Durante muchos años se nos ha repetido que conocerse emocionalmente es una ventaja.
De este modo el que se percibe empático, hábil socialmente o emocionalmente inteligente lo es en cierta medida. Nos encontramos todos los días personas hablando de quitar los miedos, desterrar la culpa, potenciar la alegría, abrazar las emociones, regularlas, «escucharlas», sentirlas en el cuerpo…
Pero los datos nos dicen algo menos bonito:
en el terreno de las habilidades sociales y emocionales,
la autoconfianza puede ser una mala señal.
OJO: Los estudios indican que las personas que afirman tener mejores habilidades sociales que la media NO solo no destacan en pruebas objetivas, sino que tienden a rendir peor.
Cuanto más segura es la autoimagen social de alguien, más probable es que esté desacoplada del desempeño real.
¿POR QUÉ SUCEDE? Tal como vengo compartiendo durante años es muy fácil hablar de «emociones» dado que la vida ofrece muy poco feedback fiable sobre nuestra competencia emocional.
Nadie nos corrige cuando interpretamos mal una emoción.
Nadie nos examina sobre si entendimos de verdad a la otra persona.Casi nunca recibimos una comparación honesta con los demás.Nadie chequea si he me he regulado ayer cuando gritaba en una discusión o si en realidad me estaba dando permiso emocional o si es que estaba abrazando eso que surge. Se me olvida que después de la clase super mindful me puse colérico con el vecino, el presidente, el ministro, el de la oposición, el alcalde… pero era porque me escucho y hago aceptación y compromiso emocional.Nadie me escribe donde vas alma de cántaro si en RRSS digo que las emociones se delatan por microexpresiones. Bueno si lo dicen es que es un troll amargado.
En ese vacío de información fidedigna, el yo se expande.
Ya sabes porqué tanta gente se «dedica» a las emociones y habla de ellas y le cuentan a la gente que son muy importantes.
Decir “soy emocionalmente inteligente” resulta fácil, socialmente rentable y raramente refutable.
Pero los estudios dicen que:
los que se sienten emocionalmente muy inteligentes suelen rendir peor cuando se les pide interpretar emociones, intenciones o situaciones sociales reales.
En el fútbol no pasa. Si dices que eres bueno o que hay que chutar por la derecha y juegas en Tercera División, no encaja.En el golf no pasa. Si dices que tienes un buen par y no embocas ninguna bola, haces el ridículo.En matemáticas, ajedrez, idiomas no pasa. Si dices que controlas mucho y no sabes hacer una integral, la gente te pilla.En la inteligencia clásica tampoco pasa. Si dices que eres muy listo pero fallas en las pruebas, exámenes y notas, se te ve el plumero.¡¡En ciencia no pasa!! Si dices que eres la bomba en ciencia y tienes dos publicaciones en el Journal de Móstoles te han cazado, aunque te hayas sacado de la manga un instituto de neurociencia con vistas al mar.
Esta «inteligencia emocional – social» se construye en un entorno opaco, atravesado por cortesía barata, autoimagen pomposa y normas implícitas.
En ese terreno, afirmar superioridad o confianza es gratis.
Caer al autoengaño, una enorme tentación.
Pero detectar errores propios es costoso y raro.
El resultado es alucinante: la confianza emocional puede ser un síntoma de ceguera social, no de competencia.
¿Por qué sucede esto?
1. Por ese vacío de feedback real y sincero.
y 2. porque…
la mayor parte de la investigación en inteligencia emocional se basa en autoinformes.
OJO. PELIGRO:
En empresas:
La persona marca en el test cuánto cree que sabe escuchar, gestionar conflictos o comprender a los demás:
“sé gestionar conflictos”,
“entiendo bien a los demás”,
“soy empático”.
El problema es que estos instrumentos miden autopercepción y deseabilidad social, no habilidad real.
En educación:
Se inflan competencias inexistentes o se etiqueta como “poco emocionales” a estudiantes que simplemente son más prudentes al evaluarse.
En «desarrollo personal»:
Te puedes tragar cualquier información, dedicarte a hacer cosas emocionales sin sentido ni evidencia científica ni sustento en tradición alguna y encima dirigidas por un auto-denominado gestor emocional.
En La Comunidad NO trabajamos con INTELIGENCIA EMOCIONAL.
El constructo tiene + agujeros que un colador.
Usamos la teoría de la neurociencia SOCIAL de vanguardia, nada de individuos que regulan su postura y así se «mueve» la tristeza. Mejor que se mueva el precio del alquiler, en fin…
Usamos sabiduría práctica de tradiciones que he trabajado décadas y que he visitado in situ, no de libros y en que encajan como un guante en la visión científica.
Usamos cuidado genuino del otro. Acá nadie está solo. El profesor no desaparece después del fin de semana, después del retiro o del curso. El profesor, este que escribe, está con la gente siempre y se les contesta de forma personalizada.
La Comunidad en 2026.
Ahorro infinito de tiempo, ligereza de mente y fuerza de espíritu.
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.


