Este es quizá el escrito más ridículo que haya hecho jamás. Ridículo porque explicar esto a estas alturas del camino puede ser casi infantil. Pero de vez en cuando me voy encontrando (cada vez menos afortunadamente) con confusiones pueriles en torno al tema de «no juzgar» o «eso es un juicio ¿no?».
Cierto es que en el desarrollo personal el término «no juzgar» ha dado tantas vueltas, ha pasado por tantas manos, que ha derivado en un auténtico esperpento.
Vamos con ello, por si las moscas resulta útil a alguien.
En primer lugar vamos a los orígenes.
El término «no juzgar» lo escuché de un buen profesor budista hace más de 25 años: «non judgement, non judgement» decía. No comenzaba con los demás jeje, sino con los pensamientos que en cualquier momento surgían en uno mismo, formal e informalmente (en la práctica sentada y fuera de ella).
Es decir, que lo primero es ser ecuánime con lo que surge. Si te mosqueas porque aparece un pensamiento tipo «soy un desastre», si te creces hasta el infinito porque surge uno que dice «soy la leche» seguirás muy apegado a los contenidos… por tanto, lejos del continente donde está tu esencia.
Esto, así dicho, se entiende fácil, pero hace falta años de práctica para abrazar y acoger lo que surge en uno y así debilitar el control que el pensamiento ejerce sobre nosotros. Aquí lo solemos confundir con «no somos nuestros pensamientos». Bueno es cierto, no lo somos, pero son míos los que surgen en mi cabeza y tuyos los que surgen en la tuya. Algo tendremos que ver en ello :).
Ahora bien una cosa es que no juzgue y otra que no discierna. De hecho a un loco se le dice que «ha perdido el juicio». Y el juicio no lo debemos perder, el no juzgar sí, pero el juicio nunca.
De hecho la segunda parte del «no juzgar» se refiere a personas, no solo a uno mismo. Si traducimos esto a efectos prácticos significa que sea en nosotros o en los demás, pensamientos o acciones surgen pero no sabemos sus causas de ahí que no juzguemos.
Pero sí debemos ejercer el sensato juicio. Si alguien hace pipí sobre la tumba de tu madre, sería ideal no juzgar a esa persona dado que no sabemos qué circunstancias, dolores, traumas o caprichos le llevan a esa acción, pero con juicio sabio, podremos evitarlo, defendernos llegado el caso, prevenir acciones futuras en esa dirección o llamar a las autoridades. Y evidentemente eso no se hace: es un universal respetar a los muertos.
Tener juicio permite discernir, crecer y desvelar lo falso como falso. Pero hay personas que se molestan si aplicas juicio, inteligencia y discernimiento. Son apóstoles de la mansedumbre y confunden juzgar personas con tener juicio sobre las cosas y circunstancias. La distinción no siempre es fina. En ocasiones criticamos a otro por su aspecto, raza o clase social y le juzgamos en vez de discernir si aquello que dice es cierto, es exagerado, es manipulado, o es mentira. Si juzgamos no vemos nada… porque sencillamente no entendemos. Pero si no discernimos estamos perdidos.
Lo hemos visto estos días. Sin discernir sobre la I.E., uno podría estar cultivando ridículamente seis emociones, cuando resulta que hay 50 y que no se detectan en el rostro como nos dijeron. ¿Estamos juzgando a personas? NO. Estamos aplicando discernimiento, juicio, criterio, rigor y por tanto adquiriendo conocimiento de verdad.
En el desarrollo personal predomina cierta mansedumbre, ciertos mensajes simplistas que como has visto quizá solo sirvan a aquellos que los emiten. No ser capaz de discernir es lo que hace que una y otra vez mucha gente diga que:
«vaya no me funciona tanto el mindfulness», «hice un curso de IE y aquí sigo con la misma frustración un año después», «visualicé a mi jefe que me subía el sueldo y ahora tengo un ERTE», «voy a abrazar porque hay que subir la oxitocina»o «con actitud lo voy a conseguir porque yo soy Hércules».
Si no disciernes, si «pierdes el juicio», te extravías.
Aquí no hemos juzgado personas, de hecho no han aparecido nombres en estos días ni aparecerán. De hecho si yo me equivoco en algo, me encanta que me corrijan y así aprendo, pero no que me juzguen.
Además quién sabe si esos mensajes los autores se los creen, o los repiten o no están actualizados en la mente humana o son inocentones o malvados en su divulgación. Eso te lo dejo a ti que lo pienses. Pero sus más que posibles buenas intenciones no implica que usen buenos métodos o prácticas. Opinar es libre pero no todas las opiniones tienen igual validez.
Distinguir entre el grano y la paja es necesario, algo a lo que la mansedumbre no ayuda y tampoco la baja capacidad reflexiva del que iguala todo, «al chorro con el catedrático» como dice el tango cambalache.
No soy quien para juzgar, pero sí soy alguien que puede y ha aprendido a discernir. ¡Algo espero después de tantos años! Y eso es lo que he tratado de demostrar estos días.
Serie «El lío de la autoayuda»: I. Cerebro centrismo · II. Oxitocina y cortisol · III. Visualiza 21 días · IV. Mindfulness · V. La voluntad hercúlea · VI. No juzgar
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.