hecho solemos pensar que como tal persona sabe de neurociencia y explica la meditación… eso es que medita bien jeje. Bueno pues sería lo mismo que pensar que alguien que entiende de motores de coches porque es ingeniero es capaz de ser campeón de fórmula 1.
La segunda parte de esto. Importante. Atento. Lee despacio.
La amígdala no es causa de la conducta. Si me pegas un susto detrás de la puerta, mi amígdala reacciona (recuerda que no solo al miedo sino a muchas funciones) pero ¡la causa eres tú! La amígdala y mi expresión facial (día 1. I.E.) son la consecuencia. Por eso si miras la consecuencia sabrás poco de las causas.
Mi problema eres tú que te has escondido y si quiero evitar eso, debo adivinar dónde vas a estar y no analizar mi cara o regular mi amígdala.
Bien pues a estos despistes juegan algunos temas neuro… que se mezclan con IE, con meditación, con desarrollo personal.
Cambia amígdala por hemisferios derecho izquierdo, por sistema límbico, por cerebro triuno (todos estos ejemplos además con evidencia muy baja) y te habrán despistado del objetivo.
Moraleja: no cambies tu amígdala, sino tu vida, tu conducta, tu sentido. Te hablaré de una princesa y un malvado. Ella, la oxitocina, él, el cortisol.
Serie «El lío de la autoayuda»: I. Cerebro centrismo · II. Oxitocina y cortisol · III. Visualiza 21 días · IV. Mindfulness · V. La voluntad hercúlea · VI. No juzgar
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
Si esto te ha servido...
Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.