🙏 No te enfades si rezas, que no voy contra ti y tengo muchos amigos que lo hacen. Creo que es interesante lo que voy a explicar:
rezar es social, no espiritual.
Sé que leemos en todos los sitios “la religión, espiritualidad, …”, “las prácticas meditativas, religiosas o espirituales” o similares como si fueran sinónimos.
Permíteme explicar que no son lo mismo. Y también compartir que hay a quien le gustaría que ese acto social-religioso fuera hiper místico y trascendente, o lo narran como si lo fuera, pero no lo es.
Rezar ha sido, durante milenios, una práctica humana transversal. Se reza a muchos dioses diferentes no lo olvidemos, aunque muchos creyentes suelen sentir que su Dios, el suyo, es especial, único, diferente. Pero lo cierto es que existen miles de religiones con sus dioses respectivos y con códigos morales diferentes.
Pero aunque cambien los dioses, los nombres, los rituales y los soportes materiales, en la estructura psicológica del acto hay una constante:
un sujeto que apela a una instancia trascendente, normalmente cuando la incertidumbre, la duda, la amenaza o el sufrimiento atentan su capacidad de control.
Para el creyente, el rezo tiene un poder real y de alguna manera medible.
Evidentemente no modifica el mundo físico ni falta que hace, pero sí reorganiza su experiencia subjetiva para bien.
Rezar le permite, entre otras cosas, externalizar una carga. Rezando podemos transformar la ansiedad difusa o generalizada sobre la vida en una petición con forma. Rezar puede ayudarnos a sostener la esperanza cuando los recursos ordinarios resultan insuficientes. Rezar permite encontrar sentido, como cualquier técnica psicológica.Cuando aparece la enfermedad, el duelo, la amenaza a la propia vida o la falta de control extrema el rezo te da lo que pocas estrategias psicológicas logran con rapidez, una sensación de estar acompañado, o sostenido, de forma íntima.Rezar además suele implicar un grupo de afines, cerebro social a tope.
Y es que gracias al rezo la persona no está sola frente al problema. Resulta que hay un “otro” que escucha. Que el otro no sea empíricamente verificable, que haya que hacer malabares para justificar su existencia, o que incluso algún creyente no necesite comprobar, es irrelevante respecto al hecho de hay un “otro” que escucha.
Por ello, para el creyente se reduce el estrés y uno cae a una calma, quizá relativa, pero ampliamente documentada en los estudios.
Pero sígueme con atención que vamos al cerebro y nos da claridad.
OJO: Apelar a la fe no implica apagar la razón, sino cambiar lo que es prioritario en ese momento.
Cuando hay ansiedad o amenaza, el cerebro humano activa redes de saliencia (que captan novedades y señales del ambiente) y de regulación que preparan al organismo para responder.
El rezo, que suele repetitivo y estructurado, implica por tanto patrones rítmicos. Para ello se tienen que involucrar regiones prefrontales y temporales del cerebro que están asociadas a la regulación cognitiva y al significado narrativo.
Un interesante estudio de 2009 lo explica muy bien:
Se compara entre rezar a Santa Claus y el rezo religioso.
No se encuentran diferencias en las estructuras activadas ¡sino en la intensidad!
Se activan áreas relacionadas con la teoría de la mente, la auto-referencia, la evaluación social, fundamentalmente la corteza prefrontal medial y el precúneo (Por cierto son áreas de empatía socialización que describo en el libro).
Eran de esperar esos resultados dado que rezar implica dirigirse a una entidad con intenciones, voluntad y capacidad de respuesta.
Es decir empleas lo mismo que para relacionarte con otras personas. Con Santa Claus, la activación del cerebro social existía igualmente, pero con mucha menor intensidad.
La experiencia espiritual sin embargo, es diferente.
El estado espiritual, que no es nada fácil que aparezca por cierto, es no dual.
El yo se atenúa, la auto-referencia se evapora, la narrativa desaparece. Vemos una disminución de la actividad en las redes asociadas a ese yo autobiográfico. En vez de activar ese precúneus y corteza prefontal medial, se desincronizan y reducen activación.
Pasas a una mayor integración sensorial con cambios en la conciencia, que pueden ser muy intensos si hablamos de un estado “cumbre” (nombre un poco regulero) o ser apenas intensos pero sí efectivos si hablamos de un rasgo que se ha modificado y estabilizado. Viajamos de un yo narrativo a unomínimo sensorial.
En el rezo el yo cuenta su historia, formula demandas, expectativas, esperanzas, agradecimientos, sueños, anhelos, dificultades a un “otro” de modo que se reconoce como agente separado y se dirige a otro agente.
En la experiencia espiritual es lo contrario: no dual, pre-reflexiva, sin relato, sin interlocutor y sin intencionalidad externa.
La experiencia no se siente como un sujeto al que le pasa algo, más bien como una fuerza sensorial o como algo descaradamente sencillo en forma de: “es lo que es y como es y no hay nada más que lo que es”.
Manifiesta claramente otra neurobiología.
Por eso rezar es un acto social, no espiritual.
Una cosa es relacionarse con una figura trascendente mediante los mismos mecanismos que estructuran los vínculos humanos, sea a través de la repetición de un mantra, una estrofa, o mirando una estatua de madera y otra muy muy distinta es entrar en estados psicológicos donde el marco relacional se disuelve parcialmente o incluso en ocasiones por completo.
Jose ¿pero si canto un mantra mucho y estoy en un ambiente X?
Saturas el bucle fonológico, dificultas que los pensamientos y el lenguaje aparezca, enfocas la atención, te sumerges parcialmente en la calma que provoca, reduces la rumiación y la predicción (todo eso es maravilloso claro) … pero… si hay un sujeto, un destinatario, una narrativa, un marco o una identidad religiosa sería social-religioso no espiritual.
¿Por qué sucede esta confusión entonces donde todo se «mezcla»?
Porque en nuestra cultura y costumbre no suele existir un vocabulario «no-dual» preciso y cualquier estado de calma profunda se nombra como espiritual.
OJO: Absorción no es lo mismo que unidad.
Por eso en muchas tradiciones indígenas o contemplativas, las palabras o frases “divinas” se abandonan, mientras que en las religiones se sacralizan.
En el día a día escucharás, o incluso intentarás que esas dos palabras sean lo mismo, es normal y lógico.
Pero confundirlas no favorece ni tu rezo ni tu espiritualidad.
No hay nada malo en rezar si eres creyente, ¡¡¡ son todo beneficios !!!
Pero conviene conocer que son caminos que no necesitan ni implican solapamiento.
Deduce por ti mismo el porqué un viaje fuera del cuerpo o una experiencia «cercana» a la muerte no fue, es y ni será una experiencia espiritual jamás, por intensa o transformadora que sea (por cierto como casi toda experiencia traumática o novedosa).
Mente Salvaje es un libro donde se desgrana de forma empírica todo esto, en donde puedes ver que NO hace falta dar sentido, ni desde un yo ni desde un «otro», ni desde una vía psicológica para el poso de la consciencia.
Hasta aquí la primera parte. Continuará con un fenómeno reciente que me llama muchísimo muchísimo la atención…
Algunas referencias científicas
Kapogiannis, D., Barbey, A. K., Su, M., Krueger, F., & Grafman, J. (2014). Neural correlates of religious belief. PLoS ONE, 9(1), e86372.Schjoedt, U., Stødkilde-Jørgensen, H., Geertz, A. W., & Roepstorff, A. (2009). Highly religious participants recruit areas of social cognition in personal prayer. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 4(2), 199–207.
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Si te interesa aprender más sobre la distinción práctica entre esoterismo, creencia, religiosidad, espiritualidad, estados de consciencia…
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Sobre ESTADOS de CONSCIENCIA y Espiritualidad puedes aprender infinito, comentar siempre, aligerarte de mitos y además no perder la cabeza, literalmente como has leído.
Sin separar, sin flipar, sin volverte esotérico, con cielo y tierra a la vez.
Místico claro, pero también riguroso.
Abierto, que no iluso.
ESTADOS de CONSCIENCIA y Espiritualidad
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.


