Carmen, Juan, María y Azucena tienen ansiedad generalizada.
Y una tarde comparten en conjunto lo que les pasa.
A Carmen le recomendaron hacer respiraciones, pranayamas y Mindfulness varios. Con buen criterio podríamos decir, dado que en agudo, la respiración ansiosa es irregular y sin ritmo. Su ansiedad emerge inesperadamente, es una angustia sin motivo, sin recuerdo. Y cuando respira la mayoría de veces se siente mejor. Aunque algunas no. Dice que no entiende cómo la persona que le recomienda meditación no la practica si es «tan buena». Lo dice porque le pasa lo mismo.
A Juan le dijeron que buscara más profundo, mirando la emoción en el cuerpo, porque la clave está en la emoción. Y Juan, pasa a creer que está trabajando con ellas porque pasa a mirar su cuerpo. Lleva mirando y mirando un tiempo y siempre encuentra «cuerpo» y en él, emociones. Un día le duele el cuello, otro el hombro. Anda buscando la emoción oculta que «no quiere vivir o no se lo permite o no da la cara» mientras la que se muestra visible es molesta.
María tenía ansiedad y la proponen explorar la narrativa y la historia que la sostiene para darle un nuevo sentido. Acaba por entender muchas cosas, le cuesta un poco, su nueva historia y visión es muy chula, siente que es sanador… pero a las semanas eso sigue ahí.
Azucena trabaja esos pensamientos automáticos que emergen a borbotones. Va identificando varias distorsiones cognitivas, así lo nombra. Se siente por fin más racional, menos emocional. Pero el cuerpo, a los 10 días sigue parecido.
Las técnicas pueden ser correctas.
Pero al igual que pintar el coche cuando tiene la rueda pinchada no es la solución, una buena técnica no siempre encuentra el modo, el contexto o el nivel adecuado.
En muchas conversaciones y clases, veo esta situación.
Suele haber buen criterio y formación, pero no suele haber visión del nivel adecuado.
Esa ansiedad puede estar dirigida por una
desregulación interoceptiva por ejemplo. Expresar, contactar con la emoción o dar significado «no lo van a entender el hipotálamo ni la ínsula» :), dos regiones del cerebro implicadas.
O quizá esté basada en una costumbre evitativa consolidada. Ahí cambiar pensamientos o modificar respiración «no lo va a entender los ganglios basales», una región implicada.
Puede que el caso implique una percepción de amenaza o vulnerabilidad. Aquí respirar, sentir la emoción o entender la vulnerabilidad o incluso exponerse sin más no funcionará mucho.
Todo esto se entiende muy bien desde la mirada del cerebro predictivo y social. Es un PLUS 100% práctico para saber en qué nivel actuar sin colisionar, anular, competir, criticar, imponer o rechazar ninguna terapia.
Por eso he preparado esta formación para psicólog@s y estudiantes de psicología.
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El caso extremo es quitarle a alguien de golpe el regulador con el que llevaba quince años calmándose. Aquí cuento qué ocurre cuando se retira el móvil durante tres semanas y qué hay que trabajar entonces.
Dr. Jose Sánchez
Neurocientífico social, doctor en psicología y profesor universitario. Autor de «Mente Salvaje» y «Empatía en un mundo que duele».
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Escribo cada semana sobre la ciencia de la mente y la sabiduría de la vida.
Y si quieres entrenarlo con otros, no solo leerlo, está Entrena tu Mente – La Comunidad.


